LA ALARMANTE EXTINCIÓN DE LAS PLANTAS

Ledford, Heidi

Desde 1900 han desaparecido casi tres especies de fanerógamas cada año, unas 500 veces más rápido de lo que lo harían naturalmente.

Desde 1900, cada año han desaparecido tres especies de plantas que producen semillas, conocidas como espermatofitas o fanerógamas. Se trata de una tasa hasta 500 veces superior de lo que cabría esperar si solo actuaran las fuerzas naturales, según indica el mayor estudio realizado hasta la fecha sobre extinción de plantas.

El proyecto ha examinado más de 330.000 especies y ha descubierto que las especies de las islas y los trópicos tenían la mayor probabilidad de ser declaradas extintas. Los árboles, los arbustos y otras especies leñosas perennes eran los más afectados, con independencia de su ubicación. Los resultados se han publicado en Nature Ecology & Evolution.

El estudio proporciona datos sólidos que ayudarán en los esfuerzos de conservación, opina Stuart Pimm, de la Universidad Duke, en Durham (Carolina del Norte). La investigación incluyó más especies vegetales que cualquier otro estudio, explica. «Sus resultados son enormemente importantes.»

Recopilación cuidadosa de datos

El trabajo parte de una base de datos recopilada por el botánico Rafaël Govaerts, del Real Jardín Botánico de Kew, en Londres. Govaerts inició la base en 1988 para averiguar el estado de conservación de todas las especies de plantas conocidas. Como parte de ese proyecto, examinó un gran volumen de bibliografía científica y creó una lista de especies fanerógamas que se consideraban extintas. Señaló también las que se habían considerado extintas pero luego se habían redescubierto.

En 2015, Govaerts se asoció con el bióloga evolutiva Aelys Humphreys, de la Universidad de Estocolmo, y otros para analizar los datos. Compararon las tasas de extinción en diferentes regiones y las características de las plantas, tales como si eran anuales (las que crecen de semillas cada año) o perennes (las que perduran año tras año).

Los autores hallaron que 1234 especies se habían descrito como extintas desde que Carlos Linneo publicara el compendio Species Plantarum, en 1753. Pero más de la mitad de ellas fueron redescubiertas o reclasificadas como otra especie viva, lo que significa que todavía hay 571 que se suponen extintas.

Un mapa de extinciones de plantas elaborado por el equipo muestra que la flora de las regiones con una biodiversidad elevada y una población humana creciente, como Madagascar, las selvas tropicales brasileñas, India y Sudáfrica, es la que presenta un mayor riesgo. Humphreys explica que las tasas de extinción en los trópicos van más allá de lo que cabría esperar, incluso si se tiene en cuenta que esas zonas contribuyen a una alta diversidad de especies. Y las islas son particularmente sensibles porque pueden albergar especies que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo y son especialmente sensibles a los cambios ambientales, comenta Humphreys.

Destrucción a gran escala

Aunque los investigadores recopilaron cuidadosamente la base de datos de extinciones vegetales, las cifras del estudio muy probablemente subestiman el problema, apunta Jurriaan de Vos, filogenético de la Universidad de Basilea. Algunas especies se están «funcionalmente extintas», señala, y solo se hallan en jardines botánicos o en cantidades tan pequeñas en estado silvestre que los investigadores no esperan que la población sobreviva.

«Una población diezmada, o que se ha visto reducida de mil individuos a uno solo, todavía no se ha extinguido», explica de Vos. «Pero esto no significa en absoluto que esté bien.»

Pocos investigadores disponen de tiempo o dinero para emprender un estudio exhaustivo para verificar si una especie que creen extinta lo está realmente. Los paisajes pueden cambiar mucho en un tiempo relativamente corto, por lo que es difícil saber si una planta ha desaparecido si no se realiza un seguimiento extenso, opina de Vos.

Recuerda su propia búsqueda por todo el Camerún para muestrear especies de begonias de flores amarillas para secuenciar su ADN. De Vos visitó varios lugares donde los registros indicaban que otros investigadores habían recolectado estas plantas en décadas anteriores. Pero a veces se desplazaba a un lugar para encontrarse con un paisaje drásticamente alterado.

«Sabía que era una especie de bosque tropical, pero me hallaba en medio de una ciudad», comenta de Vos. «Uno se da cuenta entonces de lo masiva que ha sido la destrucción o el cambio en el uso del suelo en los últimos 50, 80 o 100 años.»

 

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