LOS MACHOS NO LLORAN
(La homofobia selectiva cubana)

Por Esteban Fernández

Los cubanos ni odiamos ni despreciamos a los homosexuales ni a las lesbianas, no nos molestan para nada. Simplemente nos preocupamos, nos interesamos, porque el hijo varón y la hija hembra no nos salga ni una cosa ni la otra.

Aquí en los Estados Unidos los sicólogos culpan a los padres por toda desviación de sus hijos, con los padres cubanos no existe ese "tiqui-tiqui, ni ese taca-taca".

En la tierra donde yo me crié el varón era criado como varón y la hembra como hembra. Por ejemplo, si un muchacho le decía a su padre: "Viejo, yo quiero un perro" el padre le traía de regalo un "Bóxer" o "un Pastor alemán". O UN PERRO SATO, PERO GRANDE. Jamás se le ocurría a un padre cubano regalarle a su niño "una perrita pekinesa" para que la llevara al parque con una cadenita.

Y cualquier error o desliz que cometieran los padres eran "enmendados" por el populacho en la calle. Una vez yo cogí tremendo catarro, bronquitis, asma, y a mi madre se le ocurrió la peregrina idea de hacerle la promesa a Santa Bárbara de "sí me salvaba me ponía una camisita rosada por dos meses". Me salvé y trató de cumplirla. Solo llegué al parque con mi camisita rosada y todo el mundo comenzó a "coñarme". Llegué a mi casa sin camisa y molesto le dije a mi madre: "¡No hagas más promesas a costillas mías, la próxima vez deja que me muera!"

Donde yo me crié era imposible que un padre aceptara que un varón quisiera dar clases de Ballet ni una hembra clases de Judo. Jamás vi a un padre cubano tratando de que su niña aprendiera a jugar a "la viola", ni que se fuera al parque a jugar a la quimbumbia, y mucho menos que el varón quisiera aprender a bordar.

En Cuba los padres evitaban a toda costa que los hijos les salieran homosexuales. Era "homofobia selectiva" porque sostenían categóricamente que "cada cual puede hacer con su cucu lo que le dé la gana" menos mi hijo.

Inclusive hasta para oír la radio: "La Novela del Aire" era para las hembras" y Los tres Villalobos era para los varones.

En mi país las cosas estaban bien compartidas y los roles bien definidos. ¿Usted no ha notado que aquí, actualmente, le inculcan a los hijos varones que: "Usted, por ningún motivo del mundo, vaya a fajarse"? De ahí se puede llegar a la conclusión que les están diciendo: "Sí por una casualidad en el colegio algún muchacho te toca las nalguitas no te fajes, llora o quéjate con el maestro". Y entonces, cuando los sicólogos aquí culpan a los padres por la homosexualidad de sus hijos quizás tengan parte de razón, porque la verdad es una: "¡Sí le tocaron las nalguitas y no se fajó se las van a tocar cien mil veces!"

En esa tierra linda donde yo nací y me crié los padres nos decían: "¡Usted se tiene que fajar, y si es más grande que usted entonces le parte un palo en la cabeza!" Por lo tanto, si el hijo salía mariquita era porque él quería no porque su padre no le inculcó lo contrario.

¿Saben ustedes cuales fueron las primeras cinco palabras que yo escuché de la boca de mi padre cuando yo salí del vientre de mi madre? No, no fue "¡Qué niño más lindo!" ni esas cosas que se dicen aquí actualmente.

Cuando yo salí lloriqueando de la barriga de Ana María mi padre me miró seriamente y me dijo: "¡LOS MACHOS NO LLORAN, COÑO!" Y eso, a través de los 17 años que yo viví en Cuba, junto a él, me lo repitió un millón de veces.

Fue en los Estados Unidos, en el exilio, al morir mis padres y yo enterarme de sus muertes mucho después, cuando POR PRIMERA VEZ EN MI VIDA lloré intensamente. Y no crean que lo hice totalmente con despreocupación. A cada rato me parecía escuchar a mi padre, desde "ultratumba", gritando: "¡Esteban de Jesús, los machos no lloran, coño!"

 

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