Hermann Tertsch

 

Le parece muy mal a Pedro Sánchez que Santiago Abascal y todo Vox hablemos del covid-19 como el “virus chino”. ¿Por qué, si lo hacemos para definir a un virus que vino de China, que se gestó en China y que en China fue hábilmente ocultado durante meses por las autoridades chinas para convertirlo en la más útil exportación china jamás concebida? Fue una expansión hacia Occidente y todos los países capitalistas.

Por su China de origen se extendió muy poco el virus chino. Se controló. ¿Y por qué no se controló su exportación cuando pudo haber sido de otra forma? Recordemos que expertos de la China democrática, de Taiwán, avisaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en diciembre de que había claros indicios de una enfermedad en la China continental que Pekín no había hecho pública. Taiwán no es miembro de la OMS ni de ningún organismo internacional porque en los años setenta del siglo pasado los países occidentales cedieron vergonzosamente ante las presiones de la China comunista para que expulsaran a la heroica China nacionalista y resistente de la isla.

La OMS ocultó los datos de Taiwán que habrían podido poner en guardia a todo el mundo. Y lo hizo porque la China comunista lo quiso

Taiwan es hoy una joya democrática pese a vivir a la sombra del siniestro y sangriento coloso que desde la matanza de Tiananmen en 1989 ha enterrado toda sugerencia o indicio de apertura hacia la libertad individual, la verdad y la transparencia y por el contrario se ha endurecido en su voluntad implacable de represión y censura allá donde pueda. Y sin ahorrar en el ejercicio de la fuerza, la violencia, el chantaje, la amenaza y el terror.

La prosperidad económica no ha suavizado al régimen comunista. Por el contrario, lo ha hecho más implacable, arrogante e intolerante. La OMS ocultó los datos de Taiwán que habrían podido poner en guardia a todo el mundo. Y lo hizo porque la China comunista lo quiso y ella ejerce de amo de esta organización como de tantas otras del multilateralismo. Paga Occidente y manda China y sus huestes de pequeños países totalitarios. Así es en la mayor parte de los organismos de las Naciones Unidas. Occidente de pardillo en un multilateralismo pervertido en el que una horda de pequeños países corruptos crea mayorías en contra de los intereses de las democracias y de la libertad y transparencia.

El virus chino ha paralizado todas las economías desarrolladas del planeta… menos la china.

Lo cierto es que la OMS ocultó la información y el virus empezó a coger aviones. En China, las autoridades tomaron medidas implacables. Nadie sabe cuánta gente murió allí y además da igual, sobre todo a su gobierno. En China mueren cientos de miles de personas de muertes no naturales y nadie se preocupa por ello. Mueren en los campos de trabajo forzosos, en las cárceles, en regiones cerradas, en hospitales para quitarles los órganos y transplantar a ricos llegados de fuera del país. Que murieran decenas o cientos de miles de chinos por este virus no tiene relevancia en el sentido de que la mayor parte del país ha estado libre de pandemia o con ella muy controlada.

Las medidas para que no se extendiera la pandemia por el país fueron implacables y eficaces. Eso es evidente aunque por lo demás no tengamos en Occidente ni idea de cómo han gestionado y cuáles han sido los efectos reales. Lo que sí sabemos es que la economía china hoy no tiene los problemas de su competencia mundial. El virus chino ha paralizado todas las economías desarrolladas del planeta… menos la china. Esto lo saben muy bien allí, por supuesto, y no debe extrañar que estén orgullosos y muy felices de no sufrir la pesadilla que arrastra a las sociedades occidentales de una oleada a otra en un tsunami de muerte, desesperación y ruina económica.

He Yiting, el subdirector de la Escuela Central de Cuadros del Partido Comunista en la capital china no cabe en sí de gozo ante la evidencia de la nueva realidad. “El Oriente sube, el Occidente baja” dice y subraya orgulloso que nunca ha estado China tan cerca de asumir el centro de la escena internacional, según relata Friederike Böge, la corresponsal del diario alemán Frankfurter Allgemeine en Pekín.

Nunca en la historia ha gozado China de un cambio tan espectacularmente favorable a sus intereses en las relaciones internacionales como el que se produce desde que convirtió al virus —con su ocultación, acotación interna y expansión externa—, en la exportación de mayor éxito de la historia de esta potencia comercial.

Quizás no haya que excluir del todo que se les pudiera ocurrir un plan tan cruel, pero […] tan eficaz como el que ha resultado ser la pandemia para China

Así, si me permiten sin llamarme “ridículo conspiranoico”, voy a suponer por un instante que el régimen comunista chino pueda tener en su dirección gente sin escrúpulos capaz de organizar todo esto. Son son capaces de detenciones masivas de miembros del Falung Gong para extraerles los órganos y venderlos en sus clínicas de transplantes, Son capaces de tener a millones de miembros de la minoría musulmana de los uighures de todas las edades, niños incluidos, en trabajos forzosos en la cosecha del algodón. Son capaces de tener miles de campos de trabajo donde millones de prisioneros son tratados como esclavos con torturas como castigo y miles de ejecuciones al año. Por eso quizás no haya que excluir del todo que se les pudiera ocurrir un plan tan cruel, pero por otra parte tan inmensamente beneficioso para los intereses nacionales, un auténtico plan de desarrollo tan eficaz como el que ha resultado ser la pandemia para China.

De haber sido una operación del poder comunista esta exportación del virus hacia Occidente habría que reconocer que ha sido una jugada tan osada como maestra y desde luego la operación patriótica más incruenta y de mayor éxito de las proyectadas para el desarrollo y el poder internacional de la República Popular. Los muertos chinos en la Larga Marcha, la Revolución Cultural o el Gran Salto Adelante fueron muchos más. Y su eficacia sin duda menor.

Ya saben que dicen que [el virus] fue generado casualmente en un mercado porque un animal se merendó a otro. Esa tesis es ciencia exacta, nos dicen

Pero retornemos de esa posición de los hechos confirmados. Que no prueban la conspiración, pero tampoco la descartan en ningún caso por mucho que su planteamiento sea desechado como “conspiranoia” que es como suele aludir la izquierda a toda tesis que quiere desacreditar porque ha decidido que no le conviene. Ya saben que dicen que fue generado casualmente en un mercado porque un animal se merendó a otro. Esa tesis es ciencia exacta, nos dicen. La hipótesis de que pudiera haber escapado el virus, siquiera de forma involuntaria, de un gran laboratorio de biotecnología y virología que está, casualmente, a pocos metros del sitio donde sitúan la supuesta merienda de animales es tachada, por el contrario, como una peligrosa fantasía y fake-news que solo cabezas calenturientas como la de Donald Trumplos terraplanistas o la ultraderecha más montaraz son capaces de concebir.

Así son los debates “plurales” en la nueva realidad socialdemócrata occidental en la que fuera de la unanimidad no hay más que conspiranoias. La unanimidad en la prensa alemana respecto a la política en EEUU es tan rigurosa e implacable que siempre hace pensar en otras épocas en que había una unanimidad ejercida con fuerza mucho más bruta y física. Entonces aquella unanimidad se llamaba Gleichschaltung (igualamiento). Pero quien vea un debate en la CNN comprobará que allí no hay una divergencia mayor que entre las huestes periodísticas merkelianas. Como la que hay en las tertulias de la televisión soviética que produce RTVE o del resto de medios en los que ya permiten como leve desentono todo lo más un par de despistados centristas o algún bufón que desacredite lo que pretende defender.

La izquierda planetaria esté perrunamente entregada a combatir cada indicio que sugiera que China no ha tenido solo un papel pasivo en esta pandemia

Todo el espacio mediático europeo continental ha quedado ya en la izquierda aunque esto no signifique en todas partes algo similar a la izquierda española, la más radicalizada, encanallada e inculta de todas las muy degradadas izquierdas europeas. Por tanto, todos han considerado que era información muy legítima, seria y supuestamente verificada las falsedades que durante cuatro años han difundido todos los medios europeos sobre la conexión rusa de Donald Trump. Ha resultado ser falsa y además fabricada por los equipos de Barack Obama que también ha sido quien ha dirigido esta candidatura del senil Joseph Biden. Ningún medio se ha disculpado ni desmentido las mentiras que todos ellos publicaron. Esa conspiración no les pareció conspiranoia. Cuando la conspiración existió y, por cierto, es cada vez más probable que alguien pague por ello. Nadie se lo contará a ustedes.

Todos estos medios de la unanimidad no veían conspiración donde la había, pero ahora a todos ellos les parece “conspiradora” que una inmensa mayoría de los votantes republicanos esté convencida como Donald Trump de que se ha producido un fraude en las elecciones norteamericanas que ha cambiado el resultado y el ganador. Como pretenden que es “conspiranoia” que parte de la humanidad considere inmensamente sospechoso que toda la izquierda planetaria esté celosa y perrunamente entregada a combatir todos los indicios que sugieran que China no ha tenido solo un papel pasivo en esta pandemia que tan colosales e históricos beneficios y éxitos está generando para el régimen comunista. Un régimen comunista incontestado ya, poderoso como nunca, pletórico de prestigio, expansivo y agresivo en el ejercicio de la influencia en todo el mundo. En el que Xi Jiping ya se ha encumbrado como el Rey Sol Comunista con más poder ya que el mismísimo Mao Tse Tung y unos medios antes impensables para promover e imponer la voluntad totalitaria del régimen por todo el globo.

Se enfada la izquierda, sus más miserables capataces como Sánchez […], cuando Santiago Abascal, Donald Trump o Giorgia Meloni hablan del “virus chino”. Porque les están señalando

Mientras la izquierda totalitaria se hace con el discurso socialdemócrata en Europa y EEUU, China emerge como el nuevo imperio comunista, radiante en su autoestima y decidido a expandir el poder de su mensaje de eficacia represiva y militarización de las sociedades en el terror para la mayor eficacia y racionalidad económica, dicen.

La gran novedad en este siglo XXI es que las grandes corporaciones, la plutocracia tecnológica con sus gurús megabillonarios, son los aliados más firmes del proyecto totalitario chino. Porque ven en él la pertinente alternativa a la democracia y las naciones, los individuos y la libertad, la civilización occidental y el hecho religioso que consideran graves obstáculos para su gran reajuste del mundo en el que les sobran gente, opiniones, voluntades e individualidades. Les sobra la libertad. Por eso se enfada la izquierda, sus más miserables capataces como Sánchez y sus grandes amos de los gigantes tecnológicos, cuando Santiago Abascal y Vox, cuando Donald Trump o Giorgia Meloni hablan del “virus chino”. Porque les están señalando. Y tienen que ocultar las culpas del aliado dictatorial, imperialista y asesino.

https://gaceta.es/opinion/de-un-virus-chino-y-muchas-conspiranoias-20201217-1330/