¿QUÉ PASA SI SOSA PASA?

Por Esteban Fernández

No simpaticé con el castrismo ni por un segundo de mi vida, pero si hubiera simpatizado tras el juicio de Jesús Sosa Blanco en 1959 ya me hubiera decepcionado por completo.

Fue algo desastroso, tenebroso, bochornoso y estúpido mediante el cual se le debió haber revuelto el estómago y darle ganas de vomitar a toda persona consciente en Cuba.

Mientras más fidelista era la persona más decepcionada tenía que haberse sentido. Pero no fue así, a pesar de lo escandalosa y absurda de aquella situación por primera vez pude darme cuenta de la gran cantidad de cubanos con sed de sangre y venganza que había en mi patria. Durante este juicio tristemente me enteré que no todos los cubanos eran buenos como yo creía, y que el supuestamente malo era mejor que todos aquellos hipócritas barbudos que les pedían la cabeza.

Yo era un muchachito que todavía no había cumplido los 15 años. Me senté ante el televisor y vi el juicio completo de principio a fin. Preconcebidamente pensaba que Jesús Sosa Blanco era un esbirro. Imaginaba que se iba a demostrar completamente su culpabilidad y que cobardemente el acusado lloraría buscando el perdón de quienes lo estaban enjuiciando. Nada de eso sucedió. Cinco horas después de observarlo todo con detenimiento simpatizaba mil veces más con el reo que con el fiscal Jorge “Papito” Serguera.

Ya al segundo día, mientras los acontecimientos iban desarrollándose delante de mis sorprendidos ojos, había cambiado completamente mi perspectiva. Sosa resultaba ser un bravo y los que lo acusaban eran unos imbéciles que al preguntarles: “¿A que usted se dedica?” contestaban cretinamente: “¡Yo me dedico a Sosa Blanco!”

Si en aquel momento -sin yo tener experiencia alguna sobre la aplicación de las verdaderas leyes- aquello me lució un grotesco Circo Romano, hoy en día después de tantos juicios presenciados, aquello lo recuerdo como una verdadera aberración de la justicia.

Fácil debió haber sido -si lo fue para un niño en Güines- que los cubanos, mediante esa farsa judicial, se hubieran dado cuenta que ese era simplemente el principio de las millones de injusticias que se cometerían en nuestra nación.

Y de la misma manera en que los estadounidenses dejan todo empequeñecido al compararlo con el viaje a la Luna, nosotros los cubanos ante cada miedo que la vida nos depare, ante cada problema por muy grande que sea, debemos emularlo recordando la actitud valerosa y ecuánime con que este oficial aceptó la muerte inminente mientras miles y miles de sus conciudadanos gritaban histéricos “¡Paredón!”

Y desde ese mismo instante en que muchísimos en mi entorno, y a través del país, decretaban oficialmente como sus héroes a Camilo, el Che, Fidel, Raúl, Almeida y comparsa de farsantes redentores, este guajirito llamado “Esteban de Jesús" a contrapelo de la creencia generalizada le brindó toda su admiración al hombre que tranquilamente, sin un simple asomo de miedo, caminaba con la frente en alto rumbo a la pared donde recibiría los plomazos de unos fanáticos asesinos.

Años más tarde en una entrevista con un periodista este le preguntó al tirano: “Comandante ¿usted me puede decir un solo error cometido por la revolución?” Y el gran H.P. se rascó la barba y risueño contestó: “Sinceramente lo único que me viene a la mente es que por nuestra inexperiencia en 1959 fusilamos a un batistiano llamado Sosa Blanco creyendo erróneamente que se trataba del Coronel Merob Sosa”.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image