DEFINICIÓN DE PRESIDENCIABLE

Hugo J. Byrne

Al ejercer el derecho al sufragio en cualquier elección o plebiscito, ¿cuál debe ser el criterio más sensato? El juicio de las decisiones colectivas es una de las más duras tareas para los historiadores. En el criterio de muchos ese análisis es una ridícula pérdida de tiempo. Pamplinas. Cuando los Nazis pactaron con los conservadores de Von Hindemburg durante la República de Weimar en Alemania, ¿fue ese un acontecimiento indiferente para el mundo? Entre ambos sectores políticos totalizaban más del 60% del voto alemán al comienzo de los años treinta. El resultado de esa coalición fue la Segunda Guerra Mundial y más de 50 millones de muertos, incluyendo el holocausto judío.

La noción de que no puede cuestionarse la decisión de la mayoría, se origina en la idea absurda de que la realidad no existe y que lo único tangible es la percepción. El poeta Ramón de Campoamor sentenció: “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Buena inspiración. ¿Fin del debate?.

No. Entre la percepción y la realidad hay una brutal relación de causa y efecto, pero esa relación no desvirtúa la realidad. He oído mil veces el machacado ejemplo del vaso mediado, medio vacío o medio lleno, de acuerdo a la opinión de cada quien. Ejemplo superficial, porque la comparación implica la presencia de un vaso conteniendo agua: ese es el hecho real que no puede ignorarse, aunque ni se mencione.

En el criterio de la mayoría de los medios y quizás de la gente, Obama, además de ser Ejecutivo en funciones, es muy “presidenciable”. ¿Qué quiere decir la palabra “presidenciable”? El término existe en castellano. El diccionario lo define como alguien quien puede ser presidente. Las condiciones para poder aspirar a la presidencia de Estados Unidos están definidas por la ley.

¿Quién es presidenciable? Ese es otro debate. Nos aseguran los “expertos en política” que se trata de alguien con talento escénico, quien se mueva con soltura ante las cámaras y sea capaz de leer de un “teleprompter” con la naturalidad con que se improvisa un discurso. Creo que eso define a un “presentador” de televisión, no a un “presidenciable”.

¿Debe ser presidenciable quien con olímpica arrogancia afirme que el gobierno de Estados Unidos no encara problemas económicos como resultado de una impagable deuda nacional? Olvidémonos para facilitar el debate el hecho de que Obama cuando aspiraba a presidente criticó sañudamente esa práctica: la creciente deuda y los presupuestos deficitarios constituyen ahora la mayor amenaza existente a nuestra seguridad nacional. Amigo lector, esto no lo afirma sólo un servidor suyo, sino también Leon Panetta, Secretario de Defensa en la administración que preside Obama.

¿Es presidenciable alguien quien sin la ayuda del texto de un “teleprompter”, no sepa que la Unión Americana abarca sólo 50 estados, que en Austria se habla alemán, o ni siquiera si está hablando ante un auditorio de seres vivos o de fantasmas? Nada de esto me fue contado. Lo presencié y no lo olvido. Tanto puede decirse de la extraordinaria “elocuencia”, e inigualables capacidades intelectuales del Presidente Barak Hussein Obama.

Para la escoria que ha dado en llamarse “main stream press” (New York Times, Washington Post, Los Ángeles Times, Miami Herald, ABC, NBC, CBS, MSNBC, CNN, etc.) esas profundas lagunas de un conocimiento básico normalmente adquirido en la escuela primaria no descalifican a nadie como “presidenciable”, siempre y cuando su ideología coincida con la línea editorial. Lo que sí es problemático para ser considerado presidenciable por esta gentuza es beber agua en medio de un discurso, cuando el orador supuestamente sea alguien opuesto al crecimiento irrestricto e ilegal del poder ejecutivo.

Interrumpir un discurso político u otra actividad similar para saciar una necesidad urgente puede variar de acuerdo al temperamento del individuo, las condiciones ambientales y el grado de urgencia. Theodore Roosevelt ni se inmutó cuando fue herido seriamente tras un atentado contra su vida en medio de un discurso electoral. El General Charles de Gaulle lentamente marchó erguido por 63 yardas hasta su sitio de honor en la Catedral de Notre Dame en medio de una lluvia de plomo, cuando la liberación de París (1944). Uno de los ministros del gobierno, Andre Le Troquer, viendo al resto de la feligresía tirada en el suelo comentó abochornado: “Veo más cu..s que caras”.

Esos son ejemplos extremos. Cualquiera que sea la opinión política que tengamos sobre ellos, retrospectivamente nadie discute la “presidenciabilidad” de estos líderes del pasado. Por contraste, muchos personajes públicos han interrumpido temporalmente actividades por causas menos apremiantes, sin merma de su aptitud para el desempeño de sus aspiraciones.

La campaña mediática contra el Senador por Florida Marco Rubio está en “full swing”, como dicen aquí. Es un disco bien rayado. Rubio durante su discurso se vio en la necesidad de beber un trago de agua y tuvo que inclinarse para alcanzar la botella. El error, si lo hubo, sólo fue de quienes prepararan el escenario. Un comentarista “liberal” afirmó que el mensaje de Rubio era gastado y sediento. Un payaso pedante de la televisión de habla hispana dijo que su verdadera “sed” es sólo de poder. El joven senador en el día de su respuesta al “State of the Union” sufría un caso común de garganta seca. ¿Y qué? Diferenciándose de Obama la mente de Rubio continúa siendo una fuente de ideas que fluye copiosa. Por eso la desvergonzada prensa liberal trata de neutralizarlo con el ridículo. Sin embargo, a diferencia de lo que pudieron hacer con Sarah Palin en el 2008, este tiro es más largo.

 

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