¿ YO ERA POBRE O RICO ? : USTEDES DECIDEN

Por Esteban Fernández

Mis escritos son leídos simple y llanamente porque reflejan las vidas del 90 por ciento de mis lectores. Son como un espejo para ellos. ¿Era pobre o rico? Jamás me detuve a pensar en eso. En la actualidad llego a la conclusión de que estaba mucho más cerca de la pobreza que de la riqueza, pero tenía unos padres que se esforzaban evitando por todos los medios que mi hermano y yo notaramos ningún tipo de escasez.

No, no tenía la mejor bicicleta del mundo, ni el mejor guante para jugar a la pelota, pero tenía bicicleta y tenía guante. Y tenía -y siempre he tenido- amigos ¡buenos amigos! Uno de ellos llamado Luis Bin Domínguez era izquierdo igual que yo, y tenía un guante precioso, caro, comprado a Perucho en El Gato Negro, 20 veces mejor que el mío, y él trataba siempre de que jugáramos en diferentes equipos para que yo pudiera usar su guante zurdo cuando él bateaba.

No tenía un "chifforobe" lleno de trajes, ni de camisas de lujos, ni corbatas de seda, pero tenía mi trajecito de “apéame uno” para ir los domingos al parque y a una fiesta de 15. Y mi ropa siempre limpia y planchada por mi madre. Hasta mis calzoncillos almidonaba y planchaba la gran Ana María Gómez.

Como a mi alrededor no habían peligros inminentes me crie mataperreando en las calles y en el parquecito Martí. Por lo tanto, “niño bitongo” no era. Lo mismo jugaba con el hijo de unos millonarios que con el muchacho limpiabotas. Inclusive, algunas madres de niños pudientes en el barrio me pedían que jugara con sus hijos para que se les quitara las ñoñerías.

Eso fue después que Regina Alserrat le pidió permiso a mi madre para que fuera a su casa de gente rica y enseñara a su hijo Mario Alberto Martínez a practicar los juegos callejeros. Y viceversa, él me enseñó a disfrutar de "juegos de lujos" como el "Monopolio" y decir palabras de altura como "¡Esto es una bagatela!"

Durante la época del gobierno Auténtico y mi padre Secretario de la Administración local, fue la etapa en que estábamos económicamente mejor, y durante las Navidades nos llovían los regalos, sobre todo de los guajiros que se aparecían con pollos vivos y hasta con un par de lechoncitos.

Batista dio el golpe de estado, y desaparecieron el 90 por ciento de los guatacas y los campesinos no nos trajeron ni un simple turrón de Jijona en las Navidades del 52. Y volvimos a depender del retiro de 183 pesos de mi padre.

Pero, eso no detuvo mi alegría porque yo era feliz con un palo viejo de escoba para hacer y jugar a la quimbumbia, con las cajetillas vacias de cigarros Partagás para hacer pelotas de cajetillas y jugar a la pelota, y siempre contaba con el río Mayabeque y "Fango Beach" para nadar.

Y HACÍAMOS UNAS ESPECIES DE CARRIOLAS HECHAS DE MADERA Y RUEDAS DE PATINES QUE LES DECÍAMOS CHIVICHANAS.

Nunca me comí una paella, ni supe lo que era caviar, pero tenía una madre que vivía el día entero pendiente de que comiéramos bien. Todavía no había terminado de desayunar y ya preguntaba "¿Qué quieren comer de almuerzo?" E inmediatamente después del almuerzo preguntaba "¿Qué quieren cenar esta tarde?" Y muy cerca tenía las deliciosas fritas que hacía Medina frente al parque y a varios kilometros estaban las mejores butifarras del mundo en "El Congo de Catalina". ¡?Echale salsita?! Ver en la foto.

Dos cines baratos, 12 gallinas ponedoras, 17 pájaros en sus jaulas, montones de puestos de vender pan con frituras de bacalao y bollitos de carita, y tenía las épocas de los papalotes, los yoyos, las canicas o bolas, y los trompos. Y en invierno La Liga Cubana de Béisbol a todo tren. Y practicaba mi "deporte" favorito que era : pelear con los Habanistas como mi vecino Albertico Gárcés. Vaya...

Asistí a uno de los mejores colegios del país (el Kate Plumer Bryan Memorial) sin jamás interesarme ni preguntar los milagros que tenía que hacer mi padre para pagar las cuotas.

Y no creo necesario que les diga quien fue el tremendo hijo de Satanás que vino a echar a perderlo todo. Y a los que nacieron después les cayó carcoma.

 

 

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