EL CAMINO REPUBLICANO HACIA ADELANTE

Por Charles Krauthammer

Traducción de Alfredo M. Cepero

(English version follows)

 

Ellos perdieron y enseguida comienza el coro. Los republicanos tienen que cambiar o morir. Un partido obsoleto de americanos blancos tiene que adaptarse a los cambios demográficos o resignarse a ser eternamente minoritario.

La única parte verdadera de esta afirmación es la relacionada con los hispanos. Ellos deben ser parte de los votantes republicanos. Son inmigrantes que luchan por superarse, son religiosos, católicos, con estrechos lazos familiares y conservadores sociales, como lo demuestra su oposición al aborto.

La inmigración ilegal es la razón principal por la cual votan con los demócratas. En su lucha por lograr la postulación republicana, Mitt Romney cometió el error estratégico de ubicarse a la derecha de Rick Perry en el tema de la inmigración. Durante la campaña general, Romney no pudo salir de ese hueco.

Sin embargo, desde el punto de vista del Partido Republicano el problema no es de carácter estructural. Todo lo que debe hacer es un simple cambio de política: Una cerca en la frontera acompañada de una amnistía. Si amnistía. No tengan miedo y utilicen la palabra. Asombren y conmuevan. Una total normalización sin llegar a la concesión de ciudadanía a cambio de una total seguridad en las fronteras.

Siempre he militado en la escuela de seguridad en la frontera primero con la consiguiente promesa de legalización. Todavía pienso que es el mejor camino. Pero muchos hispanos temen que, una vez lograda la seguridad, no se haga realidad la promesa de legalización. Por lo tanto, prometan la amnistía desde el primer momento. Aseguren las fronteras con una legalización garantizada el mismo día en que los gobernadores de los cuatro estados fronterizos afirmen  que la legalización ilegal ha sido reducida al mínimo.

Imagínense a un Marco Rubio como vocero de esa política en el camino a las elecciones de 2016. Ese golpe transformaría el panorama político. No tengo dudas de que ganaría la mayor parte del voto hispano. Un problema que puede ser solucionado con una simple iniciativa política no es estructural. Es de simple solución.

La otra parte de este último lamento es que los republicanos siempre andan a la zaga entre los negros, los jóvenes y las mujeres solteras. Por otra parte, los republicanos disfrutan de 7 puntos de ventaja entre las mujeres casadas. Pero las razones para la desventaja no son de índole cultural, de identidad o de afinidad. La realidad es que estos grupos de votantes tienden a ser izquierdistas y los republicanos son el partido de la derecha.

El país no necesita dos partidos de izquierda. Sí señor, los republicanos tienen que despojarse de candidatos que habla como morones cuando se refieren a la violación. Pero esto tampoco quiere decir que el país necesite dos partidos que defiendan el aborto. De hecho, el número de mujeres que se oponen al aborto es superior al de aquellas que lo apoyan. El problema de los republicanos en este caso no es de política sino de moderación. Referirse a problemas culturalmente sensibles y filosóficamente complejos sin recriminaciones sino con reflexión y prudencia.

Además, adviertan a los profetas del desastre dentro del partido que los republicanos tienen que cambiar no solo desde el punto de vista étnico sino ideológico. Tienen que regresar al centro. ¡Moderación por encima de todas las cosas!

Los últimos análisis mostraron otros errores entre quienes vaticinan desastre. Por ejemplo, las encuestas a boca de urna efectuadas el día de las elecciones mostraron que, por un margen de 51 a 43, los norteamericanos consideran que el gobierno es demasiado grande. Los republicanos son el partido que quiere reducir el tamaño del gobierno. Y a mayor abundamiento, crecientes exigencias económicas como la deuda aplastante y los insostenibles programas de beneficios garantizados (entitlements) son sólidos argumentos para defender un gobierno más pequeño.

Por lo tanto, ¿cuál es la razón para declarase vencidos? Los republicanos no perdieron las elecciones porque tenían malos argumentos sino porque  no supieron defender sus buenos argumentos. Rumney llevó a cabo una campaña sólida pero su personalidad es la de un hombre moderado. Adoptó con sinceridad la nueva filosofía conservadora pero la explicó como si la misma fuera su segunda lengua.

Más parecido a Gerald Ford en 1976 que a Ronald Reagan en 1980, Romney es una figura de transición, tanto desde el punto de vista ideológico como generacional. Por suerte, detrás de él, el partido cuenta con una reserva extraordinariamente sólida. En el Congreso, Paul Ryan, Marco Rubio, Kelly Ayote y Ted Cruz. Entre los gobernadores, Bobby Jindal, Scott Walker, Nikki Haley, el ex-gobernador Jeb Bush y el saliente gobernador de Indiana, Mitch Daniels. (Chris Christie se encuentra actualmente en proceso de rehabilitación).

Algunos de ellos eran muy jóvenes para aspirar en 2012 y otros no estaban personalmente preparados para enfrentar el reto. Pero esa página ya ha sido doblada. Entre ellos no habrá un Ronald Reagan, pero esta generación de líderes emergentes tiene los sólidos cimientos filosóficos y la suficiente fluidez para defender con energía el nuevo conservadorismo constitucional.

Ignoren a quienes quieren renunciar a los principios. No es necesario cambio radical alguno. El otro partido se cree dueño del futuro demográfico. Lancen un contraataque resolviendo el problema hispano. Sin embargo, cuidado con abandonar el ancla filosófica del partido. En un mundo donde la social democracia europea desaparece ante nuestros ojos, el partido que promueva un gobierno más moderno y más pequeño es dueño del futuro ideológico.

Romney es un buen hombre que expuso el mejor argumento que pudo y estuvo a punto de ganar. Habría sido un gran presidente. Pero, al igual que los Clinton, no fue capaz de superar a Barack Obama en el oscuro arte de la persuasión pública.

La respuesta a la derrota de Romney no es la retirada ni tratar de superar a los demócratas en su demagogia y sus falsas promesas. Es explicar con claridad los beneficios de un gobierno más racional, limitado y reformado. Establecer un contraste con los gastos ilimitados y el paternalismo gubernamental de Barack Obama.

Republicanos: nada de llantos ni lamentos. Nada de reinventar lo que no es necesario inventar de nuevo. Sean puros conservadores, pero explíquenlo de mejor manera. Hay toda una generación de líderes dispuesta a hacer eso mismo.

 

THE WAY FORWARD
By CHARLES KRAUTHAMMER

     WASHINGTON -- They lose and immediately the chorus begins. Republicans must change or die. A rump party of white America, it must adapt to evolving demographics or forever be the minority.
     The only part of this that is even partially true regards Hispanics. They should be a natural Republican constituency: striving immigrant community, religious, Catholic, family-oriented and socially conservative (on abortion, for example).
     The principal reason they go Democratic is the issue of illegal immigrants. In securing the Republican nomination, Mitt Romney made the strategic error of (unnecessarily) going to the right of Rick Perry. Romney could never successfully tack back.
     For the party in general, however, the problem is hardly structural. It requires but a single policy change: Border fence plus amnesty. Yes, amnesty. Use the word. Shock and awe -- full legal normalization (just short of citizenship) in return for full border enforcement.
     I've always been of the "enforcement first" school, with the subsequent promise of legalization. I still think it's the better policy. But many Hispanics fear that there will be nothing beyond enforcement. So, promise amnesty right up front. Secure the border with (BEG ITAL)guaranteed(END ITAL) legalization to follow on the day the four border-state governors affirm that illegal immigration has slowed to a trickle.
     Imagine Marco Rubio advancing such a policy on the road to 2016. It would transform the landscape. He'd win the Hispanic vote. Yes, win it. A problem fixable with a single policy initiative is not structural. It is solvable.
     The other part of the current lament is that the Republican Party consistently trails among blacks, young people and (unmarried) women. (Republicans are plus-7 among married women.) But this is not for reasons of culture, identity or even affinity. It is because these constituencies tend to be more politically liberal -- and Republicans are the conservative party.
     The country doesn't need two liberal parties. Yes, Republicans need to weed out candidates who talk like morons about rape. But this doesn't mean the country needs two pro-choice parties either. In fact, more women are pro-life than are pro-choice. The problem here for Republicans is not policy but delicacy -- speaking about culturally sensitive and philosophically complex issues with reflection and prudence.
     Additionally, warn the doomsayers, Republicans must change not just ethnically but ideologically. Back to the center. Moderation above all!
     More nonsense. Tuesday's exit polls showed that by an eight-point margin (51-43), Americans believe that government does too much. And Republicans are the party of smaller government. Moreover, onrushing economic exigencies -- crushing debt, unsustainable entitlements -- will make the argument for smaller government increasingly unassailable.
     So, why give it up? Republicans lost the election not because they advanced a bad argument but because they advanced a good argument not well enough. Romney ran a solid campaign, but he is by nature a Northeastern moderate. He sincerely adopted the new conservatism but still spoke it as a second language.
     More Ford '76 than Reagan '80, Romney is a transitional figure, both generationally and ideologically. Behind him, the party has an extraordinarily strong bench. In Congress -- Paul Ryan, Marco Rubio, Kelly Ayotte, (the incoming) Ted Cruz and others. And the governors -- Bobby Jindal, Scott Walker, Nikki Haley, plus former governor Jeb Bush and the soon retiring Mitch Daniels. (Chris Christie is currently in rehab.)
     They were all either a little too young or just not personally prepared to run in 2012. No longer. There may not be a Reagan among them, but this generation of rising leaders is philosophically rooted and politically fluent in the new constitutional conservatism.
     Ignore the trimmers. There's no need for radical change. The other party thinks it owns the demographic future -- counter that in one stroke by fixing the Latino problem. Do not, however, abandon the party's philosophical anchor. In a world where European social democracy is imploding before our eyes, the party of smaller, more modernized government owns the ideological future.
     Romney is a good man who made the best argument he could, and nearly won. He would have made a superb chief executive, but he (like the Clinton machine) could not match Barack Obama in the darker arts of public persuasion.
     The answer to Romney's failure is not retreat, not aping the Democrats' patchwork pandering. It is to make the case for restrained, rationalized and reformed government in stark contradistinction to Obama's increasingly unsustainable big-spending, big-government paternalism.
     Republicans: No whimpering. No whining. No reinvention when none is needed. Do conservatism, but do it better. There's a whole generation of leaders ready to do just that.
     

 

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