Por: Lcdo. Sergio Ramos

San Juan, Puerto Rico a 18 de febrero de 2024

 

A raíz del alineamiento de la tiranía de Cuba a la otrora Unión Soviética en el ámbito político y militar, los Estados Unidos adoptaron medidas para tratar contener la capacidad de expansión del régimen dictatorial castrista. Fue a causa de la expropiación de empresas estadounidenses, el envió de armamentos soviéticos a la isla durante 1959, 1960 y 1961 y del emplazamiento de misiles soviéticos de largo alcance en 1962 que los Estados Unidos adopta leyes y medidas restringiendo el comercio con Cuba. Como lo fue la sección 601(a) Ley de Cooperación Internacional de 1961 y las Regulaciones al Control de Activos Cubanos de 1963.

Posteriormente en 1992 el Congreso de los Estados Unidos promulga la Ley para la Democracia en Cuba más conocida como la Ley Torricelli y el 1996 de arrecian las restricciones al promulgarse la Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubana, conocida como la Ley Helm-Burton, que es la que hoy día continua en vigor.

Dicha ley prohíbe la exportación de productos de Estados Unidos a Cuba salvo aquello que tienen un carácter humanitario, y previa autorización del gobierno.

Sin embargo, últimamente se ha reportado un incremento sostenido de las exportaciones de productos de los Estados Unidos a Cuba. Para el 2023 el total de exportaciones de productos de norteamericanos a Cuba fue de $400.3 millones de dólares en comparación con los años anteriores en donde para el 2022 fue de $366.0 millones, en el 2021 fueron $324.0 millones y en el 2020 fue de $161.8 millones.

Se supone que la mayoría de dichos productos vendidos a Cuba sean alimentos, productos agrícolas y medicinas, así como también ciertas ayudas humanitarias. Así observamos que las exportaciones de alimentos a Cuba en el 2023 fueron $301.7 millones de dólares, mayormente carne de pollo y productos agrícolas.

Pero a pesar de los parámetros regulados por la Ley Helm-Burton, en los últimos años Cuba ha estado recibiendo productos que no están entre los permitidos por lo dispuesto en dicha ley y están dentro de los restringidos por esta como por ejemplo autos nuevos y usados de marcas americanas. El monto total de la exportación a Cuba de autos nuevos y usados en el 2023 fue de casi $9 millones de dólares.

También se han reportados exportaciones a Cuba de lavadoras, microondas, neveras, alfombras, alimentos para mascotas, productos para manicure, etc. Estos, al igual que los autos, son productos excluidos de su exportación a Cuba según las regulaciones de la Ley Helm-Burton, lo que significa que hay una fisura en la aplicación de esta ley.

El problema radica en que, como Cuba es un estado totalitario en donde la economía está controlada por el estado, el régimen se apropia de los mismos para, en discrimen para con los cubanos de a pie, darlo mayoritariamente en beneficio de la cúpula gobernante, privando al pueblo del acceso a los mismos, o los revende exportándolos a otras naciones. Una práctica nada nueva, pues en los tiempos de la URSS, la dictadura revendía el petróleo que le donaban los soviéticos y hoy día, lo están haciendo con el petróleo que le envía Venezuela. Del mismo modo que las medicinas donadas por varios países a Cuba, el régimen se apropia de ellas o las revende en divisas al pueblo en sus tiendas.

Gran parte de las fisuras en la aplicación de la Ley Helm –Burton se deben a las inconsistencias y vaivenes que existen en la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba. Según la administración de turno así es el rigor o la lenidad con que se aplica la ley del embargo a Cuba. El resultado a la postre es la ineficiencia en su aplicación mermando el efecto pretendido por la ley beneficiando al régimen castrista y propiciando la permanencia de la tiranía.

Washington debería ser consistente en la aplicación rigurosa de la Ley Helm –Burton y arreciar los controles sobre lo que se exporta al régimen castrista, ya que una cosa son los bienes que suplen necesidades humanitarias de una población empobrecida y oprimida, como por ejemplo los alimentos y medicinas, y otra es suplir bienes que ayuden a resolver las necesidades y riquezas del régimen; porque beneficiar a las dictaduras es contribuir a la opresión de los pueblos.