EL REGRESO DEL VERDADERO OBAMA

Por Charles Krauthammer

Traducción de Alfredo M. Cepero

(English version follows)

Durante la campaña electoral de 2088, el periodista Charlie Gibson le preguntó al candidato Barack Obama sobre su apoyo a un aumento de los impuestos sobre las ganancias de capital, teniendo en cuenta antecedentes históricos que demostraban que esta política conduciría a una reducción de los ingresos gubernamentales. Pero Obama insistió: “Bueno Charlie, lo que he dicho es que analizaré un aumento del impuesto sobre ganancias de capital con fines de justicia distributiva”.

 

Una ventana reveladora dentro de la filosofía política de nuestro presidente. Porque imponer un gravamen que empobrece nuestro banco comunitario (el Tesoro de los Estados Unidos) es una soberana tontería. Es simple y sencillamente un castigo que no beneficia a nadie, ni a los ricos, ni a los pobres, ni al gobierno. Sin embargo, a los ojos de Obama produce una justicia distributiva que no tiene precio.

 

Ahora que es presidente, Obama ha cumplido su palabra. Acaba de propone un tsunami impositivo de $1.5 millones de millones que, aunque deliberadamente nebuloso, incluye claramente un aumento de los impuestos sobre las ganancias de capital.

 

También insiste una vez más en aumentar las tasas marginales sobre los ingresos de matrimonios “millonarios” que ganan $250,000 al año. Pero la mitad de esos matrimonios son pequeños negocios que presentan sus declaraciones de impuestos en forma conjunta e individual. Y si aceptamos la opinión del propio Obama de que los créditos impositivos aumentan la contratación de personal, tenemos que concluir que un aumento en los impuestos reducirá el número de empleos.

 

¿Pero a quién le importan los empleos cuando lo que esta en juego es la justicia distributiva? La justicia distributiva es más importante que el crecimiento económico. La justicia distributiva es más importante que los ingresos fiscales. La justicia distributiva es más importante que la lógica económica.

 

 

El propio Obama ha dicho “no se aumentan los impuestos en una recesión”. ¿Por qué se arriesga entonces a producir este daño económico en el momento en que aspira a la reelección? La respuesta es que estas propuestas no tienen la menor probabilidad de convertirse en leyes y que muchas de ellas han sido rechazadas por un congreso dominado por su propio partido demócrata en los primeros dos años de su período presidencial.

 

Además, este no es un plan económico, o de empleos, o de reducción de la deuda. Es un manifiesto de campaña política. Es un populismo anti-millonario sobre el cual está basando su campaña de reelección. Y, por el momento, parece estarle funcionando.  

 

Los incondicionales de la izquierda demócrata de Obama están encantados. Ha renovado el entusiasmo de la izquierda virulenta de movimientos como el MoveOn, la comunidad de Hollywood y los distritos electorales del oeste de Nueva York descritos hace años a la perfección por John Updike: “Como la mayoría de sus barrios, ella era una combatiente de izquierda que luchaba para que no le arrebataran el dinero”

 

Y Updike agregó: “A pesar de todos sus esfuerzos nunca lo logró”. Pero ahora con Obama parece que será posible. Obama podría ser el que la izquierda estaba esperando.

 

Es decir, el nuevo Obama que despoja a los ricos, amenaza con el veto y se proclama campeón de la lucha de clases. Excepto que, en realidad, el nuevo Obama es el viejo Obama. El Obama que, al entrar en la Casa Blanca en medio de una enorme crisis económica, se aprovechó de una ciudadanía pasiva para poner en vigor el mayor plan de estímulo de la historia y la casi nacionalización de una sexta parte de la economía en la forma de su plan de reforma de salud. 

 

Si tomamos en cuenta el costo político que representó la pateadura que recibió el presidente a manos de un electorado enfurecido en el 2010, su conducta es la de un político de convicciones profundas que está comprometido con su visión de socialismo democrático.

 

Ese político regresa de nuevo. El nuevo populismo de Obama parece basado en su reconocimiento de que su falso paso hacia el centro después de la pateadura de 2010 no le representará beneficio alguno en vista de una economía estancada, un 9 por ciento de desempleo y una alucinante nueva deuda de $ 4 millones de millones.

 

Pero esto es más que un cálculo político. Es más que un gesto para complacer a su base política. Es una decisión para complacerse a sí mismo. Obama es parte de su propia base. Cree con firmeza en esta filosofía política. Es una decisión fácil para él ya que nunca se sintió cómodo con su hipócrita paso al centro y ahora muestra sus verdaderas convicciones de social democracia.

 

El auténtico Obama es un igualador, un social demócrata comprometido, un creyente firme en el estado redistribuidor, un predicador de la justicia distributiva, entendida como una igualdad impuesta por el gobierno.

 

Esa es la razón por la cual despojar al rico no es un lema de campaña para estimular a su base política. Es su vocación y su misión. Esa es la razón por la cual, a pesar de su demagogia y de su cinismo, el discurso de Obama el lunes pasado fue pronunciado con tan obvia—y poco frecuente—convicción.

 

Regresó a su auténtica agenda radical del discurso que llamó “La Nueva Fundación” de abril de 2009 en la Universidad de Georgetown donde proclamó su propósito de transformar a los Estados Unidos de América.

 

Muy bueno. La autenticidad tiene sus ventajas. Una verdadera opción sin términos medios, dijo una vez Barry Goldwater. El país tendrá pronto la oportunidad de ejercer su opción, aunque no lo bastante pronto.

 

 

^RETURN OF THE REAL OBAMA<
^By CHARLES KRAUTHAMMER=
     
     WASHINGTON -- In a 2008 debate, Charlie Gibson asked Barack Obama about his support for raising capital gains taxes, given the historical record of government (BEG ITAL)losing(END ITAL) net revenue as a result. Obama persevered: “Well, Charlie, what I’ve said is that I would look at raising the capital gains tax for purposes of fairness.”


     A most revealing window into our president's political core: To impose a tax that actually impoverishes our communal bank account (the U.S. Treasury) is ridiculous. It is nothing but punitive. It benefits no one -- not the rich, not the poor, not the government. For Obama, however, it brings fairness, which is priceless.


     Now that he's president, Obama has actually gone and done it. He's just proposed a $1.5 trillion tsunami of tax hikes featuring a "Buffett rule" that, although as yet deliberately still fuzzy, clearly includes raising capital gains taxes.


     He also insists again upon raising marginal rates on "millionaire" couples making $250,000 or more. But roughly half the income of small businesses (i.e., those filing individual returns) would be hit by this tax increase. Therefore, if we are to believe Obama's own logic that his proposed business tax (BEG ITAL)credits(END ITAL) would (BEG ITAL)increase(END ITAL) hiring, then surely this tax hike will (BEG ITAL)reduce(END ITAL) small-business hiring.


     But what are jobs when fairness is at stake? Fairness trumps growth. Fairness trumps revenue. Fairness trumps economic logic.


     Obama himself has said that "you don’t raise taxes in a recession." Why then would he risk economic damage when facing re-election? Because these proposals have no chance of being enacted, many of them having been rejected by the Democratic-controlled Congress of Obama's first two years in office.


     Moreover, this is not an economic, or jobs, or debt-reduction plan in the first place. This is a campaign manifesto. This is anti-millionaire populism as premise for his re-election. And as such, it is already working.


     Obama's Democratic base is electrified. On the left, the new message is playing to rave reviews. It has rekindled the enthusiasm of his core constituency -- the MoveOn, Hollywood liberal, Upper West Side precincts best described years ago by John Updike: "Like most of her neighborhood, she was a fighting liberal, fighting to have her money taken from her."


     Added Updike: "For all her exertions, it never was." But now with Obama -- it will! Turns out, Obama really was the one they had been waiting for.

 
     That is: the new Obama, today's soak-the-rich, veto-threatening, self-proclaimed class warrior. Except that the new Obama is really the old Obama -- the one who, upon entering office in the middle of a deep economic crisis, and determined not to allow "a serious crisis to go to waste" (to quote his then chief of staff), exploited the (presumed) malleability of a demoralized and therefore passive citizenry to enact the largest Keynesian stimulus in recorded history, followed by the quasi-nationalization of one-sixth of the economy that is health care.


     Considering the political cost -- massive electoral rebuke by an infuriated 2010 electorate -- these are the works of a conviction politician, one deeply committed to his own social-democratic vision.

 
     That politician now returns. Obama's new populism surely is a calculation that his halfhearted feints to the center after the midterm "shellacking" were not only unconvincing but would do him no good anyway with a stagnant economy, 9 percent unemployment and a staggering $4 trillion of new debt.


     But this is more than a political calculation. It is more than just a pander to his base. It is a pander to himself: Obama is (BEG ITAL)a member of(END ITAL) his base. He believes this stuff. It is an easy and comfortable political shift for him, because it's a shift from a phony centrism back to his social-democratic core, from positioning to authenticity.


     The authentic Obama is a leveler, a committed social democrat, a staunch believer in the redistributionist state, a tribune, above all, of "fairness" -- understood as government-imposed and government-enforced equality.


     That's why "soak the rich" is not just a campaign slogan to rally the base. It's a mission, a vocation. It's why for all its gratuitous cynicism and demagoguery, Obama's populist Rose Garden lecture on Monday was delivered with such obvious -- and unusual -- conviction.


     He's returned to the authenticity of his radical April 2009 "New Foundation" address (at Georgetown University) that openly proclaimed his intent to fundamentally transform America.

 
     Good. There's something to be said for authenticity. A choice not an echo, said Barry Goldwater.
The country will soon choose, although not soon enough.
     

 

 

 

 

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