CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – 31 de marzo de 2019 – “Domingo de Israel”.

Padre Joaquín Rodríguez

-Después de haber caminado durante cuarenta años por el desierto, Israel entró en la tierra prometida y allí, por primera vez, celebró el pueblo la Pascua; así nos lo presenta hoy el Libro de Josué (5, 9ª.10-12).

-Dios es fiel a su promesa, pues tiene una misericordia infinita. Esto es lo que nos enseña la parábola del Hijo pródigo (Lucas 15, 1-3.11-32) y es lo que nos recuerda san Pablo cuando nos invita a reconciliarnos con Dios (II Corintios 5, 17-21).

“Dios nos ha reconciliado consigo en Cristo”: nos enseña hoy el Apóstol en su segunda Carta a los Corintios. La reconciliación es la “obra”, el elemento necesario para la misión de la Iglesia y para la edificación del Cuerpo de Cristo (la Iglesia) en medio del mundo como “sacramento salvífico”.

Ser “sacramento de salvación” significa ser una “presencia eficaz y activa” en el mundo, donde la Iglesia está constituida para continuar, en su actuar misionero y santificador, la obra de la Redención realizada por Cristo con su muerte y resurrección. No basta anunciar la redención en Cristo, hay que explicar el por qué de la misma y su necesidad llamando a la conversión y, por lo tanto, identificando el pecado: tanto el pecado personal como los pecados sociales.

Siempre resultará más fácil hablar y abundar en la reflexión sobre “el abrazo perdonador y reconciliador” del padre de la parábola del Hijo pródigo que nos ocupa este domingo, que abundar en la maldad del pecado del hijo; pecado que lo ha llevado primero al desvalimiento y miseria más absoluta, desde la cual, hundido en el abatimiento moral y físico, el hijo al fin descubre su culpa.

En este evangelio, modelo descriptivo para toda meditación que conduzca a un buen examen de conciencia, descubrimos el amor de Dios revelado en la imagen del Padre misericordioso. De hecho, deberíamos llamar así a esta parábola: “la parábola del Padre misericordioso”, siendo así que es el Padre el verdadero protagonista, en quien descubrimos fácilmente el Amor misericordioso que es la verdadera naturaleza de Dios.

Este domingo podemos tomarlo como un verdadero momento central en esta Cuaresma, más que por su posición temporal (cuarto) por su unidad temática (la reconciliación); fuerte e indispensable enseñanza en este tiempo de conversión. Los invito a leer muchas veces este evangelio del Hijo pródigo con actitud contemplativa. Debemos aplicárnoslo en todos sus detalles; y no olvidemos examinarnos desde la perspectiva del hermano mayor: Muchas veces asumimos ese papel y también, partiendo de esa posición, necesitamos convertirnos. Al fin y al cabo, es el hermano mayor quien menos conocía el corazón del Padre.

 

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