Por Esteban Fernández

 

El que no quiera creerlo que no lo crea. Yo tengo fe en CUBA. Tenemos que apresurar las cosas, tenemos que echar para adelante, con todos los hierros.

Tengo fe, tengo seguridad, creo que ya nos llega la hora. Para Cuba ya es hora. Es más, ya es hora desde hace muchísimo rato. Nada de cobardía, nada de pesimismo, tenemos que echar el resto.

Todos tenemos que militar, que luchar, que organizarnos, que arriesgarnos. ¡Está bueno de que nuestros viejos caigan en el exilio sin ver a Cuba libre!

El que no piense igual que se aparte de mi página, que nos ignore, pero los demás estamos obligados a luchar con todos los hierros para que se acabe el hambre, la miseria y la ignominia en Cuba.

Nuestro triunfo en el destierro se opaca mientras no logremos el verdadero y único triunfo que los cubanos debemos obtener! Y ese triunfo es la liberación de nuestra Patria. Como sea, de la forma que sea, con valentía, sin miedo, sin transiciones, sin limitaciones, con odio contra los opresores.

Nada de perdón, nada de términos medios, no permitamos que nada castrista quede en pie ni la Constitución Comunista, ni los Comités, ni el Ministerio del Interior. LIBERACIÓN TOTAL Y ABSOLUTA. Y JUSTICIA.

¡No pidamos mas que el pueblo de Cuba se revire porque primero tenemos que revirarnos nosotros aquí! No es justo pedirles que hagan nada, ni se jueguen la vida si nosotros no nos la jugamos junto a ellos, es más, antes que ellos.

Hay que hacerles entender a los americanos, y a nuestro presidente Donald Trump, y a todo el mundo que nosotros tenemos que liberar a Cuba, que es nuestro deber. Y TODOS DEBEN AYUDARNOS.

¿Por qué ellos pueden ir a liberar a Irak y nosotros no podemos liberar a Cuba? Si no nos quieren ayudar que por lo menos nos dejen las manos libres a los cubanos.

¡Los ancianos cubanos tienen que cuidarse, tienen que vivir, y TIENEN QUE EXIGIR que se acabe la inercia... Nosotros somos un pueblo con coraje, siempre lo hemos sido, somos los herederos de José Martí, somos los hijos de Antonio Maceo, o ¿es que hemos dejado de serlo?

No puede ser que los años de exilio, las comodidades de los Estados Unidos, las decepciones, el terror castrista dentro de nuestra patria, las canas, los nietos, las obligaciones cotidianas, nos han amedrentado o han logrado que la gran mayoría haya dejado de ser luchadores por nuestra libertad.

¡Yo creo en mi pueblo! Yo les pido, les ruego a todos mis hermanos cubanos, en California, en Miami, en New York, en todas partes, que hagamos el esfuerzo supremo, pongámonos de acuerdo para mantener viva la llama de la liberación.

Está bueno ya de mantenernos tranquilos, acomodados, esperando que nos entierren en tierras ajenas, en cementerios lejanos, sin darle a nuestros hijos ni a nuestros nietos una tierra libre para aunque sea puedan ir cuando les dé la gana a verla, visitarla y adorarla...

Repito, es deber de todos o deber de los que verdaderamente quieran la libertad de nuestra Isla. Adelante, sin temor, esta es una obligación nuestra. De todos. Suya, mía, de todos los cubanos dignos.