¿CUANDO SE PERDIÓ EL DESEO DE REGRESAR A CUBA LIBRE.?

Por Esteban Fernandez

¿Cuándo se puso la cosa mala en el exilio? Cada cual puede dar una opinión diferente. La mía sincera es: Cuando la mayoría de los exiliados llegaron a la conclusión de que no había regreso a Cuba y que jamás se acostumbrarían a vivir alli...

Muchos fueron los factores para asumir esa postura fatalista. La primera fue después del "Pacto Kennedy-Khruschev" y los americanos no solamente suspendieron toda ayuda beligerante a la libertad de Cuba sino que perseguían a los combatientes cubanos.
El 90 por ciento de los compatriotas había depositado mucha fe (durante toda una vida republicana) en nuestros vecinos del norte.

Confiábamos en ellos y al retirarse de la contienda, al dejarnos solos y abandonados a nuestra suerte, muchos consideraron que la lucha nuestra contra el castrismo y contra el bloque socialista en pleno, sin el respaldo americano, era una misión imposible.

Siempre el objetivo de los desterrados fue: en primer lugar, lograr la libertad de Cuba y segundo, VOLVER A LA PATRIA que tanto añoraban. Cuando muchos llegaron a la conclusión de que NO HABÍA REGRESO, con dolor del alma, cada uno se fue para su casa y abandonó la confrontación directa.

Después vino algo peor aun: no solamente NO VEÍAN LA POSIBILIDAD DE REGRESAR sino que se llegó poco a poco a PERDER EL DESEO DE VOLVER A LA ISLA.
Los cubanos hicieron sus vidas en los Estados Unidos, tuvieron hijos y estos se convirtieron en profesionales y a su vez procrearon a los que se convirtieron en la cosa más grande de los exiliados: Los nietos. Unos muchachos que son americanos, que no tienen el menor deseo de ir a vivir en una tierra que no conocen. Y los viejos exiliados no tienen el mas mínimo deseo de dejarlos atrás aunque Cuba se libere mil veces.

Encima de eso, la patria preciosa que atrás dejaron fue destruida por completo. El país se convirtió en un desastre total. Las “auras tiñosas derrotistas” constantemente predican que “la Cuba que nosotros conocimos ya sólo existe en nuestra imaginación”...

Aquella Habana preciosa, próspera, iluminada, a la cabeza de las capitales del mundo, hoy vemos fotos de ella y nos parece que alguien tiró la bomba atómica allí. Los edificios apuntalados, cayéndose en pedazos, descascarados, todo feo, cochino, la basura tirada en las calles. Y si eso es en La Habana, el resto está peor. Y unos a otros se repiten: “¿Quién diablos quiere ir a vivir allí en esa pocilga?”
Y la tapa al pomo ( para aquellos exiliados que un día arribaron aquí desesperados por regresar) la ponen la mayoría de los cubanos recién llegados. Para decirlo de la forma más elegante posible: Los viejos desterrados se sienten que no tienen nada en común con ellos y mucho menos con los que allá viven.

Y como colofón a cada rato se escucha a compatriotas dentro de la isla echándonos en cara: “Aquí no vengan nunca a recuperar sus propiedades, ni sus casas, ni sus fincas”... Y entonces la respuesta es: “Y ¿ a qué carijo voy a ir allí, solamente a llevarles maletas llenas de vituallas?”

Por lo tanto, los eternos combatientes, los que se mantienen firmes en su deseo de regresar y liberar a Cuba lo primero que tienen que hacer es RESTAURAR EL DESEO DE RETORNAR A UNA CUBA LIBRE. Mientras no se recupere ese sagrado objetivo estamos arando en el mar.

 

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