TERCER DOMINGO DE CUARESMA

(19 de marzo de 2017)

Padre Joaquín Rodríguez

Queridos hermanos:

Este tercer domingo de cuaresma podemos llamarlo “Domingo de Moisés y de la samaritana” debido a los relatos del Éxodo (Ex. 17, 3-7) y San Juan (Jn. 4, 5-42) que leemos en la liturgia de la palabra del mismo; relatos concatenados con el tema del ‘agua’, con el que comenzamos los temas bautismales en este ciclo A, típico de la cuaresma clásica debido a este desarrollo de las catequesis sobre los “misterios”; así llamamos a estos aspectos esenciales del Bautismo hacia el cual nos orienta la Cuaresma, ya sea como renovación espiritual para toda la Iglesia, ya sea como preparación inmediata para aquellos que buscan la “iniciación cristiana” a través del Catecumenado que culminará para ellos en la Noche (“vigilia”) Pascual.

El ‘agua’, la ’luz’ y la ‘resurrección’ son esos temas pertenecientes, en la Iglesia apostólica, a las catequesis mistagógicas (o reveladoras de los misterios) que completaban la, entonces, larga preparación bautismal y de la entera iniciación cristiana, y que solían recibir los neófitos ya iniciados en la vida cristiana; concepto que atribuía gran cuidado y delicadeza en la dosificación del conocimiento doctrinal en armonía con el avance y crecimiento en la vida espiritual del converso que aspiraba a iniciarse y vivir en plenitud el misterio de Cristo en su Iglesia. Conceptos estos muy diluídos hoy en las aspiraciones de los que se acercan al Bautismo y de la pastoral de la Iglesia y sus agentes, producto de la banalización de las sociedad y cultura actuales.

Para poner en perspectiva el tema de hoy y los siguientes domingos, debemos responder a la pregunta ¿cómo se llega a ser cristiano? -Partiendo del diálogo de Jesús con la mujer samaritana podemos contestar: “respondiendo a la llamada del amor de Dios y recibiendo el agua viva del bautismo que representa y contiene el don del Espíritu Santo”. En este episodio Jesús aparece como el nuevo Moisés que da agua viva a su Pueblo.

Partiendo de una petición, “dame de beber”, Jesús inicia un diálogo en el más depurado estilo de los verdaderos maestros de la antigüedad y de todos los tiempos, pedagogía humano-divina que encontramos en los evangelios y que, en este extenso y profundo diálogo recogido por san Juan, nos invita a entrar en profundidad en el misterio del “don” que es El mismo, el “agua viva”.

Jesús se muestra sediento, pero más del amor que del agua que pide. Amor que es El mismo y que ya se ha entregado, esperando sólo la respuesta consciente de quien (aún sin saberlo) lo busca con sincero corazón. -Sin olvidarnos de san Pablo que hoy, en su carta a los Romanos (Rm.5, 1-2 . 5-8) y con suma brevedad, nos resume admirablemente el misterio del Bautismo como un “derramarse el Espíritu” simbolizado en el mismo por el agua, y la causa de la purificación y justificación: “la muerte redentora de Cristo”, terminemos nuestra reflexión dejando que sea santa Teresa de Calcuta quien nos complete esa “entrada” en las profundidades del Amor.

Escribiendo a sus misioneras, nos dice Madre Teresa: “TENGO SED. Esta es una palabra mucho más profunda que si Jesús os hubiera dicho simplemente: OS AMO. Mientras no sepáis, y de manera muy íntima, que Jesús tiene sed de vosotras, os será imposible saber qué es lo que El quiere ser para vosotras; ni tampoco qué es lo que quiere que seáis para El. La sed de Jesús escondida en los pobres. Saciar la sed de Jesús viviente entre nosotros es nuestra única razón de ser y nuestro único objetivo”. Jesús tiene sed de nuestra sed para que podamos amarlo con su amor.

 

COMENTARIOS


Comentario
*El Administrador de la Nueva Nacion se reseva el derecho de no aprobar comentarios inapropiados.
 
Missing Image