Rafaela Cruz

 

Las anunciadas tarjetas prepago en dólares son otro signo de las intenciones del castrismo.

No hay fiera más temible que aquella que, siendo consciente de su agonía, reserva potencia suficiente para algunos zarpazos. El nada que perder es la peor de las motivaciones y esa es la situación del Gobierno cubano.

Ya en octubre pasado, en el artículo "¿Se está acabando el castrismo? Lo que dicen las cifras", estimamos que las reservas financieras internacionales de Cuba estaban en un mínimo tal que era previsible que para mediados de 2021 estuviesen agotadas.

Desde ese entonces, una cascada de acontecimientos e informaciones no hace más que apuntar en esa dirección. La situación del castrismo es desesperada, es una fiera moribunda.

Claro que Díaz-Canel y su banda podrían darle un vuelco de 180 grado al panorama acometiendo una reforma económica real, sin inventar nada, solo imitando el camino liberalizador que sus homólogos dictatoriales China y Vietnam han emprendido con rotundo triunfo.

La receta para salir del subdesarrollo está clara —gestionar el desarrollo es más complejo— y, aunque no lo parezca, Cuba es uno de los países que con mayor éxito e inmediatez podría implementarla y beneficiarse. Por ello es tan doloroso ver a la Isla marchitarse a causa del egoísmo de unos pocos.

Pero conscientes las élites gobernantes de la imposibilidad —en las condiciones específicas de Cuba— de soltar las riendas económicas sin a la vez aflojar las riendas del poder totalitario, fortalecen las empresas estatales —o lo intentan— e invierten mucho más de lo racional en la construcción de hoteles. Así, mejoran y agrandan la tarta que repartirán entre la camada de nuevos oligarcas generales, coroneles y burócratas de alto rango que heredarán los despojos cuando el sistema colapse.

A día de hoy, y con las cuentas bancarias cada vez más rojas, la prioridad del Gobierno es ganar tiempo mientras espera un milagro de San Putin, San Jinping y, sobre todo, San Biden.

Sin embargo, ganar tiempo no es esperar pasivamente.

Sin el mínimo de recursos necesarios para que los cubanos vivan pendientes del plato de comida, pero sin protestar, y mientras no aparece el sugar daddy que lo mantenga, el castrismo avanza en el control sobre la sociedad, preparándose para sustituir el dinero efectivo por un sistema informático que le permitirá el monitoreo y registro individualizado de la vida de cada cubano, de cada pequeña empresa o cuentapropista, además de reducir enormemente los costes de transacción en la economía real.

El reciente anuncio de que se están cocinando unas tarjetas prepago (débito) en dólares para gastar dentro del país —no hay especificación aún de cómo se usarán o dónde las venderán— es un punto de convergencia entre la quiebra financiera y la evolución hacia el control ciudadano mediante la informatización del comercio.

La noticia fue un terremoto. Muchos se ilusionaron creyendo podrían al fin comprar en tiendas MLC y que sus pesos cobraban valor, pero pronto se especificó que en ningún caso se venderían al cambio oficial en CUP. El propio Banco Central de Cuba ha aclarado que no tiene divisas para respaldar tal cosa, sino que prepara un nuevo "producto bancario".La desesperada necesidad de dólares lleva al Gobierno a prácticamente atracar el bolsillo de los viajeros que llegan a la Isla; no tienen ni en cuenta el efecto negativo que sobre el gasto extra hotelero de los turistas ejercerán medidas como estas tarjetas prepagas, o la ya anunciada no recompra de pesos cubanos en los aeropuertos. Están tan famélicos que el "pan para hoy y hambre para mañana" les parece buena política.

A fin de cuentas, estas tarjetas que les impone la necesidad son un paso coherente en la dirección de ir eliminando el dinero efectivo. Si en algo ha brillado el Gobierno cubano es en convertir los aparentes reveses en victorias políticas. Como señalaba Hayek: las "emergencias" siempre han sido el pretexto para erosionar la libertad individual". La emergencia, la crisis, es el hábitat natural del castrismo.

El diagnóstico hoy es el mismo hecho en octubre pasado, a mediados de 2021 el Gobierno cubano no tendrá dinero, la fiera herida será más peligrosa que nunca.

No obstante, los estertores agónicos pueden ser prolongados, cada vez serán más comunes situaciones absurdas como la de poder pagar digitalmente, vía teléfono inteligente, en unas bodegas vacías y destartalas. Cuba será pionera en el dinero digital y pionera en el dinero digital que no tiene nada que comprar.

A la tragicomedia titulada "Revolución Cubana" se le acabó lo cómico hace años; esperemos que lo trágico, que en tanta lágrima se ha regodeado, al menos termine sin sangre… o sin mucha sangre. https://diariodecuba.com/economia/1623068639_31693.html