IRÁN-EEUU, ¿CAMINO A LA GUERRA?

En el último momento, cuando ya los aviones estaban en vuelo y los buques en posición, el presidente estadounidense Donald Trump anuló el ataque selectivo contra Irán, que debía realizarse este jueves.

El operativo, destinado a neutralizar radares y baterías de misiles en suelo iraní, había sido aprobado en un primer momento por Trump, en respuesta al derribo horas antes de un dron de la Armada de EEUU por parte del Ejército iraní.

Según Teherán, el aparato había violado su espacio aéreo para efectuar operaciones de vigilancia, mientras que el Pentágono asegura que el dron se hallaba en misión de reconocimiento en aguas internacionales.

El acuerdo nuclear en pugna

Este episodio marca una nueva etapa en la escalada que ha caracterizado las relaciones entre EEUU e Irán desde que Washington, en mayo del año pasado, abandonara el acuerdo que supervisa el programa nuclear iraní e instaurara un plan de sanciones económicas con el objetivo de asfixiar la economía iraní.

El Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), como se denomina el acuerdo del que se retiró EEUU, impone restricciones al programa nuclear iraní, verificadas periódicamente por el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), y contempla como otros signatarios, además de Irán, a Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania.

La Administración Trump insiste en renegociar el pacto poniendo otras condiciones sobre la mesa como el cese del programa balístico de Teherán y el retiro de la injerencia iraní en países de la región como Siria, Irak, Líbano, Yemen.

Como consecuencia de las sanciones impuestas por EEUU, la economía persa se contrajo en 2018 un 3,9%, las recetas fiscales del Estado han caído un 20%, la inflación alcanza el 35%, el rial (la moneda iraní) se ha depreciado un 60% y las exportaciones de petróleo (la mayor fuente de ingresos del país) han caído de 2,6 millones de barriles de crudos diarios a un millón de barriles por día.

En este contexto, Irán ha anunciado, primero en mayo pasado y luego esta misma semana, la suspensión de algunas de sus obligaciones con el pacto nuclear, aún rubricado por el resto de las naciones firmantes. Así, por ejemplo, dejará de limitar sus reservas de uranio enriquecido y de agua pesada.

El retiro progresivo del PIAC es la estrategia adoptada por Teherán para presionar a las potencias europeas signatarias del acuerdo para que encuentren soluciones eficaces que permita a Irán sortear la veda estadounidense a la venta de su petróleo y a la realización de transacciones bancarias internacionales.

Es también un modo de mostrar a la Administración Trump que el régimen de sanciones conduciría a la reactivación del programa nuclear militar iraní, en lugar de plegar al régimen de los ayatolas.

El estrecho de Ormuz, una zona crucial

Además, Teherán ha amenazado con bloquear el estrecho de Ormuz. Una amenaza que ha coincidido en los dos últimos meses con misteriosos ataques a buques petroleros en el Golfo de Omán.

EEUU acusa a Irán de estar detrás de los sabotajes. A raíz de los últimos ataques, perpetrados la semana pasada, Washington ha insistido que, según las armas utilizadas, el nivel de experiencia y de recursos requerido para ejecutar operaciones tan sofisticadas, solo el régimen de los ayatolas podría emprender este tipo de acciones.

Teherán, por su parte, ha negado rotundamente cualquier implicación en los atentados y ve en las acusaciones de EEUU un intento de desestabilizar las relaciones entre Irán y la comunidad internacional.

Lo cierto es que el estrecho de Ormuz, que media entre Irán y Omán y conecta al Golfo Pérsico con el Golfo de Omán, es una de las zonas estratégicas más importantes del mundo, ya que prácticamente la quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo, así como la mayoría del gas natural licuado de Qatar (el mayor exportador del mundo), transitan por este pequeño canal.

Por tanto, si esta ruta se volviera impracticable, el suministro global de hidrocarburos se vería seriamente afectado, lo cual se traduciría en un durísimo golpe para el desempeño de la economía mundial.

No en balde, los últimos sucesos en el estrecho de Ormuz han suscitado la reacción de varias de las grandes potencias.

Este lunes, Washington anunció el envío de 1.000 soldados adicionales a Oriente Próximo para hacer frente "al comportamiento hostil de las fuerzas iraníes". Es el segundo refuerzo que manda en lo que va de año, después de los 1.500 uniformados que enviara el mes pasado. Así, EEUU cuenta actualmente con más de 20.000 efectivos en la región.

Francia y Alemania llaman a la precaución, mientras China pide a Washington que no abra "la caja de Pandora" en Oriente Próximo. Rusia, por su parte, apoyando a su aliado iraní, ha calificado la medida de "provocación militar".

Aunque tanto Irán como EEUU sostienen que no desean una guerra, la escalada de la tensión entre ambos países hace temer que se estén propiciando las condiciones para un enfrentamiento.

El desenlace dependerá, en buena medida, del ascendiente que logre el ala dura en cada bando.

Para justificar su decisión de anular el ataque de ayer, Donald Trump alegó que le parecía desproporcionado el número de víctimas iraníes —150, según las estimaciones que le habrían comunicado— por el derribo de un dron.

Pese a que por momentos asuma una retórica belicista, el presidente estadounidense, desde su llegada al poder, se ha mostrado reacio a ordenar intervenciones militares de envergadura en el extranjero. Los ataques llevados a cabo en Siria, bajo su mandato, ha sido relativamente modestos.

El titubeo de este jueves podría ser el reflejo de opiniones encontradas en el seno de la Administración estadounidense.

Por una parte, estarían los halcones, encabezados por el Consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, y favorables a una intervención en Irán. Del otro lado, se encontraría un sector representado por los dos últimos secretarios de Defensa interinos, Jim Mattis y Patrick Shanahan, temerosos de la repetición de un nuevo Irak y más bien partidarios de reorientar los esfuerzos militares hacia la competición con las grandes potencias como Rusia y China.

En el bando iraní también existen divisiones semejantes. De un lado, está la facción reformista, cada vez más debilitada y encarnada por el presidente Hasan Rohani, que propulsó el PIAC y hasta hace poco solía mostrarse proclive a la negociación. Del otro lado, está el ala dura, liderada por la Guardia Revolucionaria, la organización militar más potente del país.

No es descartar que elementos de la Guardia Revolucionaria, que posee un alto grado de autonomía, estén detrás de los sabotajes en el estrecho de Ormuz a modo de represalia por las sanciones sufridas por la economía persa y para demostrar que un ataque a Irán acarrearía graves consecuencias.

Según, Jonathan Marcus, corresponsal diplomático de la BBC, una invasión de Irán a gran escala no estaría sobre la mesa. En cambio, sí hay riesgos de un conflicto aéreo y marítimo que "podría incendiar toda la región".

 

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