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Después de haber contribuido a las victorias electorales del
Presidente Barack Obama y del congresista Joe García tuve la peregrina
esperanza de que El Miami Herald se tomara, como se dice en términos
vernáculos, unas bien merecidas
vacaciones. Las noticias manipuladas y los artículos corrosivos que
aparecieron en sus páginas demostraron una vez más que este periódico, más
que una equilibrada misión informativa, tiene una predeterminada y bien
definida misión ideológica.
La misión: promover ideas y
conceptos encaminados a crear una sociedad dependiente de un estado
todopoderoso que determine los niveles de éxito, una relativa igualdad
ciudadana y hasta las normas de convivencia entre los ciudadanos. La idea es transformar el individualismo
creativo en un colectivismo conformista. Al hombre libre en oveja
domesticada. Todos parte de un rebaño de ovejas iguales en la miseria y la
mediocridad. Todo lo contrario de las ideas y conceptos plasmados en la
constitución norteamericana por los padres fundadores de esta nación.
Bastó una información reciente sobre declaraciones del Senador Marco
Rubio para sacarme de mi error. El Herald y otros miembros de la prensa
parcializada que contribuyeron a la reelección de Obama no creen en
vacaciones cuando se trata de hacer campaña para adelantar su misión
ideológica. Tomando una página del libro de campaña de Obama, que nunca cerró
su sede en Chicago y comenzó sus actividades de reelección en el 2012 al día
siguiente de la toma de posición del presidente en enero de 2009, El Herald
ya inició su contribución de insidia y tergiversación a la campaña
presidencial de 2016.
Para ello, ni siquiera se molestó en cambiar de táctica. La
demonización de Mitt Romney les rindió fructíferos dividendos electorales en
2012. Por lo tanto, ¿para qué cambiar lo que funcionó a la perfección?
Demonicemos a Marco Rubio y empecemos lo más pronto posible, porque este
hombre podría convertirse en nuestra peor pesadilla en 2016. Bajo el título
de: "Rubio genera polémica al hablar sobre el creacionismo", El
Herald critica la afirmación de Rubio de que el origen de la Tierra "es
un gran misterio".
Al oponerse al dogma de la izquierda sobre la infalibilidad del
creacionismo, Rubio es presentado como un especie de cretino que, dicho sea
de paso, es apoyado por el Tea Party. Como de costumbre, el ácido corrosivo y
la puñalada trapera. Ni siquiera la afirmación ecléctica de Marco Rubio de
que "los padres deben tener el derecho de enseñar a sus hijos lo que
dice la fe y lo que dice la ciencia" le ganó la indulgencia de sus
detractores. Se fueron a las redes sociales y echaron mano a un comentario
donde alguien anónimo escribió: "Yo no estoy seguro si Marco Rubio es
católico o es santero". La prensa que publica estas tonterías para
promover una agenda ideológica no tiene ni pudor ni vergüenza.
Cualquiera con dos dedos de frente debe preguntarse: ¿qué tienen que
ver las ideas de Marco Rubio sobre el creacionismo y su capacidad para
desempeñar un cargo electivo, incluyendo la presidencia de los Estados
Unidos? ¿Por qué no fue sujeto a un mismo escrutinio un novato senador Obama
cuando aspiró a la presidencia del país siendo un absoluto desconocido?
Obviando el factor del color que le daría armas a la jauría de la izquierda,
digo que la respuesta no puede ser otra que la militancia ideológica del uno
y el otro.
A los efectos de estar informado sobre lo que dice la otra parte,
dedico alrededor de 15 minutos diarios a un breve recorrido por las páginas
del Miami Herald, que se recibe en mi casa con mi consentimiento pero por
decisión de mi esposa. En ningún momento he visto información alguna sobre
personajes y acontecimientos que pudiesen lesionar en forma alguna la imagen
mesiánica de Barack Obama, vendida por sus agentes publicitarios de la prensa
de izquierda.
Nada sobre Jeremiah Wright, un pastor que maldice a los Estados
Unidos, en cuya iglesia Obama contrajo
matrimonio, sus hijas fueron bautizadas y él escuchó sermones durante 20
años. Nada sobre Bill Ayers, un terrorista sin arrepentimiento que dinamitó
el Pentágono, mató policías en la ciudad de Nueva York, escribió libros con
la firma de Obama y sirvió de anfitrión al anuncio de su primera campaña para
senador estatal de Illinois.
Nada sobre Tony Rezko, un criminal convicto por corrupción que
traspasó terrenos por precios irrisorios para la ampliación del patio de la
casa de los Obama en Chicago. En uno de esos pocos momentos en que no pudo
ser salvado por su retórica engañosa, el propio Obama admitió ante la prensa
que el trato con Rezko había sido un "acto estúpido". A ninguno de
los solícitos periodistas se le ocurrió una pregunta de seguimiento como:
¿fue un acto de estupidez o de corrupción, señor presidente? Quizás ninguno
se atrevió a hacerlo ante el temor justificado de ser calificado de racista.
Y esa es precisamente la carta que juegan por estos días quienes
contribuyen al encubrimiento de acontecimientos tan viles y bochornosos como
el programa de "Fast and Furious" (Rápido y Furioso) y la masacre
de cuatro ciudadanos norteamericanos en Bengazi. Cuando se les acaban los
argumentos apelan a la opción nuclear del racismo contra el presidente y sus
aliados de la misma raza. Un arma contra la cual el adversario no tiene
defensa porque, mientras más lo niegue, mas sospechoso se hará de ese
horrible y repulsivo sentimiento de repudiar a otro ser humano por el solo
hecho del color de su piel.
Rápido y Furioso fue un programa de venta de armas a elementos
criminales mexicanos con el objeto de obtener pistas para su arresto en los
Estados Unidos. Fue comenzado durante la presidencia de George Bush y se
prolongó hasta el 2011 bajo Barack Obama, en que fue descontinuado por el
escándalo de la muerte del agente fronterizo Brian Terry. El Departamento de
Justicia opuso todo tipo de obstáculos a los intentos del Congreso por
investigar el escándalo y asignar responsabilidades. Cuando se vio en peligro, el Secretario de justicia Eric Holder,
declaró que se le perseguía porque era amigo del presidente y ambos eran de
la raza negra. El presidente vino en su ayuda utilizando el arma del privilegio ejecutivo que expertos en
asuntos constitucionales consideran de dudosa aplicación en este caso.
La masacre de Bengazi ha sido encubierta utilizando la misma
estrategia. La Embajadora ante la ONU, Susan Rice, estrecha aliada política
del presidente, compareció en cinco programas televisivos 5 días después del
ataque y atribuyó la masacre a un supuesto video insultante contra los
musulmanes. Esto lo dijo una mujer con
acceso a documentos secretos de una CIA que 24 horas después del ataque lo
había declarado de índole terrorista. Cuando miembros del Partido
Republicano exigieron una aclaración a las razones para estas declaraciones,
el Concilio Negro del Congreso los califico de sexistas y racistas. Varios
días después, The Washington Post, una vez respetable diario devenido en
panfleto ideológico, publicó un editorial repitiendo las acusaciones de
racismo y sexismo contra Susan Rice.
Por su parte, el presidente que doce días después de la masacre
repitió seis veces ante las Naciones Unidas la misma mentira del video fingió
indignación y retó a los Senadores John McCain y Lindsey Graham a que lo
acusaran a él y no a una dama que se había limitado a transmitir el mensaje
de su administración. Un gesto vacío en un presidente que se escondió detrás
de las faldas de Hilary Clinton y de Susan Rice para evadir responsabilidades
y preservar sus oportunidades de reelección.
Ninguna de estas noticias ha sido destacada en las páginas de un
Herald que convierte en escándalo el más mínimo desliz de aquellos políticos
que promueven una ideología conservadora.
Son conservadores porque luchan por conservar los valores y principios de devoción a Dios, patria y
familia que nos legaron los fundadores.
Los preferidos y protegidos por el Herald no quieren conservar sino
cambiar de manera drástica las conductas y tradiciones que han servido de
cimientos a 236 años de libertad individual, tolerancia religiosa, democracia
política y prosperidad económica. Unos Estados Unidos sin amor a Dios, sin
orgullo de patria y sin cohesión familiar. ¡Que Dios nos proteja aunque
muchas veces no seamos merecedores de su misericordia!
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