VIRTUDES DEL HNO. VICTORINO DE LA SALLE

Hno. Osvaldo Morales.

No resulta fácil resumir en pocas líneas toda la vida virtuosa de una persona. Y más si se trata de un religioso como el Hno. Victorino cuyo nombre es conocido por tantas personas dentro y fuera de Cuba.

Lo primero que diría es que el H. Victorino fue un hombre consecuente con sus ideas y sus decisiones.

Optó por la vida religiosa como Hermano de La Salle, desde temprana edad, y nunca se arrepintió ni se desmintió en su manera de vivir su vocación. Fue fiel a ella hasta la muerte. Fue fiel a ella en todos los momentos de su vida, no siempre halagüeños ni conformes con sus ideas.

Su primer paso decisivo fue el preferir abandonar su patria y su familia para salvar su propia vida de Hermano y salir al exilio por toda la vida, para ser fiel a su vocación. Supo vivir la obediencia prometida cuando, poco después de fundada la Federación, los Superiores lo enviaron a la finca de descanso y formación que los Hermanos tenían cerca del pueblecito de Guatao, vecino de Punta Brava, provincia de La Habana en ese tiempo.

Y lo separaron totalmente de todo contacto con la obra comenzada por él. Esa fidelidad y confianza en el Señor basta para considerarlo como virtuoso, digno de un lugar entre los santos. Pero hay otros aspectos que podremos ir descubriendo poco a poco.

Entre los numerosos testimonios enviados aparece uno que dice así:

¨El Hno. Victorino era un hombre de Dios. Aquel hombre de gesto suave, hablar quedo y presencia tímida, providencialmente inspirado, fundó y mantuvo con tesón la Federación de la Juventud Católica Cubana, que revolucionó la juventud, llenándola de hermosos ideales cristianos.¨

¨Miles de personas y hogares fueron ¨tocados¨ por aquel hombre amable y sencillo, amistoso, honesto y bueno: y sintieron enriquecer sus vidas a través de sus experiencias y contactos con el Hno. Victorino¨.

Cabe recordar en este momento una parte de la espiritualidad apostólica de nuestro Santo Fundador, Juan Bta. de La Salle- Él, unas 738 veces nos habló del corazón, para decirnos que hay que ¨mover los corazones¨, ¨ganar los corazones¨, ¨mudar los corazones¨, ¨engendrar a Jesucristo en el corazón de los niños¨, ¨enternecer los corazones¨. ¿No fue acaso lo que el Hno. Victorino hizo en ellos, alumnos y jóvenes de toda Cuba?: sembró amor, para de ellos cosechar amor.?

Y por eso pasó toda su vida, primero como profesor insigne, emprendedor y entregado a sus alumnos, y luego como el atrevido apóstol que busca fórmulas nuevas para poder llegar más fácilmente a los corazones de los jóvenes y moverlos hacia Cristo. Un ejemplo del educador de cuerpo entero, movido siempre por el Espíritu Santo.

Ese es el secreto de su fecundo itinerario apostólico, nos dice el Hno. Alfredo Morales en su biografía del Hno. Victorino (pág. 125-6): UN GRAN CORAZÓN, UN INMENSO CORAZÓN: ¿Cómo serían las relaciones de ese corazón humano de este Hermano, con el corazón humano y divino de Jesucristo?

SU VIDA DE FE, FUENTE DE SU FORTALEZA Y CONSTANCIA

¨El espíritu de este Instituto, es en primer lugar, el espíritu de fe¨

La única explicación satisfactoria a esa tan prodigiosa actividad del Hno. es su vivencia del espíritu de fe. La fe le daba fortaleza y lo mantenía en sus objetivos, con gran constancia. Se mantenía firme en sus principios y en sus ideas, cuando entendía que eran para el bien de todos. Y por eso tenia también tanta paciencia.

Nos relata un testimonio: ¨Fue un hombre de gran Fe y constancia. Nunca se rendía ante una buena idea, y le daba vueltas y vueltas hasta que lograba su objetivo¨

Su segundo exilio de cinco años puso a prueba su fe. El Hermano, acostumbrado a ir de un lugar para otro a hacer visitas a las familias, a dar temas o charlas, etc., de repente se vio en un medio desconocido para él, en medio de una comunidad de Hermanos, que vivían el mismo exilio, que luchaban por llevar adelante una obra recién comenzada en Bayamón, Puerto Rico, y por consiguiente les resultaba imposible el atenderlo continuamente.

Y sus amigos, antiguos alumnos o antiguos federados estaban en las mismas condiciones, luchando cada uno en su nueva vida, y si querían atenderlo, no podían hacerlo con la frecuencia a que él estaba acostumbrado. Los Hermanos salían para la escuela y él quedaba solo en la casa, sin poder conversar con nadie. Eso, sin culpa de nadie, más que de las circunstancias, fue para él un verdadero calvario. Solamente su gran fe le permitió sobrellevar dicha pena y superar espiritualmente la dificultad.

PERO LA FE PUDO MÁS: MIRADA PUESTA EN DIOS. ¨ESTA OBRA ES DE DIOS¨.

Lo demostró durante ese mismo exilio de cinco años.

¨Mi buen amigo: muchas gracias por su carta, cuyas frases traen al alma adolorida, un poco de bálsamo que conforta. Por primera vez (1964) he pasado un 11 de febrero en la soledad, sin un recuerdo, sin una celebración, sin un mensaje…" Pero no me puedo quejar: la obra no fue mía sino de Dios. Y Él la cuida¨

¨La obra no es mía, sino de Dios¨ Una vez más lo encontramos emulando a su santo Fundador, quien repetía a menudo: ¨Miraré siempre el establecimiento y gobierno de nuestra sociedad como la obra de Dios. Domine, opus tuum: Señor, esta obra es tuya¨ Regla 8

El relato de un amigo de confianza que sintió necesidad de recordarle su tradicional temple moral, nos dice: ¨Nunca Cuba le pagará lo que le debe. Nos dice que se siente deprimido y fuera de su ambiente…¡Cómo no lo vamos a comprender así!, pero también menciona Ud. el regreso a Cuba…Sigue y seguirá Ud. pudiendo siempre más que las tempestades. Bendito sea el Espíritu Santo, que siempre le hizo la fortaleza en persona¨.

El Hermano sufrió, pero jamás se rebeló. Prefirió consumirse por dentro, y ofrecer sus penas ¨por la redención de Cuba¨. Muchos hombres y mujeres espirituales han pasado por situaciones similares, creyéndose incluso como abandonados por Dios. Basta con leer los últimos momentos de la vida de santa Teresita de Jesús (¨Historia de un alma¨)

De esa misma fe, provino sin duda su gran humildad y su sencillez en todo momento. ¨Dejó hacer¨ a sus colaboradores, aun en acciones que no eran de su agrado y le hacían sufrir. Nunca se le oyó una palabra para hablar de sí mismo o de su obra. Estaba en todo, pero apenas se le oía o se le veía, dice un testigo. En la comunidad de los Hermanos, era un hombre tranquilo, callado, que trataba de no molestar, y nunca se refería a sí mismo. Sin embargo fue honrado varias veces tanto por la Iglesia como por el Estado cubano o francés. Obtuvo las máximas condecoraciones del Estado o de la Iglesia pero nadie se enteraba de eso, hasta que un periódico o una foto lo revelaba.

Y de esa gran fe, le vino, de seguro, su enorme pasión por la salvación de la juventud. Que fue creciendo poco a poco y le fue moviendo a nuevas inventivas y métodos para tratar de ganarse a los jóvenes y mantener a los antiguos alumnos.

Un testimonio nos habla con un lenguaje elocuente:

¨Todos esperamos que el mundo conocerá alguna vez al santo Hno. Victorino del Colegio de La Salle. Desde la década de 1920 y siguientes, miles de cubanos y ex- alumnos del colegio conocieron y supieron de la bondad, dulzura y entusiasmo para ayudar a otros que poseía este gran humilde hombre.

Esa pasión apostólica se manifestó particularmente en su entrega y disponibilidad sin límites y en su gratuidad total. ¡A cuánta gente le dedicó tiempo y experiencia para consolarlos, aconsejarlos, animarlos! Su timidez hacía que se desconcertara hasta ruborizarse exteriormente cuando se le elogiaba. De ahí la discreción de su don: Hablaba tan bajito que apenas si se le oía; no hacía ruido al caminar. Pasaba -como Jesús- haciendo el bien, silenciosamente, gratuitamente.

Y como consecuencia de esa fe, su celo apostólico se volvió ternura. Pero, aun con todas las limitaciones humanas, los testigos dirán con insistencia que fueron ¨tocados¨ por un ser excepcional que, en nombre del amor de Dios, dio mucho amor y cosechó mucho amor.

Su piedad, en comunidad o fuera de ella, fue siempre callada. Nadie notaba nada particular en él. Era reservado hasta en esos detalles; no había nada que llamara la atención. Pero era siempre file a los ejercicios de comunidad, a menos que tuviera alguna obligación ineludible.

Por eso pudo poner e insistir siempre en el triple lema que dejó a la Federación para el país entero: Piedad, Estudio y Acción. Lo que ciertamente vivía, lo transmitía a los demás.

SU DEVOCIÓN A MARÍA.

Prácticamente nació con él. Y una serie de hechos providenciales lo fueron acompañando. Nace un 7 de septiembre de 1885, vísperas de la fiesta de la Virgen de la Caridad. Fue admitido un 2 de febrero, día de la Purificación, a la Congregación Mariana de su escuela. Comenzó su noviciado un 28 de octubre, fiesta entonces del Patrocinio de la Stma. Virgen.

Hizo sus Primeros Votos el 8 de septiembre de 1903, y para colmo, otro 8 de septiembre, de 1913, 10 años después, y ya en Cuba, pronunciaba sus votos Perpetuos. No podemos ponderar su gran devoción a María, únicamente por estas fechas, ni siquiera por la del 11 de febrero, aniversario de las apariciones de Lourdes para la fundación de la Federación, pero estos hechos coincidenciales o providenciales ayudan a recordar y a vivir.

Él mismo recordaba esas fechas con gran devoción y agradecimiento a la S. Virgen y trataba de trasmitirles su devoción a sus alumnos y a los jóvenes federados. De hecho, él le tuvo siempre mucho afecto a la Virgen de Lourdes, y donde podía mandaba hacer una Gruta, semejante a la original de Lourdes.

Así, en 1958, al celebrarse el centenario de las apariciones de Lourdes, hizo preparar la que está junto a la Iglesia de Jesús de Miramar, en La Habana y expresó en su testamento sus deseos de ser enterrado en ese lugar. Esperamos el momento oportuno para satisfacer ese deseo de nuestro Hermano.

Terminamos aquí esta pequeña reseña sobre algunas de sus virtudes y cualidades, y de su profunda piedad, humilde y comprometida.

Ojalá nosotros podamos imitar aunque sea una partecita de esta gran piedad del Hermano, y orar y comunicarnos con nuestra Madre del cielo, con la misma libertad y confianza con que él actuó.

 

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