ROMANCE DOLOROSO

Por Alfredo M. Cepero



Nota del autor: Este poema lo escribí el 19 de abril de 1961 detrás de una pequeña capilla ubicada en la Base Track de la Brigada 2506 en las montañas de Guatemala. Me encontraba en compañía de otros 200 brigadistas que no pudimos participar en la invasión por deficiencias logísticas. Nuestro grupo estaba designado como el Batallón 7 de la Brigada. Regresamos a Miami unos pocos días después de la traición que condujo al fracaso.

 

ROMANCE DOLOROSO

 

Sobre el verde vertical

de montañas extranjeras

encontré doliente y triste

pedazos de mi bandera.

 

El viento desde el barranco

me trajo olores de selva.

Jinetes de desengaño

rodaron por las laderas.

 

La sangre elástica y joven,

la sangre doliente y nueva,

abonó surcos de gloria

sobre el caimán de mi tierra

y le clavó al almanaque

una nueva fecha eterna,

en que flores de ilusión

fueron espadas guerreras.

 

Cuba esperaba a sus hijos

vestida de fiesta y risa.

Los niños cayeron todos,

como consigna divina,

con estrellas en las sienes,

luceros en la camisa.

 

La noche se puso triste

como una novia sin boda,

y con velos de celajes

la luna se cubrió toda.

De esperanza eran sus trajes,

de valor calzaban botas,

y en el corazón llevaban

el ideal como antorcha.

 

Como dientes infernales

las balas mordieron niños.

Mecánicos milicianos

se pusieron en camino,

como rifles, como tanques,

como muerte o asesino,

para pintarnos de rojo

el paisaje del destino

y beber en copa de odio

sangre preciosa de niño.

 

El sol camina de nuevo

sobre la noche siniestra

y la sangre de los muertos

suena a trompeta de guerra.

Cuba espera por sus hijos.

Sus hijos no pueden verla

con coronas de martillo

y cinturón de cadenas.

En mástil de dignidad

hay banderas de conciencia.

Sobre la noche de odios

un amanecer de ideas.

 

 

 

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