Homenaje al Poeta de la Bandera

Bonifacio Byrne Puñales

Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo
ashiningworld@cox.net

“El último poeta patriótico de los tiempos coloniales»
(Raimundo Lazo)

 

Nació en la ciudad de Matanzas 3 de marzo de 1861.
Falleció en su ciudad natal el 5 de julio de 1936.
 Llegó a ser identificado como el Poeta de la Bandera por haber dedicado
una de sus obras a reflejar el simbolismo de la enseña nacional cubana.

En 1896 emigró a Estados Unidos, regresando a Cuba en 1899.
En 1909 fundó el periódico El Yucayo.
Colaboró en Diario de Matanzas, El Ateneo, El Fígaro,
La Primavera y en La Discusión.
Declarado Hijo Eminente de Matanzas en 1915.
Fue socio correspondiente de la Academia Nacional de Artes y Letras.


Mi Bandera

Al volver de distante ribera,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste... !

Con la fe de las almas austeras,
hoy sostengo con honda energía,
que no deben flotar dos banderas
donde basta con una: ¡la mía!

En los campos que hoy son un osario
vio a los bravos batiéndose juntos,
y ella ha sido el honroso sudario
de los pobres guerreros difuntos.

Orgullosa lució en la pelea,
sin pueril y romántico alarde;
¡al cubano que en ella no crea
se le debe azotar por cobarde!

En el fondo de obscuras prisiones
no escuchó ni la queja más leve,
y sus huellas en otras regiones
son letreros de luz en la nieve...

¿No la veís? Mi bandera es aquella
que no ha sido jamás mercenaria,
y en la cual resplandece una estrella,
con más luz cuando más solitaria.

Del destierro en el alma la traje
entre tantos recuerdos dispersos,
y he sabido rendirle homenaje
al hacerla flotar en mis versos.

Aunque lánguida y triste tremola,
mi ambición es que el Sol, con su lumbre,
la ilumine a ella sola, ¡a ella sola!
en el llano, en el mar y en la cumbre.

Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día...
¡nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!...

 

 

 

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A la muerte de Boni, como lo llamaban en familia, yo no había cumplido aún dos años de edad. Bonifacio pertenecía a otra rama de la familia Byrne, la que vivía en la calle de su mismo nombre en Matanzas. El nombre colonial de esa calle era Contreras y los matanceros, por razones para mí incomprensibles, continuaban llamándola "Contreras" en vez de Byrne, igual que llamaban "Manzaneda" a la calle donde nací, en vez de González Lanuza, su legítimo nombre republicano. Bonifacio, como Ricardo Byrne (masón prominente de esa época) y mi abuelo, eran primos hermanos y nietos de un sastre irlandés llamado Martin Byrne, quien se estableciera en Matanzas a mediados del siglo XIX. Martín se casó con una dama matancera de apellido Sardiñas y fueron muy prolíficos, como lo fuera su descendiente Bonifacio. Recuerdo a tres de los muchos hijos de Bonifacio, entre ellos Mario Byrne Lamar, quien trabajaba para la Junta de Educación de Matanzas y quien era tocayo de nombre y apellido de mi padre y hermano mayor. Más que un burócrata, Mario parecía una estrella de cine de otra época, o un general retirado; conversaba con la autoridad, firmeza y el aplomo con que se dá una orden. Cuando eso yo era un adolescente y Mario estaba cercano a la edad de retiro. Sin embargo, lo recuerdo como un señor muy serio, muy amable y afectuoso con mis padres, siempre impecablemente vestido con traje y corbata. Su saludo de ritual era, "¿Cómo estás ilustre?" Otro hijo de Bonifacio se llamaba Hamlet (lo recuerdo sólo por llamarse Hamlet y por una anécdota cómica realcionada con ese nombre). También recuerdo a otro, cuyo nombre he olvidado y quien era un extraordinario pintor. A veces buscando quizás más luz, abría la ventana de la sala y deleitaba a los transeuntes con su lienzo, pincel y paleta. Los mirones interrumpían con frecuencia el tráfico por la acera. Siempre admiré la obra poética de Bonifacio Byrne, quien creo fue uno de los mejores sonetistas cubanos de fines del siglo XIX. Sus obras poéticas más extensas como "Mi Bandera", motivo de su fama, son en mi criterio menos representativas de su más lograda producción. Los catorce versos del soneto fueron siempre el teclado sonoro de las notas más inspiradas de este bardo matancero. No puedo terminar este comentario demasiado extenso, sin refutar enérgicamente las falsedades en el prólogo y las notas biográficas de un libro de obras en verso y prosa de B. Byrne publicado en Cuba por la tiranía castrista en 1988, describiendo al poeta como marxista. Esas notas y prólogo son de la cosecha de dos viejos figurones de la "intelectualidad" castrista quienes viven del trabajo ajeno como el resto de la inútil manada: Saúl Vento y Arturo Arango. Desafío a quien haya leído y estudiado la obra poética de Bonifacio Byrne a negar que el poeta era espiritista. ¿Es posible ser espiritista y al mismo tiempo aceptar el "materialismo dialéctico"? Esa fantasía se la pueden endosar quizás a un fácil creyente, pero no a este muy agnóstico servidor. Cuando las fuerzas del universo parecían complotarse contra la libertad de nuestra patria, tal como ahora y mucho antes de su canto a la Bandera, Bonifacio Byrne escribió estos versos que siempre me impresionaron y que ahora nunca olvido: Tanta preciosa sangre derramada y tanta ardiente lágrima vertida, ¿no harán que surja al fin nuestra alborada? ¿estará nuestra patria condenada a ver escrito su epitafio en vida? Si es nuestra redención una quimera, si para vernos libres es temprano, la paloma conviértase en pantera, y mientras lata un corazón cubano, juremos rescatar nuestra bandera, pasándola al morir,¡de mano en mano! Hugo J. Byrne
Hace 2329 dias.

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