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Dos imágenes recientemente
reflejadas por la prensa destacan el grado de rechazo que hay contra los
cubanos en algunos pueblos latinoamericanos.
Uno en Ecuador, al ver como
algunos ecuatorianos les gritaban a los cubanos que se fueran de ese país a
raíz de una medida del gobierno de Rafael Correa restringiendo las visas a
los cubanos. Una veintena de cubanos fueron deportados entre llantos y lágrimas,
al ver tronchados sus sueños de escapar de la dictadura.
La otra noticia viene de
Venezuela, donde la indignación popular y el rechazo en contra de los cubanos
se incrementa a causa de la injerencia desmedida de los castristas en los
asuntos internos de ese país. Una intromisión que llega al punto de hacer
ondear la bandera cubana en las astas
de edificios públicos y recintos militares en el lugar donde debería izarse
la bandera venezolana. En este caso en
particular, resulta dramático, pues la intromisión del régimen castrista ha
sido tal, que han dirigido e impuesto desde La Habana, al sucesor del
dictador Hugo Chávez.
Definitivamente, no hay nada
que indigne mas a un pueblo soberano, que ver a políticos y militares
extranjeros invadir su suelo, y determinar por ellos el destino de su país.
En honor a la verdad, el
pueblo cubano, que es un pueblo cautivo y oprimido, no es responsable esas
intromisiones flagrantes a la soberanía de otros pueblos, sino la política
imperialista, que desde sus comienzos, adoptó la dictadura de los hermanos
Castro.
Los cubanos de a pie, que
somos la mayoría del pueblo, nos abochorna, avergüenza e indigna, que el
tirano Castro interfiera, violente e invada la soberanía de otros pueblos.
Desde los comienzos de la
dictadura de los hermanos Castro, han invadido militarmente otros países y se
han entrometido políticamente en los
asuntos internos de otras naciones. Unas intervenciones injustas que
en ocasiones, ha costado miles de vidas al pueblo de Cuba.
Tan temprano como el 14 de
junio de 1959 vimos como un grupo de cubanos, miembros de las fuerzas armadas
cubanas desembarcaron por Mamión en Venezuela, acompañando a guerrilleros
comunistas de ese país, equipados y entrenados por Cuba. Luego hubo otro
desembarco por la Playa de Tucaras, Estados Falcón en Julio de 1966, entre
los que desembarcaron esta vez, estaba en entonces capitán del ejército
cubano Arnaldo Ochoa. También volvieron a repetirlo en ese país por Machurucuto y Jinarapo en 1967, ocasión
en que el ejército venezolano capturó
cuatro oficiales del ejercito cubano entre los invasores.
En 1965, militares cubanos
dirigidos por el genocida Ernesto “Che” Guevara, crearon un frente
guerrillero en el Congo. Mas tarde en 1967, el mismo “Che” Guevara, con otros
oficiales del ejercito cubano, invadió
el territorio de Bolivia para crear otro frente guerrillero, que fracasó y le
costó la vida al sanguinario Guevara.
De 1970 a 1973 Cuba
intervino en Chile enviando grandes cantidades de armas para la organización
de milicias izquierdistas y oficiales de las Fuerzas Armadas de Cuba para
entrenarlos. Inclusive, uno de los escoltas de Salvador Allende lo fue el
entonces oficial de las Tropas Especiales cubanas, Patricio De la Guardia.
En la década del setenta y
ochenta, observamos como tropas cubanas intervinieron en Etiopia, Somalia, y
en Angola al mando del general Arnaldo Ochoa. Durante esa época y todavía
hoy, escuche de distintas personas, ex
- soldados y ex - médicos de la dictadura destacados en esos países, sobre
los rechazos por la población, --- por los angolanos y etíopes ---, que se
sentían invadidos por los soldados y funcionarios cubanos. Historias, muchas
veces acompañadas de las anécdotas dantescas sobre las masacres ejecutadas
contra las poblaciones civiles, sobre todo por las Tropas Especiales, elite
de la tiranía.
A lo largo de décadas, la
dictadura se esmeró en entrenar, apertrechar, asesorar a guerrilleros de las
FARC y el ELN en Colombia, a los Montoneros en Argentina, a los Tupac Amaru
en Uruguay, a los Sandinistas en Nicaragua, a los del Frente Farabundo Martí
en El Salvador, a los de Sendero
Luminoso en Perú. Inclusive dio refugio y asesoramiento a los terroristas de
la ETA de España y del IRA en Irlanda del Norte.
En Asia, en los sesenta y
setenta, hubo cubanos en Viet Nam a cargo de campos de concentración
torturando soldados americanos y en otras misiones militares, estas
inspiraron una canción del cantante del régimen Silvio Rodríguez, y cuya
letra leía “Madre, en tu día, tus muchachos siembran minas en Haiphong”.
Irónicamente, constantemente
escuchamos a los personeros del
régimen castrista tronar contra el “imperialismo yanqui”, al cual, como al
toti, se le echa la culpa de todos los males de la isla. ¿Pero acaso, a la
luz de los hechos irrefutables a lo largo de su historia, la política
exterior de la dictadura castrista no ha sido una de clásico imperialismo?
¿No es una burda violación de la soberanía de Venezuela que tropas cubanas
estén acantonadas en ese país , que sus mandos le den ordenes a los generales
y oficiales venezolanos , que los funcionarios cubanos controlen los
registros del censo e identificación, que le den instrucciones a los altos
funcionarios de Venezuela, que la bandera cubana sustituya a la venezolana en
las astas del país y que para colmo, le digan a los venezolanos quien tiene
que ser el presidente que suceda a Hugo Chávez, además de, como buenos
imperialistas , apropiarse de riquezas del invadido país para su beneficio (
el petróleo)?
Esquilmar las riquezas del
país invadido, es parte de la conducta imperialista. En Angola, los cubanos
saqueaban los marfiles y diamantes. En Venezuela, se roban el petróleo.
No hay diferencia cuando
observamos la clásica foto del rostro lloroso del francés el día que los
ejércitos de Hitler mancillaban el suelo galo. O la rabia del español en las
calles de Madrid el 2 de mayo de 1808 ante las tropas napoleónicas,
magistralmente recogidas en las pinturas de Goya.
¿Será que ahora el
estribillo de “Yankis go home” sea sustituido por el de “Cubanos fuera”? … Y
todo por la ambición de un tirano que hiere sin escrúpulos la dignidad de los demás pueblos del mundo, mancillando
sus suelos patrios.
Puedo comprender la tristeza
y la roña de aquellos invadidos por las tropas cubanas o por los funcionarios
entrometidos del castrismo, que toman decisiones que corresponden a los
nacionales de otros pueblos.
Confieso que me sentí
indignado cuando los rusos se llevaban las riquezas de Cuba, obligaban a nuestros jóvenes a pelear en
guerras ajenas y nos imponían sus tropas y
los dictámenes de sus funcionarios para sostener a un dictador en
contra de la voluntad del pueblo.
Confieso que me indigna que
usen a los ciudadanos de Cuba para mancillar la soberanía de otros pueblos, y
se los lleven a otras tierras a morir para satisfacer las desmedidas ansias
de grandeza de un tirano, aun a costa de que queden tendidos sobre suelo
ajeno, los jóvenes cubanos obligados servir ruin oficio de invasores, cual
inocentes víctimas de un imperialismo caribeño sin sentido.
La soberanía de los pueblos
es sagrada y nada justifica la conculcación del derecho de sus ciudadanos
a decidir su propio destino. Por eso
es condenable la política imperialista de la dictadura castrista. Y como así
quiero para mi patria respeto a su soberanía, exijo también, respeto para la
todos los pueblos.
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