LOS TEJADOS DE VIDRIO DE LOS ENEMIGOS DE TRUMP.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

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Quien tiene tejado de vidrio, no tire piedras al de su vecino.

En su afán desaforado por destruir al hombre que destruyó sus aspiraciones de permanecer en control de la Casa Blanca los demócratas podrían estar cavando aún más profunda la fosa de su propia destrucción. Renuentes a reconocer que perdieron las últimas elecciones presidenciales por falta de un mensaje atractivo a los electores y la coronación de una candidata corrupta y sin carisma, la nueva dirigencia del partido ha inventado una conspiración descabellada. Según ellos, Trump y sus asociados conspiraron con Vladimir Putin para desprestigiar a Hillary Clinton y propiciar la elección del magnate inmobiliario. Algo así como en si en 1517 el Papa León X hubiera conspirado con Martin Lutero para crear las condiciones que condujeron a la Reforma Protestante.

La realidad, como ya he dicho en veces anteriores, es que Trump y Putin son como el aceite y el vinagre. Ambos redujeron los decibeles de su retórica con respecto a sus potenciales conflictos de intereses y de personalidad durante la campaña presidencial norteamericana para mantener opciones de negociación en un posible triunfo de Trump. En este sentido hay que reconocer que Putin demostró más talento para predecir el resultado de esas elecciones que los encuestadores y periodistas norteamericanos cegados por su izquierdismo fanático.

En un esfuerzo por validar esta sarta de mentiras, los demócratas de la Cámara y del Senado arguyen que Trump despidió al Director del FBI, James Comey, con el objeto de obstruir la investigación sobre su conspiración con Putin. El mismo Comey odiado por los demócratas por sus revelaciones sobre las violaciones de la ley de Hillary Clinton ahora es elogiado por ellos como un Don Quijote que se bate contra los molinos de viento de las mentiras de Trump.

Por su parte, en su reciente testimonio bajo juramento ante el Comité de Inteligencia del Senado, Comey afirmó que el presidente había "difundido mentiras sobre él y sobre el FBI". No conforme con una acusación que más parece una venganza, Comey insinuó que Trump había expresado el deseo de que el FBI doblara la página en la investigación sobre los supuestos contactos del General Michael Flynn con funcionarios del gobierno ruso. Pero, cuando fue presionado, tuvo que admitir que Trump nunca le pidió que pusiera fin a la investigación sobre la supuesta conspiración de miembros de su equipo electoral con funcionarios rusos.

Del otro lado de la polémica, el abogado del Presidente Trump, Marc Kasowitz, dio respuesta a estas acusaciones manifestando: "Contrariamente a los numerosos informes de prensa falsos que llevaron a la audiencia de hoy, el Sr. Comey ha confirmado públicamente lo que reiteradamente le dijo al Presidente en privado: El Presidente no estaba bajo investigación como parte de una investigación sobre la interferencia rusa". La admisión de Comey fue motivada por una certera pregunta del Senador Marco Rubio. El Senador por la Florida le preguntó: "¿Por qué entre tantas filtraciones negativas contra el presidente nunca se filtró el elemento positivo de que ni Donald Trump ni su campaña habían conspirado con Rusia para cambiar a su favor el resultado de las elecciones?" Al igual que con otras preguntas incómodas, el resbaladizo Comey no tuvo respuesta.

Pero, como de costumbre, la realidad nunca es obstáculo para que los fanáticos distorsionen y exageren los hechos en la promoción de sus intereses ideológicos. Las declaraciones de Comey desataron un torrente de analogías con el escándalo del Watergate por parte de los demócratas y de la prensa parcializada a su favor. Sin embargo, lo cierto es que el testimonio de Comey demostró la diferencia sideral entre los dos acontecimientos. Aun aceptando como verdaderas las afirmaciones de Comey nada en ellas justifica un juicio político (impeachment) contra el presidente. A diferencia de Richard Nixon, Donald
Trump nunca ha tratado de encubrir los hechos.
Es más, el presidente estuvo de acuerdo en que continuaran las investigaciones sobre la interferencia rusa en las elecciones norteamericanas.

La saturación de las analogías con el Watergate indica, por otra parte, el divorcio de las mismas ya sea con el testimonio de Comey o con la historia. Si el Watergate fue un cáncer que creció dentro de la presidencia de Richard Nixon, esta investigación sobre la supuesta conspiración de la campaña de Trump con Rusia no pasa de ser una úlcera, repulsiva a la vista pero no un riesgo para la vida. Sin embargo, la comparación con Nixon, por exagerada, favorece más la posición de Trump que la de Comey.

Pero este razonamiento no es compartido por la izquierda vociferante que se ha apoderado del Partido Demócrata. Durante meses han estado exigiendo una investigación independiente sobre los supuestos delitos del presidente y hace unos días han logrado su objetivo. El propio Departamento de Justicia del Presidente Trump acaba de nombrar al ex Director del FBI, Robert Mueller, como Abogado Especial para investigar cualquier conspiración de los asesores de campaña de Trump con funcionarios rusos. Pero, como dice el dicho, este tiro podría salirles por la culata.

Estos Abogados Especiales tienen un poder gigantesco porque no están sujetos a las órdenes de los demás poderes del gobierno. Pueden investigar aspectos más allá del mandato original y prolongar sus investigaciones por todo el tiempo que consideren necesario. Luego, el señor Mueller podría extender su investigación a las acusaciones de los republicanos sobre filtraciones de funcionarios federales hostiles al presidente y sobre la revelación de identidades de miembros de la campaña de Trump por funcionarios del gobierno de Obama en los últimos días de aquella administración. Y, en contraste con las imputaciones demócratas contra Trump, existen pruebas fidedignas sobre los delitos de revelación de identidades de partidarios de Trump por parte de funcionarios de Obama.

En este sentido, Fox News ha informado que el funcionario que reveló los nombres de ciudadanos privados afiliados a la campaña de Trump fue alguien muy conocido y muy alto en el mundo de la inteligencia. Por su parte, una fuente de alto nivel en el Congreso declaró a Fox News que el mayor problema no es la revelación de estos nombres de ciudadanos norteamericanos. Que lo más grave es la diseminación de los mismos con objetivos políticos que nada tienen que ver con la seguridad nacional o con la supuesta interferencia de Rusia en las elecciones norteamericanas. Este es un delito castigado con penas muy severas.

Y para complicarle las cosas a los demócratas, Susan Rice, descrita una vez por la revista Newsweek como la mano derecha del Presidente Obama, se encuentra en el centro de estas investigaciones. Según fuentes dignas de crédito, los abogados de la Casa Blanca descubrieron hace unas semanas que Susan Rice solicitó a los organismos de inteligencia las identidades de miembros de la campaña Trump. Estos informes contenían valiosa información sobre con quienes se reunían los miembros del equipo de transición de Trump, las opiniones de esos individuos sobre política exterior y los planes del futuro gobierno. Una bajeza sin precedentes aun en el bajo mundo que caracteriza la política de Washington.

Así las cosas, los demócratas podría lamentar haber exigido el nombramiento de un Abogado Especial. Sobre todo si tenemos en cuenta que Robert Mueller tiene bien ganada fama de ser un hombre de honor que buscará la verdad más allá de los intereses de cualquier partido.

6-14-17

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