OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

(3 de marzo de 2019)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Para obtener la gracia en la victoria del Resucitado, tenemos que caminar tras El con la Cruz.

Los sabios consejos del Antiguo Testamento, cuando aconseja no comprometerse, asumiendo el juicio de los demás o tomando partido en el mismo (en pro o en contra) hasta observar bien su razonamiento y comprender sus intenciones (Eclesiástico 27, 4-7), son asumidos por Cristo (Lucas 6, 39-45), que enseña a juzgar al prójimo por sus obras. Insiste también el Maestro en criticar la presunción y la hipocresía de quienes se proponen a sí mismos como modelos sin descubrir antes sus propios defectos.

Esta perícopa del Evangelio según san Lucas está compuesta por un conjunto de “dichos” de Jesús, una de las variadas fuentes documentales utilizadas por los evangelistas en sus composiciones; cada uno de estos “dichos” daría para una profunda meditación y serviría de base para todo un retiro u homilía. Lo que importa al final, tanto al juicio de Dios como a nosotros, es lo que hay en el “corazón” del hombre, sus verdaderas intenciones y propósitos: “por sus frutos los conoceréis”.

El famoso ejemplo de la “viga” en el ojo propio es un punto de referencia seguro, que debe moderar en nosotros (porque el mensaje de este texto está radicalmente personalizado) tanto el “juicio” como las “acciones” resultantes del mismo. Juicio de valor moral, pero no “juicio de valor” que nos convertiría en jueces de los demás sin tener que arriesgar nuestra “conciencia”

Precisamente es ahí, en nuestra “conciencia”, en el “corazón” donde se producen las obras, de donde brota la justicia o la injusticia que hacemos, resultados de nuestras propias decisiones. ¡Qué necesario sería leer este evangelio siempre en relación con la política, que acapara tanto y en demasía la atención en nuestros días; sobre todo en tiempos de elecciones; tanto por los candidatos como por los electores todos!

San Pablo concluye su exposición acerca de la resurrección (I Corintios 15, 54-58) con un grito de triunfo y una acción de gracias a causa de la victoria que hemos obtenido sobre la muerte por medio de Cristo. Como recomendación final de esta conclusión de un tema “básico” de nuestra fe: La confianza y el trabajo sin reservas en la obra del Señor.

El próximo miércoles 6 de marzo comenzaremos la Cuaresma. La imposición de las cenizas nos llama a reconocer nuestros pecados (pues somos pecadores y pecamos) asumiendo con humildad un camino de penitencia reflexiva; camino que nos lleve a reconocer “quienes somos” y a volver al “comienzo”, que es Dios; porque todo comienza en el Amor de Dios, en el Amor que es Dios.

Este ejercicio espiritual que es la Cuaresma nos llama, por las prácticas exteriores y la oración, a “convertirnos” a Dios, a volvernos hacia El, presente en el prójimo, mediante la práctica de las “obras de misericordia”. Para obtener la gracia en la victoria del Resucitado, tenemos que caminar tras El con la Cruz.

 

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