SEXTO DOMINGO DE PASCUA

“Domingo de la expansión misionera”

(26 de mayo de 2019)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

El presente Domingo nos va acercando al final del ciclo Pascual que culminará, el Domingo 9 de junio, con la Solemnidad de Pentecostés; precedida de la Solemnidad de la Ascensión el Domingo próximo, Pentecostés es una verdadera “culminación” y no un simple final del riquísimo tiempo Pascual, debido a que la venida y efusión del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente, la Iglesia Apostólica, significa y realiza la plenitud anunciada y prometida por el Señor Resucitado. –

Breve se nos ha hecho el tiempo desde que celebramos la Pascua y, a través de las Escrituras, hemos ido recorriendo aceleradamente la evolución de los discípulos que, cada vez más, concretizan el mandato del Señor al asumir con valentía y generosidad su papel de representantes (Apóstoles) de Jesús Resucitado, en cuyo nombre predican, enseñan y obran milagros, convocando al “nuevo pueblo de Dios”, al “Pueblo de la Nueva Alianza”.

El Concilio de Jerusalén, realizado en el año 49, al que alude la primera lectura (Hechos 15, 1-2.22-29), supone un hecho clave para la Iglesia: La ruptura definitiva con el judaísmo y su apertura al mundo gentil (o pagano). -En lo sucesivo la comunidad de los creyentes será ya “la nueva Jerusalén”, que camina con humildad y en medio de las pruebas y persecuciones a través de los siglos, a la espera de irradiar su gloria en la plenitud de los tiempos (Apocalipsis 21, 10-14.22-23).

Esa Comunidad, ese Nuevo Pueblo, goza dentro de lo más íntimo de su ser de una paz que no procede de los hombres, y que los duros trabajos de la evangelización y las persecuciones no podrán disminuir ni apagar, porque tiene su procedencia en la nueva vida que le otorga la presencia e inhabitación del Padre, del Hijo y del Espíritu (Juan 14, 23-29). – Es la presencia y acción de la Trinidad Santa, de Dios, que se va mostrando y revelando pedagógicamente; que lo ha hecho a lo largo de toda la vida de Jesús y que después de la Resurrección se desborda en signos y acciones, como nos lo muestran los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles de una manera especial.

También encontramos esta “guía pedagógica” en muchos textos de las cartas Apostólicas, en especial en San Pablo y San Juan. -Así podemos identificar a la Iglesia de los Apóstoles con la Iglesia del Espíritu quien, como Jesús prometió, ha venido a Consolar, Enseñar, Iluminar, Inspirar y, en fin, a inundarnos con sus “dones y carismas”.

Al “irse al Cielo” después de su etapa terrena, Jesús “se queda en los suyos que están en el mundo”, y se queda de una manera constante “en y para su Iglesia”. Así que, en lo adelante, “la Iglesia será su presencia, obra y acción” en el mundo y para ese mundo necesitado de salvación. Para nosotros, sus discípulos y apóstoles, esa presencia será más plena y real que las mismas apariciones pos-pascuales que encontramos en el evangelio de san Juan; para ello nos envió, en Pentecostés y desde el seno del Padre, desde la Trinidad misma, al Espíritu Santo.

 

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