¡AY, JOSÉ!
Por Esteban Fernández

Leo y veo por la televisión cientos de comentarios sobre el debate de los candidatos demócratas. Estas líneas no son para comentar sobre ellos, solamente les dedico 20 palabras: Me parecieron como un montón de gatos igualados fajados para ver quien de ellos será comido por el león Trump. Eso es todo, porque a mí todos me son antiflogitinicos y antiespasmódicos. Casi ni caso les puse.

Mi atención, mi disgusto y no voy a decir "mi decepción" porque jamás ha sido santo de mi vocación fue concentrada en José Díaz Balart. El decepcionado tendría que ser su padre si viviera, quien debió estarse revolcando de disgusto en su tumba.

¿Cómo un hijo de él iba a permitirle impávido al viejo zorro e “hijo de... Lenin” Bernie Sanders balbucear que intenta: “Cambiar radicalmente a los Estados Unidos e implantar un sístema socialista en USA”?

Dicen que su padre Rafael fue el que más luchó para lograr el divorcio de su hermana Mirta con el monstruo, fue el fundador en Miami de la primera organización anticomunista “La Rosa Blanca” para salvar a nuestro país de la tragedia socialista.

Yo que no soy hijo de Rafael Díaz Balart -pero soy hijo de otro anticomunista eterno- si hubiera sido parte del panel de entrevistadores lo primero que hubiera dicho a todo pulmón: “¡Qué levanten las manos todos los que simpatizan de algún modo con el socialismo, con el marxismo, con el leninismo, con el comunismo!” Y acto seguido hubiera gritado: “¡Yo, sinceramente, NO VOTARÉ -ni aunque mi vida dependiera de eso- POR NINGUNO de los que levantaron las manos!”

Me hubieran botado del trabajo (y, desde luego, él no qulere perder su elevado salario) pero estoy seguro que mi padre en el cielo, o donde esté, hubiera dado una fiesta y se hubiera levantado a aplaudirme.

Y dudo mucho que Don Rafael Díaz Balart se haya sentido muy orgulloso con la actitud pasiva de su hijo, sino que "desde el más allá" tiene que haberse sentido humillado y decepcionado.

Y esto no tiene nada que ver con que luce ser un militante detractor de Donald Trump, eso es legítimo y permitido, y cada cual tiene el derecho de simpatizar con el político de su preferencia. Eso es asunto de él.

Esto es algo diferente, es que delante de un descendiente directo de Rafael Díaz Balart, tenía que -aunque fuera- lucir incómodo ante todas las barrabasadas marxistas de Bernie (B.S.) Sanders y todos los demás candidatos que -al igual que José Díaz Balart- tratan de congraciarse con el decrépito y trasnochado senador de Vermont y con sus ideas comunistas que llevarían a este país al mismo desastre que su padre trató de evitarnos.

Con una sola pregunta se hubiera salvado de su ignominioso silencio y aceptación: “¿Usted sabe quién yo soy?: soy el hijo de un hombre que dedicó casi toda su vida a luchar a brazo partido contra la cochinada que usted defiende y las hediondas palabras que usted esgrime”. Hasta yo -que soy ultra conservador- hubiera aplaudido esas palabras.

Y ni una sola condena por parte de los candidatos ni de los panelistas de los millones de muertos producidos por el comunismo (disfrazado de socialismo que el Partido Demóocrata intenta implantar aquí) que han caído en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Europa y el mundo entero.

 

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