EL PEDIGRÍ  DE “CABALLO BLANCO”

Por Esteban Fernández

 

Les juro que no existe nada más inaudito que las entrevistas de María  Elvira Salazar por Mega TV de Indira Almeida. ¿Es idea mía o la interroga como si fuera una gran personalidad y nieta  de un glorioso personaje de la "realeza" de nuestro país?

 

Yo pregunto ¿Es María Elvira una inocente ignorante buscadora de “ratings” o a veces da la sensación de simpatizar con algunos culpables de nuestra tragedia?  ¿Ustedes no han notado su emoción y orgullo cuando tal parece que se refiere "al linaje  de rancio abolengo" del apellido Almeida de la entrevistada?...

 

Tenía que haber comenzado por preguntarle a Indira: “¿Sabes quién fue la norteamericana -de Fort Lauderdale- HELLEN AYES?” La muchachita abriría los ojos y diría: “No, Maria Elvira, no tengo la menor idea” Y contestarle: “Bueno, esta señora fue asaltada el 6 de noviembre del año 48, le arrancaron la cartera, y fue dejada tirada en el piso en la esquina de Desamparados y Damas en La Habana por un delincuente común y carterista, conocido como “Caballo Blanco”. Le robaron 166 dólares. Mi estimada Indirita, esa fue una de las primeras fechorías de Juan Almeida Bosque. Este “Caballo Blanco” fue tu abuelo”.

 

Lo capturaron en una posada escondido debajo de una cama. En el juicio dijo que todo era un error,  que “ese no era su giro”, que él se dedicaba  a vender marihuana  en la esquina de San Isidro y Damas, que su amigo “Pito” lo había embarcado. Y a continuación levantó un record delictivo que no lo podía brincar ni un chivo maromero.

 

Tuvo la inmensa dicha de tropezarse con un aspirante a gángster llamado Fidel y conocido como  “Bola de Churre”, abogado sin oficio ni beneficio, que estaba en la búsqueda  de reunir a su alrededor  una pandilla de hampones, de satélites, que le sirvieran de guardaespaldas y tropa de choque. “Caballo Blanco” reunía esas condiciones, y tomó a Fidel Castro como si su encuentro con él hubiera sido ganarse el premio grande de la lotería nacional. Y para él así fue. Y se convirtió en el criado eterno de la bestia de Birán.

 

Castro, que no es más que un “gallego racista”, le hizo gracia porque  le convenía tener a su lado a un negro sin ningún tipo de convicción política ni de principios morales. Jamás vio en él una competencia intelectual  sino un leal perrito faldero.

 

Y lo siguió a todas partes, era su sombra. Al ataque del  Moncada, al desembarco del Granma y al picnic de la Sierra Maestra. Dicen que durante la primera escaramuza se portó bien  y gritaba: “¡Aquí no se rinde nadie, cojones!”. Pero de ahí en lo adelante imitó a su ídolo tirando majá y guillándose el resto de la contienda.

 

Después del triunfo falló por su incapacidad en  todas las encomiendas ordenadas por su amo. Y decidieron ponerlo como “figura decorativa” y darle varias “botellas”.  Se dedicó por 50 años a vivir como un potentado, a ligar jevas, a preñar mujeres -damas que nunca hubiera conseguido como albañil y expendedor de drogas-a componer canciones ridículas y melancólicas. Fíjense si era bruto que dentro de un régimen que predicaba el ateísmo su primera composición musical fue dedicada a la Virgen Guadalupana. Fidel le dio un tremendo halón de orejas. Trató de defenderse alegando que se trataba de Lupita una muchacha mexicana que conoció en Tuxpan.

 

Apoyó incondicionalmente todos los desmanes y crímenes del régimen. Lo usaban para recibir a dignatarios africanos en el Aeropuerto. Como si fuera un totí castrista.  Le dieron una residencia en Punto Cero. Pero dudo que Dalia Soto le permitía acceso a la vivienda del tirano. Era simplemente un fiel mequetrefe.

 

Y del pedigrí de esta piltrafa humana es que María Elvira Salazar se siente muy oronda al presentar a su descendiente.

 

 

COMENTARIOS


Muy agradecido que publiques mis escritos. Un abrazo de Esteban
Hace 3202 dias.

Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image