José Maria Heredia

Se le considera el Cantor del Niágara por su poema Oda al Niágara

 

Por: Maria Teresa Villaverde Trujillo

ashiningworld@cox.net

 

Nació en la ciudad de Santiago de Cuba.

Falleció en Toluca, México. (1803 – 1839) 

Es llamado el Poeta Nacional de Cuba, aunque vivió casi toda su vida fuera de la Isla. A pesar de eso pudo hacer su carrera de Derecho –entre La Habana y México. Regreso a Cuba ya graduado y se estableció brevemente en Matanzas. Dos años después –en 1823- se vio forzado a exiliarse en los Estados Unidos, a causa de la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar entre cuyos principales miembros Heredia se encontraba. Esta conspiración constituye el primer intento de liberación de los cubanos contra el régimen colonial español, conspiración que además se considera adoptó la primera bandera cubana formada por un centro azul turquí y en el medio un sol brillante color plateado dentro de una circunferencia carmesí.

 Heredia regresó a México, donde vivió prácticamente el resto de su vida, excepto por una, otra vez, breve visita a su tierra natal. En México, país de su adopción, desempeñó varios cargos políticos, siendo también ávido periodista y profesor. Muchos de sus poemas tienen que ver con la añoranza de Cuba,aunque a veces parecen, no tener relación alguna con su tierra natal. Falleció a la edad de treinta y seis años.

Oda al Niágara

Reproduzco solamente las cuatro primeras estrofas y la ultima de éste uno de sus mas famosos, o quizás el más famoso de sus poemas, donde expresa su admiración por las Cataratas del Niágara.

 “Templad mi lira, dádmela que siento

En mi alma estremecida y agitada

Arder la inspiración. ¡Oh! Cuanto tiempo

En tinieablas pasó, sin que mi frente

Brillase con su luz…! Niágara undoso,

Tu sublime terror sólo podría

Tornarme el don divino, que ensañada

Me robó del dolor la mano impía.

 

Torrente prodigioso, calma, calla

Tu trueno aterrador: disipa un tanto

Las tinieblas que en torno te circundan;

Déjame contemplar tu faz serena,

Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.

Yo digno soy de contemplarte: siempre

Lo común y mezquino desdeñando,

Ansié por lo terrífico y sublime.”

 

 

A los míseros hombres arrastraban.

Por eso te buscó mi débil mente

En la sublime soledad: ahora

Entera se abre a ti; tu mano siente

En esta inmensidad que me circunda,

Y tu profunda voz hiere mi seno

De este raudal en el eterno trueno.

 

¡Asombroso torrente!

¡Cómo tu vista el ánimo enajena,

Y de terror y admiración me llena!

¿Dó tu origen está? ¿Quién fertiliza

Por tantos siglos tu inexhausta fuente?

¿Qué poderosa mano

Hace que al recibirte

No rebose en la tierra el Océano?

 

 

Fotos tomadas por mi hijo Tom Trujillo.

Monumento a José Maria Heredia en las Cataratas del Niágara, Canadá.

 

¡Niágara poderoso!

¡Adiós! ¡adiós! Dentro de pocos años

Ya devorado habrá la tumba fría

A tu débil cantor. ¡Duren mis versos

Cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso

Viéndote algún viajero,

Dar un suspiro a la memoria mía!

Y al abismarse Febo en occidente,

Feliz yo vuele do el Señor me llama,

Y al escuchar los ecos de mi fama,

Alce en las nubes la radiosa frente.

 Tarja colocada en el Niágara en 1955. Homenaje de los Boy Scout de Cuba.

 Homenaje a José Maria Heredia y a su oda.

El poema Niágara figura entre “Las cien mejores poesías líricas de lengua castellana”, escogidas por Marcelino Menéndez Pelayo, entre lo mejor de la literatura de los países de habla hispana. Andrés Bello elogió la sensibilidad, imaginación y potencia descriptiva de Heredia. El historiador y periodista cubano José María Chacón y Calvo dijo que, en Cuba, es “el primero y más alto nombre”, y “gracias a ello vive su nombre para siempre en nuestra poesía y en la poesía del mundo”.  

Para leer completo el poema, así como otros poemas del autor, visitar:

http://www.los-poetas.com/c/here1.htm#niagara.

 

 

 

 

 

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