El espíritu de un alto y maravilloso poeta

Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo
ashiningworld@cox.net  





 

“...pero mas aun porque ahí esta JOSE MARTI, el gran poeta y político cubano.  Martí es 14 años mayor y trata a Rubén como "un hijo" y Darío lo mira como un "padre". Comparte con Martí en unas reuniones en el Harmand Hall y en su encuentro hay un abrazo filial o paternal de parte de Martí.  Martí le lleva a su hotel donde conversan hasta la madrugada.  Es uno de los momentos mas emocionantes que cuenta Darío en su autobiografía...” Yo diría hoy, Darío y Martí: Dos Colosos de América. Dos faros, Dos Torres sin ser gemelos. (Lester Aviles, miembro de la UCP y colaborador del diario Centroamericano, Miami, Florida)
 
Marti
 
Dario
Decía Félix Rubén García Sarmiento que él... -
“...admiraba altamente el vigor general de aquel escritor único, a  quien había conocido por aquellas formidables y líricas correspondencias que enviaba a diarios hispanoamericanos, como La Opinión Nacional, de Caracas, El Partido Liberal, de México y, sobre todo, La Nación, de Buenos Aires. Escribía una prosa profusa, llena de vitalidad y color, de plasticidad y de música. Se transparentaba el cultivo de los clásicos españoles y el conocimiento de todas las literaturas antiguas y modernas; y sobre todo, el espíritu de un alto y maravilloso poeta”.

“...Fui puntual a la cita, y en los comienzos de la noche entraba en compañía de Gonzalo de Quesada por una de las puertas laterales del edificio en donde debía hablar el gran combatiente. Pasamos por un pasadizo sombrío; y, de pronto, en un cuarto lleno de luz, me encontré entre los brazos de un hombre pequeño de cuerpo, rostro de iluminado, voz dulce y dominadora al mismo tiempo y que me decía esta única palabra: "¡Hijo!" ....”

“...Era la hora ya de aparecer ante el público, y me dijo que yo debía acompañarle en la mesa directiva; y cuando me di cuenta, después de una rápida presentación a algunas personas, me encontré con ellas y con Martí en un estrado, frente al numeroso público que me saludaba con un aplauso simpático. ¡Y yo pensaba en lo que diría el gobierno colombiano, de su cónsul general sentado en público, en una mesa directiva de revolucionarios antiespañoles!...”

“...Allí escuché por largo tiempo su conversación. Nunca he encontrado, ni en Castelar mismo, un conversador tan admirable. Era armonioso y familiar, dotado de una prodigiosa memoria, y ágil y pronto para la cita, para la reminiscencia, para el dato, para la imagen. Pasé con él momentos inolvidables, luego me despedí. Él tenía que partir esa misma noche para Tampa, con objeto de arreglar no sé qué precisas disposiciones de organización. No le volví a ver más...”


(Fragmentos tomados del libro “Autobiografía de Rubén Darío”)

 

 

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