EL QUE A HIERRO MATA, A HIERRO MUERE.

Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Entonces Jesús le dijo: "Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán". Mateo 26:52

Hace una semana, el inadaptado social Cesar Sayoc envió por correos 14 artefactos explosivos a ex presidentes, ex miembros de gabinete, políticos, donantes, periodistas y artistas que participan en el acalorado debate político de los Estados Unidos. Dichos artefactos fueron dirigidos a personalidades como Barack Obama, Hillary Clinton, Joe Biden, John O. Brennan, Eric H. Holder Jr, Maxine Waters, Robert DeNiro y George Soros.

El denominador común de los destinatarios del bombástico mensaje es su odio visceral no sólo contra el Presidente Trump sino contra todo el que lleve una gota de su sangre, incluyendo a su hijo de 12 años Barron Trump. A las hijas de Obama y de Clinton se les respetó su privacidad y su inocencia. Barron no disfruta de ese privilegio porque es hijo de un 'hombre diabólico', como lo ha calificado Hillary Clinton y lo repite constantemente la prensa al servicio de la izquierda vitriólica.

En concordancia con su acostumbrada forma de manipular la información, The Washington Post y The New York Times desplegaron en titulares de primera plana el nombre de Trump junto al de César Sayoc. Tal como crucificaron a Brett Kavanaugh, Donald Trump fue declarado culpable por asociación y presumido culpable hasta probar su inocencia. Al diablo con la aportación de pruebas y al diablo con la presunción de inocencia del derecho común británico y del imperio de la ley norteamericano. Ahora resulta que Trump no sólo conspiró con los rusos para ganar la presidencia sino conspiró con Cesar Sayoc para dar muerte a sus adversarios políticos.

Yendo más lejos, los demócratas culpan a Trump de calentar con su retórica todo lo que ocurre en el caldeado ambiente político, pero ni ellos ni su prensa complaciente tienen moral para acusar a nadie de incitar a la violencia. De hecho, yo considero que los demócratas y sus apandillados en las bases del partido no sólo incitan a la violencia sino la practican. Es cierto que el Presidente es ríspido y combativo cuando es atacado pero todo queda en palabras y no llega a estimular la violencia física.

Por otra parte, los demócratas y sus turbas vociferantes y violentas han roto todos los patrones del civismo. Habrá 'cabezas calientes', en ambos bandos, pero muchos más en el bando zurdo. Los hechos demuestran que los demócratas tienen el monopolio de la chusma. Hemos visto a esos salvajes de "Antifa" romper cristales, voltear vehículos y arrastrar por el cabello a ciudadanos que despliegan en sus gorras mensajes solidarios con Donald Trump.

Si seguimos el razonamiento de la prensa que acusa a Trump de promover la violencia, los terroristas de "Antifa" toman sus órdenes de los líderes del Partido Demócrata. Hillary Clinton dice en Inglaterra que no puede haber diálogo cívico mientras Trump esté en la Casa Blanca. Eric Holder, el Secretario de Justicia de Obama, muestra un absoluto desprecio por la ley cuando declara: "Si ellos van hacia abajo nosotros no vamos hacia arriba. Nosotros los pateamos". Maxine Waters grita a pleno pulmón que hay que perseguir a los partidarios de Trump en los restaurantes, las tiendas por departamento y las gasolineras. Nancy Pelosi declara que Trump es la personificación del diablo.

No puede entonces ser atribuida a la casualidad la conducta de una proporción considerable de las bases del partido. Los ataques contra funcionarios republicanos y partidarios de Donald Trump son cada vez más numerosos y más peligrosos. Hace unos días, el candidato republicano al Congreso Federal, Rudy Peters, fue atacado a cuchilladas, la Oficina Republicana en Laramie, Wyoming, fue misteriosamente incendiada, un conductor enardecido lanzó su vehículo contra la oficina local de Fox News, en Dallas, Texas, una mujer hispana partidaria de Trump fue escupida y un ciudadano negro fue expulsado de un bar por la misma razón.

El panorama ha sido descrito en una recopilación de incidentes de esta naturaleza llevada a cabo en los últimos meses por la revista Breitbart. La cifra ha alcanzado los 550 incidentes. Entre esos incidentes se encuentran los ataques a Sara Sanders y Pam Bondi, así como los mítines de repudio contra Ted Cruz y Mitch McConnell .

Irónicamente, Donald Trump y la prensa que no pierde oportunidad de denigrarlo tienen en común una especie de paranoia. Para Trump, todo lo que publican esos medios tiene por objeto destruirlo. Para la prensa, todo lo malo que pasa en los Estados Unidos y hasta en el mundo es culpa de Donald Trump. Dos ideas demenciales y obsesivas que están causando un daño considerable a la sociedad norteamericana.

Ambas ideas están equivocadas porque Donald Trump es un patriota y es justo reconocer que muchos de sus críticos en la prensa y en la política también lo son. Políticos y periodistas tienen que empezar a dialogar con palabras porque, si no lo hacen, es solo cuestión de tiempo para que la guerra de palabras se convierta en guerra de balas. Y todos saldríamos perdiendo porque ya sabemos que, el que a hierro mata, a hierro muere.

Siguiendo con la violencia, The Washington Post, el único periódico norteamericano que jamás ha respaldado a un candidato republicano a la presidencia, no trata de igual forma a los políticos de ambos partidos. Mientras insinúa que Trump es responsable por estas bombas enviadas a los demócratas, no hace lo mismo cuando las víctimas son republicanas.

Cuando James T. Hodgkinson, un ardiente partidario de Bernie Sanders, descargó su rifle automático contra un grupo de legisladores republicanos que practicaban Soft Ball en un terreno deportivo de la ciudad de Alexandria, el nombre de Sanders no se vio por parte alguna. El congresista republicano por Louisiana, Steve Scalise, resultó herido de gravedad y aún se encuentra en proceso de recuperación. No hubo mayores bajas gracias a la heroica y rápida intervención de dos policías de la guardia del Capitolio. La realidad es que ni Trump es culpable de las bombas de Cesar Sayoc, ni Sanders es responsable de las balas de James T. Hodgkinson.

Pero este razonamiento no es compartido por los militantes y líderes de ambos partidos enfrascados por estos días en una lucha sin cuartel por el control del Congreso Federal. Donald Trump recorre la geografía del país recordando a sus partidarios que si no acuden a las urnas perderán el terreno ganado en los primeros dos años de su gobierno. Los demócratas saben que si no paran ahora a los republicanos habrá Trump para rato en la Casa Blanca.

Por lo tanto, cada partido apela a las tácticas que considera más eficaces para lograr sus metas. En el caso de Trump, acusar a sus adversarios de destruir la economía, aumentar los impuestos, preferir a los inmigrantes y debilitar el prestigio internacional de los Estados Unidos. En el caso de los demócratas, acusar a Trump de insensible, racista, inmoral, tramposo y dictatorial. Y sobre todo, callarle la boca a Trump e intimidar a sus partidarios para que no vayan a votar. La resistencia desesperada que esgrimen los que carecen de argumentos empíricos y persuasivos.

Pero estos activistas de la resistencia ni callarán al presidente ni intimidarán a sus partidarios. Trump es el político que más disfruta hablando a su pueblo que he visto en mis muchos años de seguir la política norteamericana. Y la gente que puso a Trump en la Casa Blanca en el 2016 se ha cansado de poner la otra mejilla para ser abofeteada por una turba empeñada en intimidarlos. Se acabaron los tiempos de los republicanos pacíficos y apaciguadores de Bush, McCain y Romney. Como dicen los gacetilleros de poca monta: "hay un nuevo sheriff in town" y sus diputados están preparados y dispuestos a la guerra si son provocados. Esperemos que prevalezca la razón y la confrontación sea con palabras y no con armas.

10-31-18

 

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