EL "PERICO" CASTRISTA
Por Esteban Fernández

Cuando "la caña se puso a tres trozos" en Cuba, cuando la Unión Soviética se va a la bancarrota, cuando todo lucía indicar el derrumbe de la tiranía castrista, lanzan a sus "perros de presa" deseperados a buscar billetes y divisas de mil maneras diferentes.

Y la forma más socorrida para buscar dólares en cantidades industriales fueron las drogas, la cocaína. La Isla como depósito de "Perico". Claro que todo el mundo sabe del grave peligro de cárcel que se corre cuando se trafica, pero no en Cuba donde son las autoridades las que supervisan y se ocupan del negocio. Y, por lo tanto, se decidieron a lanzarse en el traqueteo.

Como siempre, el más difícil de persuadir (porque además de hijo de puta era testarudo) fue a Fidel Castro. Pero lo camelaron -al igual que lo convencieron para permitir los viajes a Cuba de los exiliados y de que aceptara enemigos ficticios) a través de varios argumentos.

Uno, que era la forma idónea de buscar dinero fácil. 2) Que se utilizaría al país solamente como un trampolín y un refugio seguro para los traficantes 3) Que él jamás sería vinculado a ese ilegal tejemaneje. 4) que los encargados del contrabando y la marimba serían personas de entera confianza como José Abrahantes y Tony de la Guardia chequeados muy de cerca por Raúl Castro.

Y el puntillazo final se lo dieron utilizando la contentilla preferida de Fidel Castro: “Comandante, lo que vamos a hacer con esto es burlar el bloqueo americano”. Y el monstruo se sonrió.

Se pusieron de acuerdo con los capos de la droga en varios lugares, les brindaron la isla como base donde los bandidos no correrían ningún peligro, abrazaron a Manuel Noriega de Panamá y a (en la foto junto al "Señor de los Cielos") Pablo Emilio Escobar Gaviria.

El pacto con Pablo no me sorprende porque nadie en el mundo más parecido -sicopatas empedernidos y en sus faltas total de escrúpulos - que el tirano cubano y este monstruo colombiano.

Uno de los principales lugartenientes de Pablo conocido como “Popeye” campeaba por sus respetos en La Habana.

El traficante mexicano Amado Carrillo Fuentes, conocido como el "Señor de los Cielos" (en la foto con barba) pagaba millones de dólares al desgobierno de Cuba para usar la isla como refugio.

El narcotraficante colombiano Carlos Lehder Rivas, desde una prisión estadounidense, acusó a Fidel Castro de estár implicado directamente en el tráfico de drogas.

Los cuerpos de inteligencia norteamericanos -y la DEA en particular- no estaban comiendo catibia y al cabo del tiempo descubren la estratagema y contubernio de estos criminales.

Cuando le avisan a Castro del peligro este "pone el grito en el cielo" y rápidamente encuentra y pasa por las armas a varios chivos expiatorios. Y caen en candela, les echa la culpa de todo a Arnaldo Ochoa, Tony y Patricio de la Guardia y varios compinches más. El ministro del interior José Abrahantes va para la cárcel y después "lo suicidan".

Con Ochoa mata dos pájaros de un tiro porque le tenía celos por sus triunfos militares, por haber desobedecido sus órdenes en Angola y por temor infundado en que se convirtiera en el Gorbachov cubano.

Y sanseacabó el asunto, no creo que la DEA se tragó este paquete bien armado, pero se hicieron -a regañadientes- de la vista gorda y aceptaron la explicación bañada de sangre de los cubanos.

Y como era de esperar, la tiranía jamás suspendió por completo el traqueteo de estupefacientes. Simplemente recrudecieron las precauciones y el disimulo.

 

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