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Es importante que entendamos la estrategia de Obama en las
negociaciones sobre el abismo fiscal.
No tienen nada que ver con la economía ni con una verdadera reforma fiscal.
Tienen todo que ver con política. Son la segunda etapa de la campaña política
de 2012. Las elecciones lo ratificaron en el cargo. Las negociaciones sobre
el abismo fiscal tienen por objeto
destruir la posición republicana y garantizarle una total supremacía
política. Algo que él se considera haber ganado con su margen de victoria de
2.8 por ciento el día de las elecciones.
Esta es la razón por la cual mandó al Secretario del Tesoro, Tim
Geithner, a que presentara a los republicanos no un esquema de negociación
sino la exigencia de una rendición incondicional. El Presidente de la Cámara
de Representantes, John Boehner, había hecho una oferta de paz de 800,000
millones de dólares en nuevos ingresos. Geithner, después de ignorar los
800,000 millones, exigió 1.6 MILLONES DE MILLONES (1.3 TRILLONES) en
impuestos, ofreció una risible reducción de gastos por debajo de los gastos
de un nuevo proyecto de estímulo para el 2013 y demandó que el Congreso
renuncie a su mandato constitucional y ponga en manos del presidente el poder
de aumentar por sí mismo el tamaño de la deuda nacional.
Boehner quedó paralizado y Mitch McConnell se rió a mandíbula
batiente. En tiempos más nobles, los republicanos le habrían dado a Geithner
una pistola y una apresurada cita en manicomio. Sin embargo, a la semana
siguiente, Boehner hizo otra proposición para reducir los gastos que también
fue rechazada por la Casa Blanca.
¿Qué es lo que está pasando? Después de despojar a Boehner de su
espada y de su camisa, Obama manda a Geithner a que le quite los pantalones.
Quizás esto es lo que quiere decir Obama cuando habla de un enfoque
equilibrado.
El presidente pretende que la oferta de Boehner para aumentar los
ingresos por medio de la reducción de las deducciones, en vez de aumentando
las tasas impositivas, es fiscalmente imposible. Pero el 22 de julio de 2011,
Obama dijo que era posible obtener ganancias adicionales en la cantidad de
1.2 MILLONES DE MILLONES (1.2 TRILLONES) sin aumentar las tasas impositivas.
Que esto podría lograrse con solamente eliminar lagunas impositivas, algunas
deducciones y poniendo en marcha un proceso de reforma fiscal. Esa es
exactamente la última oferta de los republicanos.
En cuanto a los efectos curativos sobre la deuda de las exigencias de
Obama de aumentar las tasas impositivas a los ricos, dicho aumento reduciría el déficit presupuestario de 2012
de $1.10 MILLONES DE MILLONES a $1.O2
MILLONES DE MILLONES. Un error garrafal o un chiste mal gusto.
La abundancia de esta sarta de
tonterías se debe a que el objetivo de Obama en estas negociaciones no es
económico sino político. No es solucionar la crisis de la deuda sino dividir
a la mayoría republicana en la Cámara de Representantes. Lograr que Boehner
se rinda, acceda a la aprobación del aumento de impuestos con ayuda de los
votos demócratas proporcionados por Nancy Pelosi y desatar una guerra civil
entre los republicanos.
No importa que Boehner sea despojado de la presidencia de la Cámara.
De todas maneras, los republicanos de la Cámara serán castrados y Obama
quedará en control del gobierno para convertir en realidad el estado
todopoderoso que es el centro de su ideología.
Este es el colmo de la política partidista. Nada más ni nada menos.
Obama jamás ha mostrado un verdadero interés en la reducción de la deuda. No
mueve un dedo en los primeros dos años de su gobierno. Y en los otros dos
ignora las recomendaciones de la comisión de reducción de la deuda nombrada
por él mismo. En menos de cuatro años ha aumentado la deuda pública de los
Estados Unidos en la proporción
alucinante del 83 por ciento. Como porcentaje del Producto Interno
Bruto--la mejor forma de medir la solvencia nacional--ha subido del 45 al 70
por ciento.
En ningún momento Obama ha sugerido en público reducciones estructurales a los beneficios garantizados
(entitlements). Por el contrario, ha creado un nuevo beneficio
garantizado--Obamacare_- que, según la Oficina del Congreso sobre
Presupuesto, aumentará los gastos en $1.7 MILLONES DE MILLONES.
¿Qué tiene el presidente en la cabeza? ¿No vislumbra Obama en el
horizonte un verdadero abismo económico--un colapso del tipo europeo
ocasionado por una deuda insostenible? Quizás, pero su mayor interés parece
ser completar su agenda de transformar radicalmente a los Estados Unidos en
una social democracia europea. Dejar en manos de sus sucesor--probablemente
un republicano-- la ingrata labor de aumentar los impuestos a la clase media,
sobre cuyos hombros caerá la responsabilidad de sanear la economía.
También es posible que a Obama le dé un ataque de religiosidad y
emprenda una reforma de los beneficios garantizados en este segundo período
de gobierno. Pero lo hará únicamente después de destruir a la oposición republicana,
para hacerlo de acuerdo con su agenda ideológica.
¿Qué deben hacer los republicanos? Dejar de hacer concesiones. Si
Obama persiste en su intransigencia dejarlo que sea él quién nos lleve al
abismo fiscal. Y acto seguido, hacer que la Cámara de Representantes, que
tomará posesión antes que el presidente, apruebe una restauración total de
las reducciones de impuestos implementadas por George Bush.
Obama responderá con su ritornelo de aumentarle los impuestos a los ricos, al tiempo en que los
mercados se estremecen y la economía se derrumba bajo sus pies.
¿El resultado? Estaremos de nuevo al comienzo del camino, pero con un
campo de juego más igualitario. Obama se verá obligado a confrontar un
aumento de la deuda y un límite de la misma a muy corta distancia. Sin
embargo, lo más importante es que los republicanos mantendrán su unidad y su
autoestima, además de sus pantalones.
IT'S NOTHING BUT A POWER PLAY
By CHARLES KRAUTHAMMER
WASHINGTON -- Let's understand President Obama's strategy
in the "fiscal cliff" negotiations. It has nothing to do with
economics or real fiscal reform. This is entirely about politics. It's Phase
2 of the 2012 campaign. The election returned him to office. The fiscal cliff
negotiations are designed to break the Republican opposition and grant him
political supremacy, something he thinks he earned with his landslide
2.8-point victory margin on Election Day.
This is why he sent Treasury Secretary Tim Geithner to
the Republicans to convey not a negotiating offer but a demand for
unconditional surrender. House Speaker John Boehner had made a peace offering
of $800 billion in new revenues. Geithner pocketed Boehner's $800 billion,
doubled it to $1.6 trillion, offered risible cuts that in 2013 would actually
be exceeded by new stimulus spending, and then demanded that Congress turn
over to the president all power over the debt ceiling.
Boehner was stunned. Mitch McConnell laughed out loud. In
nobler days, they'd have offered Geithner a pistol and an early-morning
appointment at Weehawken. Alas, Boehner gave again, coming back a week later
with spending-cut suggestions -- as demanded by Geithner -- only to have them
dismissed with a wave of the hand.
What's going on here? Having taken Boehner's sword, and
then his shirt, Obama sent Geithner to demand Boehner's trousers. Perhaps
this is what Obama means by a balanced approach.
He pretends that Boehner's offer to raise revenues by
eliminating deductions rather than by raising rates is fiscally impossible.
But on July 22, 2011, Obama had said that "$1.2 trillion in additional
revenues ... could be accomplished without hiking tax rates, but could simply
be accomplished by eliminating loopholes, eliminating some deductions and
engaging in a tax reform process." Which is exactly what the Republicans
are offering today.
As for the alleged curative effect on debt of Obama's
tax-rate demand -- the full rate hike on the "rich" would have
reduced the 2012 deficit from $1.10 trillion to $1.02 trillion.
That's a joke, a rounding error.
Such nonsense abounds because Obama's objective in these
negotiations is not economic but political: not to solve the debt crisis but
to fracture the Republican majority in the House. Get Boehner to cave, pass
the tax hike with Democratic votes provided by Minority Leader Nancy Pelosi,
and let the Republican civil war begin.
It doesn't even matter whether Boehner gets deposed as
speaker. Either way, the Republican House would be neutered, giving Obama a
free hand to dominate Washington and fashion the entitlement state of his
liking.
This is partisan zero-sum politics. Nothing more. Obama
has never shown interest in genuine debt reduction. He does nothing for two
years, then spends the next two ignoring his own debt-reduction commission.
In less than four years, he has increased U.S. public debt by a staggering 83
percent. As a percentage of GDP, the real marker of national solvency, it has
spiked from 45 percent to 70 percent.
Obama has never once publicly suggested a structural cut
in entitlements. On the contrary, he created an entirely new entitlement --
Obamacare -- that, according to the CBO, will increase spending by $1.7
trillion.
What's he thinking? Doesn't Obama see looming ahead the real
economic cliff -- a European-like collapse under the burden of unsustainable
debt? Perhaps, but he wants to complete his avowedly transformational
social-democratic agenda first, and let his successors -- likely Republican
-- act as tax collectors on the middle class (where the real money is) and
takers of subsidies from the mouths of babes.
Or possibly Obama will get fiscal religion and undertake
tax and entitlement reform in his second term -- but only after having
destroyed the Republican opposition so that he can carry out the reformation
on his own ideological terms.
What should Republicans do? Stop giving stuff away. If
Obama remains intransigent, let him be the one to take us over the cliff. And
then let the new House, which is sworn in weeks before the president,
immediately introduce and pass a full across-the-board restoration of the
Bush tax cuts.
Obama will counter with the usual all-but-the-rich tax
cut -- as the markets gyrate and the economy begins to wobble under his feet.
Result? We're back to square one, but with a more level
playing field. The risk to Obama will be rising and the debt ceiling will be
looming. Most important of all, however, Republicans will still be in
possession of their unity, their self-respect -- and their trousers.
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