NUEVA YORK STATE Y LA IGNORANCIA COLECTIVA

Por Hugo J. Byrne

¿Una colectividad en su sano juicio puede elegir a un corrupto o totalmente imbécil, o ambas lacras, como Gobernador y a una retrasada a una curul del congreso para representar uno de sus distritos? Obviamente la respuesta es afirmativa. El estado de New York una vez más ha demostrado el axioma de Aristóteles: "La ignorancia es un vicio".

La mayoría de los votantes de New York, como la gran mayoría de los de la costa oeste de Estados Unidos, California, Oregón y Washington (curiosamente a la izquierda en el mapa de Estados Unidos) son hogar de una manada de eternos seguidores. La gente con raciocinio en esos lares es minoría. Esto es prueba irrefutable de que democracia y libertad son conceptos totalmente diferentes y que dadas ciertas circunstancias pueden llegar a ser antagónicos.

El Gobernador de New York Andrew Cuomo recientemente firmó una ley que garantiza el aborto en cualquier fase durante la gestación, incluyendo durante el parto. Contra toda reciente evidencia científica, Cuomo afirma que el "feto" es parte del cuerpo de la madre y que solo ella tiene derecho a determinar si ese ser humano vive o muere. Mr. Cuomo: el bebé que palpita en el claustro materno es un ser humano vivo, que habita en ese lugar temporalmente. No lo afirmo por mis creencias religiosas que no vienen al caso, sino porque ha sido demostrado científicamente por el ultrasonido. Este tirano totalitario de New York no hace mucho afirmó sin sonrojo que nadie que no sea un izquierdista con hidrofobia es bienvenido en la "Gran Manzana". No tema mi presencia señor Gobernador. No tengo el menor deseo de entrar en contacto con una fruta podrida por gusanos como usted.

Mi última visita a esa "Manzana" fue cuando Michael Bloomberg era el alcalde. Aparte de ser multimillonario, Bloomberg no se sabe lo que es. Ni él mismo lo sabe y no le importa. Un hombre sin principios éticos, ni políticos, cambia su filiación de acuerdo hacia donde el viento sople.

Tengo buenos amigos puertorriqueños, todos nacidos en la "Isla del Encanto." Entre los "Newryoricans", el único con quien hice alguna amistad temporal fue el Sargento González durante mi servicio militar en Fort Jackson.

Ahora tenemos una representante federal por un distrito de New York densamente puertorriqueño y los descendientes de ellos (las tres cuartas partes de estos últimos en el segundo grupo). Algunos son de la tercera o la cuarta generación nacida en New York.

Ella es Alexandria Ocasio Cortez, posiblemente la más radical izquierdista entre los presentes miembros del congreso federal. Alexandria es conocida del público por su utópico "socialismo", plasmado en su programa "Nuevo trato verde". Su ideología es supuestamente socialista y se supone que tiene un diploma universitario. Aparentemente no pudo hacer mucho con él, porque cuando fue electa trabajaba como "bar maid".

Algunas de sus iniciales declaraciones no han sido repetidas, aunque que yo sepa, tampoco se ha retractado de las mismas. No se ha disculpado por su prometida eliminación del uso de yacimientos de combustible como el crudo, para aliviar los cambios atmosféricos.

Eso por supuesto eliminaría los automóviles, el transporte de mercancía por carretera y el transporte por aire. Para ir allende los mares se tendría que navegar a la vela. Cuando preparé mi discurso de investidura para la Academia de la Historia de Cuba expliqué que la travesía a vela en los más avanzados "windjammers" de fines del siglo XIX era de unos ochenta días, comparada con nueve a doce oras en un jet de pasajeros.

Lo que quería demostrar es que los avances técnicos y científicos durante los últimos dos siglos han sido más beneficiosos para los trabajadores que para los acaudalados. Hasta ahora la libertad económica y el capitalismo son los verdaderos heraldos del progreso humano.

Nada hay de nuevo en el "Nuevo Socialismo Democrático" de Alexandria Ocasio Cortez, quien no tiene idea qué es el socialismo ni de donde surgió. Si le preguntáramos quienes fueron Henri de Saint Simón, Charles Fourier, Robert Owen o Pierre Proudhon, se quedaría con la boca abierta enseñando esa agresiva dentadura suya que pide a gritos un ortodontista experto.

 

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