LA VIRGEN DE LA CARIDAD EN CUBA Y LOS ESTADOS UNIDOS

Por el Dr. Salvador Larrúa Guedes.

 

 

EL OBISPO AUXILIAR DE CUBA, MONS. DIONISIO REZINO Y ORMACHEA, PRIMERO EN FUNCIONES EN TERRITORIO DE ESTADOS UNIDOS, Y LA VIRGEN DE LA CARIDAD

 

 

Presentación de Mons. Dionisio Rezino, primer Obispo de la Florida

 

A la muerte del gran prelado Diego Evelino y Hurtado, Compostela, lo sucedió en la sede cubana como Provisor y Vicario General de la Diócesis de Cuba el Ilmo. Sr. Dr. Don Dionisio Rezino y Ormachea, hijo legítimo de Don Juan Rezino y Doña Aldonza de Ormachea, natural de San Cristóbal de La Habana, donde nació a fines de octubre de 1645, según consta en su partida de bautismo[1]. Inclinado al estudio desde la más tierna edad, se educó en Méjico, ocupando una de las becas del Colegio de los Comendadores en San Ramón, fundado por el Obispo Fray Alonso Enríquez de Toledo (o de Armendáriz), quien ocupó la mitra cubana desde 1610 hasta 1624.

 

Graduado de Licenciado en Cánones en aquel colegio, probablemente recibió en él las órdenes sagradas. Al volver a Cuba fue nombrado en 1674 teniente de cura de la Parroquial Mayor de San Cristóbal de La Habana, cargo que desempeñó durante siete años, siendo nombrado en 1682 cura beneficiado interino y al año siguiente designado por Su Majestad Cura Rector de las parroquias de la capital cubana.

 

En 1700 el Obispo Compostela lo nombró su Provisor y Vicario General, y en los primeros meses de 1704 le encargó que realizara la Visita Pastoral a las iglesias regidas por el clero secular y a las misiones y doctrinas dirigidas por los franciscanos, en Cuba y en la Florida. Es posible que en este momento, Mons. Rezino hiciera contacto con indios conversos de la Florida que profesaban gran devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba.

 

La Virgen de la Caridad del Cobre llega a la Florida

 

La Virgen de la Caridad llegó a la Florida en algún momento del siglo XVII, y los franciscanos se encargaron de difundir su devoción entre los indios conversos de las misiones. Los franciscanos que venían de España destinados a las doctrinas de la Florida se aclimataban en la escuela de misioneros radicada en el Convento Franciscano de La Habana. Allí, en contacto con los frailes cubanos y con las costumbres de la isla, deben haber conocido a la Virgen cubana por excelencia, lo que no debe haber tardado mucho porque desde su aparición en 1612 en la bahía de Nipe, fue un franciscano el encargado de reconocer la imagen, eran franciscanos los que servían la Parroquia de la villa del Cobre donde la imagen permaneció por tres años, y después los frailes cargaron, hasta el día de hoy, con la honrosa encomienda de ser compañeros y custodios de la Virgen de la Caridad.

 

Por otra parte, ya son varias las pistas que confirman que los indios de la Florida tenían a la Virgen de la Caridad entre sus devociones principales. En la Misión de San Juan se ha encontrado una pequeña imagen de metal dorado, de apenas 3 centímetros, que se corresponde con la Virgen del Cobre, aunque es necesario verificar esta información.

 

Otras pistas indican que en el año 1706, o tal vez desde 1705, en la Misión de San Luis, donde los franciscanos atendían unos 140 indios conversos agrupados en torno a la pequeña iglesia y convento de madera de palma, se fundó una Cofradía de la Virgen de la Caridad que agrupaba a todos los indios de nación apalache residentes en aquella doctrina[2]. Es posible que en el momento en que Mons. Dionisio Rezino realizó su Visita Pastoral, que tuvo lugar en 1705, ya estuviera funcionando la Cofradía, que probablemente no era la única existente en el sistema de misiones.

 

Las milicias cubanas que vinieron a la defensa de la Florida en 1705 bajo el mando del capitán Esteban Berroa llevaban una escarapela con la imagen de la Virgen de la Caridad y deben haber contribuido a difundir la devoción entre los indios conversos que tomaban parte en los combates para defender San Agustín y las misiones, como tropas auxiliares. En 1708, el sargento mayor y el alférez de estas tropas destacadas en la Florida, de acuerdo con el síndico Joseph Ventura, la primera Cofradía de la Virgen de la Caridad que existió en La Habana y que tuvo por sede la Iglesia del Espíritu Santo[3]. En este momento, ya Mons. Dionisio Rezino había sido consagrado Obispo Auxiliar de Cuba con sede en la Florida, y tanto por esta causa como por su profundo conocimiento de todos los hechos de la iglesia, con toda seguridad conoció la fundación de la Cofradía.

 

¿Cómo era la devoción a la Virgen de la Caridad entre los indios de la Florida? Una carta del gobernador de San Agustín, Manuel Montiano, dirigida en 1738 al capitán general de Cuba, Don Francisco de Güemes y Horcasitas, informa la conducta heroica del cacique Juan Ignacio de los Reyes, de nación ibaja, en la defensa contra la invasión del general inglés James Oglethorpe. El indio era devoto de la Virgen de la Caridad y le hizo la promesa de defender el territorio, lo que hizo de forma muy meritoria. Pero no quiso ser enviado a La Habana para recibir una recompensa del capitán general, según escribió Montiano, porque su promesa era una muestra de su amor a la Madre de Dios, la Virgen de la Caridad, y no quería manchar esa promesa recibiendo recompensas de ningún tipo...[4]

 

Como es natural, Mons. Dionisio Rezino y Ormachea conoció muy bien el impacto que causó la Virgen de la Caridad entre los indios de la Florida. La fisonomía morena de la Virgen seguramente contribuyó mucho a la gran simpatía que los indios de la península le profesaron, igual que sus hermanos de Cuba.

 

Obras del Obispo Dionisio Rezino

 

Antes de ser Obispo fue encargado, también por Compostela, de la construcción del Convento de Santa Catalina de Sena, que comenzó en 1680, en 1698 se terminaron las obras, y la inauguración solemne tuvo lugar en el 1700. El Ilmo. Rezino entregó a su sucesor, el Obispo Don Jerónimo Valdés, de la Orden de San Basilio, la cantidad de 1300 pesos que le quedaron de esa obra. Además, Rezino contribuyó con su propio peculio a la construcción del Colegio San Ignacio de la Compañía de Jesús, después llamado Colegio San José, antepasado directo del Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

 

El Iltmo. Dr. Don Dionisio Rezino era un hombre sensible, sumamente humilde, que brillaba por su modestia y por su inmensa humildad, así como por su inagotable caridad y la bondad, la generosidad y el amor al prójimo que lo caracterizaron desde la niñez hasta el último momento de su vida.

 

Después de la muerte de Don Diego Evelino y Vélez Hurtado de Compostela el 29 de agosto de 1704, Don Dionisio Rezino fue sucesivamente cura Provisor de la Catedral, Canónigo beneficiado, y Vicario General. Poco tiempo después fue nombrado por el Deán y el Cabildo de la Catedral como Gobernador y Administrador Apostólico de la Sede Vacante mientras se sucedían los gobiernos de los Capitanes Generales Chacón y Chirino.

 

Propuesto por el Patronato Regio para Obispo Auxiliar de la Diócesis de Cuba, fue el primer cubano que obtuvo la dignidad episcopal de la misma con el título de interino. El 2 de mayo de 1707 (y no de 1709 como escribe el historiador Arrate) fue consagrado en la ciudad de Mérida, Yucatán, como Obispo de Adramite in partibus infidelium, y como Obispo Auxiliar de la Diócesis de Cuba. hasta que en 1709 fue designado para dirigir la Iglesia en las Provincias de la Florida, por lo que también fue el primer prelado actuante en la historia de la Iglesia Católica que peregrina en tierras de los Estados Unidos:

 

...año 1708, estuvo en esta ciudad el Iltmo. Sr. D. Dionisio Rezino, Obispo in partibus infidelium, Adamitense, y Auxiliar del de Santiago de Cuba, y los días 11 y 12 de marzo celebró órdenes con licencia del Iltmo. Diocesano, en el Monasterio de Monjas Concepcionistas, confiriendo el diaconado y presbiterado, así á sujetos de Santiago de Cuba como a algunos domiciliarios de aquí que debían ordenarse en aquella fecha[5]

 

 

Mons. Dionisio Rezino, a cargo de la Iglesia en la Florida

 

El Iltmo. Dr. Dionisio Rezino y Ormachea, Obispo Auxiliar de la Diócesis de Cuba y titular de Adramite, fue enviado también como Obispo Auxiliar para regir desde el punto de vista eclesial el territorio de la Florida, adonde viajó en 1709. Apenas había transcurrido un año desde su consagración en Mérida cuando el prelado se presentó en San Agustín para convertirse en el primer Obispo de la Iglesia Católica que ejerció su ministerio en tierra de los actuales Estados Unidos de América.

 

Un terrible cuadro de desolación y espanto se presentó ante sus ojos cuando llegó a la pequeña ciudad que había sido desmantelada por la furia de los ingleses y el salvajismo de los indios creeks. Solamente la antigua capilla de Nuestra Señora de la Soledad permanecía en pie, aunque con dolorosas afectaciones. Pero todo lo demás, todo lo que habían construido con tanto esfuerzo los franciscanos durante más de un siglo, había desaparecido entre las llamas: los indios habían muerto o desaparecido, y el Convento Franciscano de la Inmaculada Concepción no existía...

 

Al llegar a la Florida, el nuevo Obispo se encontró con la ciudad de San Agustín en ruinas; excepto la capilla de la Soledad, todo permanecía como lo habían dejado los ingleses, sin iglesia, sin convento, sin escuela, sin centros misioneros, sin indios para ser confirmados... el Obispo Rezino, ya anciano y totalmente desilusionado, (no tardó) y se regresó a Cuba[6]

 

El Obispo Dionisio Rezino, hombre sumamente humilde y modesto, virtudes de las que se glorió siempre, era ya un hombre anciano y gastado cuando emprendió una rápida Visita Pastoral recorriendo las Misiones y doctrinas franciscanas, durante la cual pudo constatar el grado de desolación y miseria que imperaba en ellas, y los inmensos trabajos que padecían los pobres frailes tratando de juntar sus rebaños de indios que habían quedado dispersos y temerosos, escondidos en los montes y las ciénagas, para hablar de aquellos que no decidieron pasar al territorio enemigo para garantizar sus vidas. Sólo Dios sabe con cuánto fervor puso en los manos de la Virgen María de la Caridad del Cobre el destino de los pobres indios que tanto la amaban, de los humildes franciscanos que dedicaron su vida misionera al servicio de sus hermanos los pobres para mayor gloria de Dios, de los indefensos e irreductibles colonos españoles...

 

Regreso del Obispo a Cuba

 

Al cabo de unos meses, el Obispo Auxiliar regresó a la Isla de Cuba, consumido por la tristeza. Sin dudas, la desolación que presenció lo afectó grandemente y aceleró el proceso de deterioro propio de la senectud.

 

Murió el 12 de septiembre de 1711, a los tres años de su consagración episcopal, contando 66 de edad[7]. Los franciscanos de San Cristóbal de La Habana, hijos del Convento de la Purísima Concepción, encargaron a Fray Juan Tomás Menéndez[8], habanero, entonces Lector de Prima de Sagrada Teología y Comisario de la Tercera Orden de Penitencia del Convento, así como Examinador Sinodal del Obispado de Cuba, la oración fúnebre del dignísimo Dionisio Rezino y Ormachea, primer Obispo en funciones de la Florida, que realizó su Visita Pastoral en las condiciones más dramáticas y desalentadoras, lo que para siempre agradecieron los seráficos de la Provincia de Santa Elena. El elocuente sermón fue impreso en Méjico a expensas del Oficial de la Real Hacienda Don Martín de Veitía, y su título exacto es el siguiente:

 

Sermón Predicado en las honras del Ilustrissimo Señor D. Dionisio Rezino Obispo de Andramite y auxiliar de la Florida. Por el R. P. Fr. Juan Thómas Menendes del Orden Seraphico Lector de Prima de Sagrada Theologia Examinador Synodal del Obispado de la Havana, y Comissario del Tercer Orden de Penitencia en su convento de dicha ciudad, en el dia 26 de Septiembre, en el Convento de Señoras Religiosas Recoletas de Santa Catharina de Sena. Año de 1711. Sácalo á luz, y lo dedica á la mui Noble, y mui Leal Ciudad de San Christobal de la Havana su Patria. El Sr. D. Martin de Veytia y Albis, Contador, Juez Oficial, que lo fué por Su Magestad, de las Caxas de dicha Ciudad, y al presente de las mismas de Veracruz, y Puerto de San Juan de Ulua...[9]

 

El Iltmo. Dr. Don Dionisio Rezino y Ormachea, Obispo de Andramite y Auxiliar de la Florida, primer prelado en funciones en territorio de los Estados Unidos, fue sepultado en el presbiterio de la Iglesia de Santa Catalina.

 

Allí, en el muro del lado del Evangelio, del altar mayor al nivel del piso, se encontraba una lápida de mármol blanco en la que, debajo de las armas del Obispo Rezino, circundadas por los atributos episcopales, se encontraba esta inscripción latina que describe con mucha precisión a la persona cuyos restos descansaban en la tumba:

 

 

 

Rvbescat ne forte Pallidvs Cinis

Qvi svo tantvm gloriaebatvr in cinere

Migravit a lvce die 12 septembris

An. 1711. Ætatis svae 66. Episcopatvs 6.

 

Que se traduce así: Dr. D. Dionisio Rezino. Obispo de Adramite. Primero de la Patria. Primer auxiliar cubano de la diócesis. Primero para todos, último para sí. Basta de alabanzas. Fue hecho primero porque se hacía último. Baste de alabanzas no sea que su pálida ceniza se avergüence porque sólo se gloriaba de su pequeñez. Murió el día 12 de septiembre del año 1711, a los 66 años de edad y 6 de episcopado.

 

 

 

VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

SIGNIFICADO E IMPORTANCIA DE LOS DOCUMENTOS NUEVOS

ENCONTRADOS EN EL ARCHIVO DE INDIAS

SEGUNDA PARTE

 

Dr. Salvador Larrúa

 

¿Qué es la Virgen de la Caridad para los cubanos?

 

En cualquier casa de Cuba encontramos retratos de familia que pueden verse en las paredes de la sala y de las habitaciones interiores, de la misma forma que en la inmensa mayoría de las viviendas está presidida por una estampa, un cuadro o una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, muchas veces colocada sobre un pequeño altar cubierto de flores frescas. Mientras que los retratos y las fotos familiares nos recuerdan los parientes cercanos, los cuadros e imágenes de la Madre de Dios, nuestra siempre venerada, amada y respetada Virgen María de la Caridad, nos hace pensar en la Reina y Madre de todos los cubanos, que es al mismo tiempo la Patrona de nuestra Nación y forma parte indisoluble de nuestra existencia como pueblo.

 

Es posible que la Virgen se encuentre muy lejos geográficamente, porque se la venera en su Santuario del Cobre. Por tanto, no se trata de un pariente cercano, pero su presencia en un sitio principal de la mayoría de los hogares cubanos es un hecho que no se discute. La imagen en la que se concentra el amor de todo el pueblo religioso de Cuba, que es la abrumadora mayoría, tiene sólo 35 centímetros de alto. No habla. No emite ningún sonido. Sin embargo, existe una comunicación misteriosa con Ella, y por eso nuestro corazón la escucha. Por eso los cubanos no se sienten satisfechos hasta que van al Santuario del Cobre y se ponen de rodillas para rezar a la Madre del Cielo. Por eso, desde hace cuatrocientos años, multitudes de peregrinos viajan para visitarla cuando llega el 8 de septiembre y también por eso, cuando Ella deja su Santuario para visitar a sus hijos recorriendo toda la isla, sus hijos salen en multitud a su encuentro, la acogen con cariño, velan y cantan y rezan junto a Ella, en una inmensa fiesta de Amor, de ese Amor infinito que es la Caridad, Reina de las Virtudes Teologales.

 

¿Por qué la inmensa devoción a la Virgen de la Caridad?
 
 
 
 
 
 
Realmente es difícil explicarlo con palabras.

 

El 10 de octubre de 1868 comenzó la Guerra de los Diez Años y que la bandera de la enseña solitaria, hecha con la tela del altar de la Virgen de la Caridad que se veneraba en la casa de Carlos Manuel de Céspedes, arrastró tras de sí a miles y miles de cubanos que la siguieron, casi todos desarmados, mal vestidos y hambrientos, que para conquistar la victoria ponían su esperanza en la querida Señora que imperaba en el Santuario del Cobre. Treinta años duraron las guerras por la independencia de Cuba que terminaron de la misma forma que comenzaron: a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre

 

El por qué no lo conocemos. Pero tenemos conciencia absoluta de que los más importantes momentos de la Historia Nacional cubana están vinculados a la Virgen de la Caridad, sí sabemos que está presente en boca de todos para rogarle y darle las gracias, y que hasta los más descreídos la respetan, que todos se descubren a su paso.

 

También sabemos que esta advocación mariana que se presentó a nosotros en un amanecer de 1612 con el nombre de la Virgen de la Caridad, fue preferida por el pueblo y desplazó a segundos y terceros lugares a otras representaciones de la Virgen María, Madre de Dios.

 

Sabemos que los humildes habitantes del pueblo del Cobre entendieron que su vida se hizo más llevadera desde que la Virgen comenzó a reinar primero en la ermita del cerro de las minas y en su Santuario después. Ellos fueron los primeros esclavos de Cuba que pudieron tener tierras, cosecharlas y sembrarlas, criar animales, comerciar con los subproductos de las minas, armarse y formar milicias, elegir alcaldes y concejales, tener ayuntamiento propio y decidir su gobierno. Eran esclavos sólo nominalmente y fueron los primeros en ser declarados libres oficialmente, 87 años antes del cese oficial de la esclavitud en Cuba. Y todos los esclavos de los alrededores miraban al Cobre, y veían en ellos un ejemplo a seguir. Y como ellos manifestaban que todo lo debían a la Virgen, muy pronto todos los habitantes del territorio oriental de la Cuba siguieron el ejemplo de los cobreros y amaron y veneraron a Nuestra Señora de la Caridad.

 

Sabemos que ninguna advocación mariana tiene tantas iglesias en Cuba como la Virgen de la Caridad. Sabemos que en apenas cien años todo el territorio de la isla se cubrió de iglesias, ermitas y altares donde fue entronizada.

 

Sabemos que la Virgen se convirtió en el Primer Símbolo de nuestro catolicismo de la misma forma que fue nuestra Primera Catequista, nuestra Primera Misionera, nuestra Primera Peregrina anunciando en todas partes la Resurrección.

 

Sabemos que Ella presidió el comienzo y el final de las Guerras de Independencia.

 

Sabemos que nuestros gloriosos veteranos suplicaron al Papa que la nombrara Patrona de Cuba.

 

Que como tal fue coronada dos veces.

 

Que su Santuario es lugar sagrado de peregrinaciones de miles y miles de personas que no han cesado en cuatro siglos.

 

Que sus Peregrinaciones por la isla y sus Visitas Nacionales convocan a todo el pueblo y se convierten en multitudinarios actos de amor.

 

Tenemos conciencia de que todos los cubanos respetan y veneran a la Virgen.

 

¿Qué hicimos para merecer tanto amor de la Virgen?

 

Dios debe haber escogido al pueblo de Cuba para realizar grandes designios y mostrar grandes ejemplos, y con su infinito amor nos ha sometido a grandes pruebas. No, no se trata de desgracias. Las pruebas fortalecen a los pueblos, como el agua tiempla el hierro y lo convierte en acero. ¿Tal vez Dios está forjando al pueblo de Cuba para un destino muy grande...?

 

Durante toda su vida colonial Cuba, sola en medio del mar, estuvo rodeada de enemigos y fue constante blanco de piratas y corsarios durante trescientos años. Punto crucial de las Antillas, Llave del Golfo, Antemural de las Indias, Cuba siempre estuvo en la mira de las mayores ambiciones. La paz de los grandes virreinatos como Nueva España, Perú o Nueva Granada, fue alterada pocas veces. Ningún ejército extranjero, en la etapa colonial, tocó a sus puertas. Los bandidos del mar nunca llegaron a México o a Lima, a Buenos Aires o a Santiago de Chile, y Bolivia durmió siempre tranquila en el centro de América del Sur.

 

En 1762 los ingleses lanzaron contra Cuba la armada y el ejército más grandes que hasta ese momento marcharan contra América: tomaron La Habana, pero no lograron conquistar la isla. En 1868 y 1895, España lanzó contra Cuba todos sus ejércitos: un cuarto de millón de hombres, seis veces más que los que operaron contra las fuerzas Hidalgo, Bolívar, San Martín y Sucre, que por cierto eran las tropas de todo un continente en lucha contra la Metrópolis. Pero la pequeña Cuba tuvo que luchar y vencer sola al enemigo. Creo que si pudo hacerlo fue sólo porque la Virgen de la Caridad velaba desde entonces por nosotros.

 

Y lo hizo antes, y lo sigue haciendo ahora igual que lo hará siempre. No importa que el enemigo comunista se apoderara de la isla en 1959, porque nunca pudo destronar a la Virgen de la Caridad. La Virgen de la Caridad estuvo, está y estará en el corazón de todos los cubanos. Lo vimos durante las sesiones del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, lo presenciamos en las misas que ofició Su Santidad Juan Pablo II en 1998, cuando la Virgen fue coronada por segunda vez ante todo un mar de pueblo. Y para que no quede ninguna duda de que la Virgen ha ganado la batalla por el corazón de sus hijos, ahí tenemos la Peregrinación Nacional que actualmente recorre toda la isla presidida por la Virgen de la Caridad, Reina y resumen de las virtudes teologales, que viaja acompaña por la fe y la esperanza para que todos sus hijos abramos el corazón a Jesucristo.

 

No cabe duda de que Cuba es la tierra de la Madre de Dios, como dijo Su Santidad el 24 de febrero de 1947, al dirigirse por radio a nuestro pueblo. Es posible que muchos de nosotros, los cubanos, no nos percatemos de lo importante que es la Virgen de la Caridad para nosotros. Es posible que desgarrados por muchas penas, sufriendo grandes dolores, algunos piensen que la Virgen se alejó de sus vidas. No es así. Lo que debe considerar es que las cosas habrían sido mucho peores si Ella no hubiera estado presente con su consuelo maternal...

 

Su Santidad Benedicto XVI, el 19 de octubre de 2008, dijo estas palabras proféticas a la Virgen:

 

Si tú no quisieras ayudarnos, porque somos hijos ingratos y no merecemos tu amparo, no sabríamos a quién dirigirnos[10].

 

Significado e importancia de los documentos sobre la Virgen de la Caridad que se conservan en el Archivo General de Indias
 
Sólo el hecho de confirmar que a lo largo de casi trescientos años se acumularon en el Archivo de Indias miles y miles de documentos que nos cuentan de muchas formas la historia de la Virgen de la Caridad, basta para tener una idea de la inmensa repercusión que tuvo el hallazgo de 1612 en Nipe y del poder de convocatoria de la pequeña imagen que se adueñó del corazón de los cubanos. Multitud de papeles en que los habitantes del Cobre explican a los reyes que sus progresos y sus fueros se deben a la presencia entre ellos de su gran benefactora, la Virgen, cientos de documentos eclesiásticos de capellanes, obispos, miembros de la jerarquía y del cabildo catedral que nos hablan de pruebas testificales, permisos para levantar iglesias y capillas, para erigir altares, realizar procesiones, fundar cofradías, remodelar el Santuario, disposiciones de reyes y prelados, litigios con extranjeros que quisieron apoderarse de los terrenos del Santuario de la Virgen, proclamaciones de libertad de esclavos, testimonios milagros en tiempos de epidemias, sequías, ciclones y terremotos, inventarios reales, edictos y decretos civiles y eclesiásticos, papeles de las guerras de independencia de Cuba...

 

Todos estos papeles son testigos del pasado que nos hablan en el presente. Abruman por su infinita cantidad y variedad. Nos hablan de la fe y la devoción a la Patrona de Cuba que desde el primer momento de su aparición y a lo largo de toda la historia han ido creciendo, se han expandido, llenaron primero los confines de la isla y se esparcieron después invadiendo los sentimientos del pueblo, hasta que la Virgen de la Caridad llegó a convertirse, hasta ahora y para siempre, en el alma de Cuba.

 

 

 

 

 



[1] Archivo de la Catedral de La Habana (antes Parroquial Mayor). Libro 3º de Bautismos de Españoles, folio 276 v.

[2] Información procedente de Georgia Historical Society, Atlanta, GA. En este momento se realiza una consulta-investigación en busca de más detalles.

[3] Archivo General de Indias (AGI). Santo Domingo, leg. 417, todo este asunto

[4] Letters of Montiano, Siege of St. Augustine. Collections of the Georgia Historical Society (Savannah, 1909), pp. 20-43, Topping 1978: xv-xvi (Cartas de Montiano, Sitio de San Agustín. Colecciones de la Sociedad Histórica de Georgia (Savannah, 1909), pp. 20-43, editada en 1978: xv-xvi. Ver: Cf. Landers, Jane. An Eighteenth-Century Community in Exile: The Floridanos in Cuba. Department of History, Vanderbilt University, Nashville, TN

 

[5] Revista Habanera del 10.II.1914, según carta de Mons. Pedro Baldomero Morcilla, Mayordomo del Arzobispado de Mérida, al Pbro. Dr. Santiago Saíz de la Mora. También figura en la Historia del Obispado de Yucatán, del Sr. Obispo Carrillo y Ancona, p. 688

[6] Figuero del Campo, Cristóbal. Franciscanos en la Florida. Miami, 2003, p. 163

[7] Le Roy y Cassá, Jorge. Historia del Hospital de San Francisco de Paula. La Habana, 1958, p. 98

[8] Fray Juan Tomás Menéndez fue Provincial de Santa Elena algunos años después, en 1722. Trabajaba en la ciudad de San Agustín desde 1721 con el título de Padre Inmediato. Cuando terminó su período de Provincial regresó a San Cristóbal de La Habana como superior del Hospicio de San Isidro. Fue nuevamente Provincial en 1762, ya muy anciano, justo en el momento en que los ingleses tomaron la ciudad de La Habana. Muy amigo del Obispo Auxiliar Rezino y de su familia, le tocó también pronunciar la Oración Fúnebre de Doña Aldonza de Ormachea, madre de Dionisio, que falleció un año después de su hijo, en 1712.

[9] Trelles. Bibliografía Cubana de los Siglos XVII y XVIII, Segunda Edición, La Habana, 1927, p. 14

[10] Benedicto XVI en Pompeya, 19-10-2008

 

 

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