LAMENTO DE UN GUAJIRO CUBANO EN ASTURIAS

Por Efraín Canella

(Nota del Editor: Un poeta con el corazón tan grande que le sobra para amar con la misma intensidad a Cuba y a España)

Donde yo nací canta el sinsonte

en los gajos de altivos marañones

y nunca se perturba el horizonte

con telón de negros nubarrones.

Juguetean las garzas bullidoras

en el claro dosel de la laguna

y se mecen las palmas gemidoras

heridas por el brillo de la luna.

Donde yo nací la primavera

engalana de aves la campiña,

se recubre de aromas la pradera

que regala las flores de la piña.

Es la noche verbena de colores

tachonada de ricas pedrerías,

la mañana se rompe en mil primores

como heraldo feliz de un nuevo día.

Se abrazan a las aspas del molino

los flecos de las brisas reposadas

y se escucha en el rumbo del camino

el rodar de carretas fatigadas.

Brillante el sol se asoma mañanero

alumbrando el paisaje adormecido

cuando inicia su afán el carpintero

sobre un tronco de palma dolorido.

Manso el buey en lo hondo del potrero

descansa de sus lides fatigosas

y en el trillo escondido del lindero

se reunen inquietas las tojosas.

El campo en que nací es un dechado

de luces, trinos y de sol luciente

y hay un soplo de brisa descuidado

reposando en los brazos del ambiente.

Revuelan altaneras mariposas

las cumbres más altas del bohío

y un concierto de palmas rumorosas

se dilata del valle al lomerío.

Allá donde nací crece el mamey

bajo un cielo azul alborotado

y se alza garboso el curujey

del estero en el borde recostado.

Soliviantan frondosos guayabales

pericos y cotorras parlanchines

y asaltan los tupidos maniguales

bandadas de amarillos tomeguines.

Rumor de besos y batir de alas

todo es lo propio de mi tierra firme,

resumen de caricias y de galas

para adornar amores imposibles.

¡Allá donde nací no he de morirme,

y esa es la pena que lacera mi alma,

porque quisiera con el sol dormirme

a la sombra amorosa de una palma!

Gijón, Asturias, España, marzo de 2012.

 

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