Por Vicente Cué

Oviedo, España

 

 Viengsay Valdés muestra una espléndida madurez en el "Don Quijote" del Ballet Nacional de Cuba; el resto de los solistas estuvo correcto, nada más

¡Ay, Cubita, en lo que te han convertido! ¡Cuántas cosas me gustaría decirte! En la segunda jornada del Festival de Danza de Oviedo 2024 llegó al Campoamor el Ballet Nacional de Cuba (BNC), que ahora está dirigido por su bailarina estrella, Viengsay Valdés, con grandes vínculos en Asturias, ya que su esposo es asturiano, aquí se casó y su hijo, que nació en Oviedo y va a cumplir tres años, presenció la función desde el patio de butacas. En un teatro a rebosar, asistieron el alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, con su señora, Marta Suárez, y David Álvarez, concejal de Cultura.

"Don Quijote" es una obra emblemática del repertorio clásico, llena de color y acción. La elaboración de los cubanos se basa en la original de Petipa y en las reconstrucciones de Alexander Gorski. Es una producción muy antigua, ya que tiene más de tres décadas desde su creación y se le notan los años, sobre todo, en parte del vestuario, con un regusto kitsch y caribeño. Esta vez no trajeron decorados. Por lo tanto, en un escenario totalmente desnudo, únicamente se vieron en el fondo de la escena unas oscuras y tenues proyecciones. Esta compañía suele tener bailarines muy destacados en los papeles solistas, pero esta noche ninguno sobresalió de forma especial. Estuvieron correctos, nada más. Sí hay que destacar a Estefanía Hernández, como la Reina de la Dríadas, que fue la más aplaudida de entre los solistas. Sin lugar a dudas el entusiasmo de la función lo creó Valdés en el papel principal de Kitri. Ella ha tenido una magnífica y larga carrera y posee un virtuosismo técnico excepcional, de los más brillantes de su generación. Y, por lo visto anoche, está en una espléndida madurez. En el primer acto estuvo traviesa y vivaz. En el segundo, que es un contrapunto romántico y onírico, nos brindó su arte más lírico. Y en la apoteosis final, en el grand pas de deux, deslumbró y emocionó en el adagio, deleitándonos con elegancia y belleza en cada uno de sus pasos y poses, paralizando al teatro con sus prolongados y seguros equilibrios. En la coda remató con unos precisos Fouettés. Oviedo Filarmonía, dirigida por la cubana Idagel Marquetti, fue la encargada de interpretar la música de Ludwig Minkus.

Una compañía de ballet es un conjunto de acontecimientos que se van sumando o restando y al final todo transciende en el escenario. Desde hace unos meses los medios de comunicación vienen haciéndose eco de la trágica situación que en estos momentos sufre el pueblo de Cuba. El BNC es uno de los símbolos más importante de esa nación y una de las instituciones donde también se reflejan los problemas de la isla. La persistente deserción de sus miembros y el derrumbe físico de sus establecimientos –teatros, estudios, escuelas– se lo pone todo más difícil. Hace pocas semanas, durante sus actuaciones en Puerto Rico, nueve bailarines decidieron no regresar a Cuba. Lo mismo ocurrió hace unos meses, en su gira por España, con el Ballet de Camagüey, la segunda compañía en importancia: más de la mitad de sus bailarines se quedaron en nuestra península. La falta de libertad y la situación es tan crítica que sólo en los dos últimos años han huido de la isla alrededor de 425.000 personas. En Cuba nunca ha habido éxodos hasta que llegó el comunismo, hace 65 años, que es lo que llevan sin elecciones libres. Qué tiene que suceder para que se den cuenta de que esa fórmula nunca funcionó en la que fue una de las naciones más ricas y prósperas del continente americano. Plena democracia es la única salida.

A esta compañía no le queda dónde actuar en una Habana con continuos derrumbes. Téngase en cuenta que la sede del BNC, el emblemático Gran Teatro de La Habana, hace tiempo que está cerrado por la invasión de termitas y el techo se puede desplomar en cualquier momento. El Teatro Blanquita, hoy llamado Karl Marx, también estuvo tomado por los isópteros. Ahora les queda para actuar el Teatro Nacional, pero tiene permanentes problemas: goteras, fallos eléctricos, termitas. Me pregunto: ¿pero es que ni siquiera pudieron mantener lo que estaba en todo su esplendor cuando lo robaron? Si nadie se entera de que, entre las deserciones, el gran deterioro que sufre la nación y otras realidades, el BNC se puede ir empobreciendo, es que vive fuera de la realidad.

Hablando de el Quijote, el ingenioso hidalgo lo tenía claro: "La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos... y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.