VENEZUELA Y EL GOLPE QUE SE LE AVECINA.

Por Alfredo M. Cepero

Director de www.lanuevanacion.com

 

El siempre bien informado Embajador Roger Noriega vaticinó la semana pasada que Hugo Chávez no llegaría a octubre de 2012 y advirtió sobre el peligro de que las elecciones programadas para ese año fueran objeto de trampas y manipulaciones por parte del oficialismo. En este sentido, resulta importante tener en cuenta que, si el vaticinio de Noriega se convirtiera en realidad, el candidato del gobierno no tendría otra plataforma electoral que el Socialismo del Siglo XXI.

 

Un conjunto de ideas desordenadas y descabelladas que no constituyen una ideología sino un santo y seña diseñado con el objeto de esconder el fracaso del socialismo como sistema y promover el mesianismo de Hugo Chávez. Ese candidato, estaría predicando un chavismo sin Chávez, algo así como la mística de una religión del odio y de la envidia que habría perdido a Hugo, su único e insustituible santo patrón. Los oficialistas lo saben y están literalmente aterrados ante la posibilidad de perder sus sinecuras y privilegios si el pueblo venezolano se niega a participar en una farsa electoral de esta naturaleza. Por eso es lógico pensar que los chavistas y sus asesores de La Habana tengan preparado un Plan B, en caso de que les falle el primero. 

 

Por eso adquiere credibilidad un rumor que circuló recientemente en el Internet sobre una reunión altamente secreta en el Salón Carabobo, del Fuerte Tiuna, en Caracas, del alto mando militar venezolano con los generales cubanos Herminio Rodríguez y Frank Yánez, quienes actúan como procónsules de los Castro en la patria de Bolívar. Presente estaba desde luego el General Henry Rangel Silva, traidor a su patria y a su uniforme, quien hace escasamente un año declaró con un soberano desparpajo que “la Fuerza Armada está casada con el proyecto de país del Comandante Hugo Chávez” y se mostró renuente a aceptar cualquier triunfo electoral de la oposición en los comicios de 2012. 

 

Para entender mejor esta amenaza actual a la democracia venezolana basta tomar en cuenta la conducta histórica de la tiranía cubana en su intento por apoderarse de Venezuela y la desesperada situación económica por la  que atraviesan los Castro en estos momentos. Existen hechos totalmente documentados que muestran como, entre 1961 y 1967, la dictadura castrista llevó a cabo por lo menos seis intentos de subvertir la democracia venezolana por la fuerza de las armas.

 

En 1961, las autoridades venezolanas descubrieron 500 ametralladoras de fabricación checa junto a propaganda castrocomunista. En 1962, un lote de armas con el escudo de las Fuerzas Armadas de Cuba fueron ocupadas en las playas del Estado Falcón. En 1963, se ocuparon en la Península de Paraguana tres toneladas de armas procedentes de Cuba. En junio de 1966, arribaron a costas venezolanas 40 invasores entre los que se encontraban trece individuos de nacionalidad cubana, algunos tan notorios como el posteriormente fusilado General Arnaldo Ochoa y el General Leopoldo Cintras Frías.

 

Los grupos organizados por estos hombres operaron en los frentes guerrilleros del Estado Falcón y en el cerro El Bachiller del Estado Miranda. En 1967, una fuerza expedicionaria integrada por venezolanos y cubanos fue transportada en el buque de bandera cubana “Sierra Maestra” hasta las proximidades de Machurucuto y Boca de Uchire. Y, en 1969, una treintena de venezolanos entrenados en Cuba desembarcó en Venezuela con el propósito de derrocar el gobierno del presidente Rafael Caldera pero fue inmediatamente diezmada por el Ejército de Venezuela.

 

A partir de ese año, Castro declararía una moratoria en sus ataques armados contra Venezuela y pondría en marcha proyectos de subversión internacional al servicio de los intereses imperialistas soviéticos comenzados desde noviembre de 1964 durante una reunión secreta en la Habana con altos dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética.

 

Para poner en marcha esos planes, en enero de 1966 se efectuó en La Habana la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Africa, Asia y la América Latina, conocida como Tricontinental, que fue presidida nada mas y nada menos que por el entonces senador y después presidente chileno Salvador Allende Gossens. En ella participaron 483 delegados procedentes de 82 países. Esta conferencia fue seguida, en agosto de 1967 por la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) en la que participaron delegados de 27 países del Continente Americano. 

 

 Dando un salto en el tiempo arribamos al 4 de febrero de 1992 donde un desconocido militar venezolano puso de nuevo en la agenda de subversión castrista los planes para apoderarse de la patria de Bolívar. Lo que el viejo dinosaurio no había logrado por la fuerza de las armas lo lograría ahora por el engaño, la simulación y la traición del golpista Hugo Chávez Frías. El intento de golpe de estado contra el Presidente Carlos Andrés Pérez no logró su objetivo inmediato pero fue el inicio de la carrera política de este aventajado alumno de Fidel Castro.

 

El 4 de febrero de 1992 fue para Hugo Chávez lo que fue el 26 de julio de 1953 para Fidel Castro. En el caso de Chávez, catapultó a la popularidad primero y al Palacio de Miraflores después a un hombre de intelecto limitado pero de una indiscutible habilidad histriónica y una total duplicidad moral para cautivar a multitudes de venezolanos frustrados con una democracia en crisis.

 

Nuestro salto final en el tiempo nos pone en este año 2011 y la declaración de la aparente enfermedad mortal del dictador-presidente. Hugo miente para ganar tiempo, sus manipuladores en La Habana lo atienden en el más estricto secreto y en ambas capitales se elaboran planes de contingencia para enfrentar la debacle que se les avecina.

 

Tratan de dar muestras de normalidad y aparentan prepararse para el proceso electoral, pero uno de los músicos se sale de la partitura. Adán Chávez, el más fundamentalista de la infame familia, declara que la Revolución Bolivariana estaría dispuesta a utilizar la violencia para defenderse del imperialismo y sus agentes internos. Un imperialismo que todos sabemos estará arrodillado ante los enemigos de los Estados Unidos mientras permanezca Barack Obama en la Casa Blanca. Por su parte, Hugo no puede contener su delirante verborrea y en un discurso pronunciado el 12 de este mes afirmó: “La revolución no puede depender de un solo hombre. Tiene que depender del pueblo organizado y consciente”. Frase que tiene más connotación de testamento político que de humildad personal en un hombre que hasta hace escasamente unos meses desplegaba su arrogancia creyéndose el dios de todos sus mantenidos en el Continente Americano.

 

 El escenario esta, por lo tanto, preparado para un desenlace cruento de la tragedia del pueblo venezolano. Chávez es un golpista que trepó la cumbre del poder parado sobre fusiles, mantiene una dialéctica de confrontación y su megalomanía lo impele a desear más el poder absoluto que la propia vida, aún con un pie al borde de la tumba. Este no es un hombre que ama a su pueblo porque ama demasiado el espejismo de su propia leyenda. De ahí que de él no podamos esperar otra cosa que intransigencia, venganza y ensañamiento hasta el último minuto de su miserable vida. Esto explica en gran medida su fascinación con el engendro endemoniado que martiriza al pueblo de Cuba.

Por su parte, los beneficiarios cubanos del hambre desatado por Hugo Chávez sobre el pueblo venezolano se preparan para intervenir desde La Habana en forma solapada en la prolongación del régimen chavista, en la altamente probable eventualidad de la desaparición de su líder. Una operación de esta naturaleza tendría grandes riesgos y podría carrear inmensas repercusiones para el castrismo pero, en vista de sus precarias circunstancias actuales, los decrépitos tiranos cubanos no tienen otra alternativa.

 

Sin los subsidios de su hijo putativo el régimen de Castro se caería bajo el peso de una economía en ruinas y el embate de un pueblo que va perdiendo el miedo al aparato represivo de los tiranos. Chávez no es para los Castro un aliado ideológico y probablemente ni siquiera un hombre a quién respetan. Es un instrumento más en su larga trayectoria de subversión, manipulación y engaño. Pero, más que nada, es un imperativo de supervivencia por el cual están dispuestos a jugarse el todo por el todo. Dios y la Virgen de Coromoto protejan a los hijos de Bolívar en la terrible batalla que se les viene encima y del golpe de estado que se les avecina.

 

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