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Cuando Carlos Alvarez fue electo Alcalde del Condado de Miami-Dade en el otoño del 2004 los ciudadanos vieron en él a un hombre con el carácter y las credenciales para llevar transparencia y sentido común a una burocracia desordenada e ineficiente. Tres años mas tarde, en el 2007, le ratificaron su confianza otorgándole poderes nunca antes ostentados por un alcalde condal. Lo convirtieron en el primer Alcalde Ejecutivo (alcalde “fuerte” para quienes traducen literalmente “strong major”) del Condado de Miami-Dade con amplios poderes y facultades para impactar la vida de los ciudadanos.
Por desgracia Carlos Alvarez no ha estado a la altura de las demandas de su cargo, ha utilizado sus poderes con venalidad y favoritismo y, lo mas lamentable, ha defraudado las esperanzas de un electorado de por sí ya cansado de la insensibilidad, la corrupción y la arrogancia de sus gobernantes. La gota que llenó la copa se produjo esta semana cuando el alcalde y ocho de los trece comisionados del condado decidieron aumentar los impuestos a la propiedad en la cantidad astronómica del 13 por ciento. En gran medida para mantener prebendas y aumentar salarios a sus asociados cercanos y a una burocracia cuya compensación excede con creces a su eficiencia.
Y lo más inaudito es que esta decisión se haya tomado en medio de la mayor crisis económica que haya confrontado esta nación en más de medio siglo. Una situación donde los valores de las propiedades se han derrumbado, las ejecuciones hipotecarías andan a la orden del día y el desempleo en este condado es del 13 por ciento, casualmente el mismo porcentaje en que Alvarez y sus ocho aliados en la comisión han aumentado nuestros impuestos.
Porque, en honor a la verdad, Alvarez ha tenido ayuda para perpetrar este atentado contra el bienestar de los ciudadanos del condado. Pero, como en toda actividad humana—sea militar o política—es importante seleccionar los objetivos, coincidimos con el empresario Norman Braman en cuanto a enfocar los esfuerzos del referéndum revocatorio en Carlos Alvarez. Ya habrá tiempo de pasarles la cuenta a sus aliados en esta injusticia.
Por el momento, resulta revelador que Alvarez haya enfrentado las críticas contra sus acciones con una insensibilidad y una arrogancia desconocidas en él hasta este momento diciendo: “Nunca he perdido el sueño por una elección”. A ello muchos desempleados y retirados podrían contestarle contandole sobre sus noches de insomnio por la falta de recursos para comprar medicinas, pagar escuelas y hasta ir al supermercado.
Pero esto quizás no mueva a la compasión a quien sin dudas ha confundido los poderes de “alcalde ejecutivo” con los de “alcalde omnipotente”. Y esa no es una conducta apropiada para gobernantes en una democracia. Solo basta ver la reacción popular contra las políticas y la conducta de Barack Obama.
Alvarez pudo haber evitado la debacle que se le viene encima si hubiera tomado lecciones de buen gobierno con sus compatriotas y colegas Tomás Regalado y Julio Robaina, dos alcaldes que enfrentaron con valentía los intereses especiales y se negaron a aumentar los impuestos en estos tiempos de confusión y temor. Pudo haber aprendido de la historia y tomar en cuenta la frase de José Martí en carta al General Máximo Gómez afirmando: “Un pueblo no se funda general como se manda un campamento”.
En una sola cosa coincidimos con el alcalde del condado y es con sus declaraciones de que: “Al final será el pueblo el que decida”. Por eso, La Nueva Nación estimula a quienes tengan voto en Miami-Dade a que se sumen al referéndum revocatorio patrocinado por Norman Braman. Vamos a darle a Carlos Alvarez el “Tea Party” que se ha ganado con su insensibilidad y su arrogancia.
EL DIRECTOR
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